Walter Riso sobre psicopatía y narcisismo

Walter Riso, Doctor en Psicología, es un especialista en terapias cognitivas. Se ha dedicado también al estudio de las relaciones humanas, y  entre ellas, las relaciones más toxicas y peligrosas. A continuación transcribimos un extracto de una de sus conferencias en el que hace referencia a los trastornos de personalidad narcisista y sociopática.

“Cuando empecé a investigar estos estilos afectivos, me encuentro que hay unas maneras de amar que generan en las personas problemas psicológicos, que afectan a la dignidad personal, que alteran la convivencia. Lo sorprendente es que en estos casos, en su caso extremo, se llaman trastornos de la personalidad y ocupan cada uno de los trastornos un 2% de la población, entre el 1 y el 3%, dependiendo de las culturas. Si ustedes toman el manual estadístico de trastornos mentales, el DSM-IV -ahora va a salir el V-, ustedes encuentran que hay unos 10 trastornos de la personalidad; pero si toman otros teóricos hay 12, 15. De todas maneras, decimos que hay un 20% de la población que tiene estos estilos de amar, y muchas de estas personas no están en el hospital mental, porque están personas no están locas, sino que tienen un estilo de amar muy disfuncional y al hacer una propuesta afectiva que cuando ustedes se involucran es como una telaraña que los absorbe y uno no se da cuenta y después termina enredadísimo. Pero si estamos diciendo un 20%, estamos diciendo que es mucha gente. En una población de cinco millones de habitantes, sería un millón de habitantes. Voy a explicarlo así. Algunos de estos estilos directamente, bueno, todos afectan al otro como persona. Son altamente peligrosos por eso, porque la persona parece que empezara a desaparecer.

Algunos afectan directamente al otro a través de la indiferencia y ahí voy a citar tres estilos, tres niveles de indiferencia. El más suavecito, lo que yo llamo el estilo narcisista, es decir, el amor egoísta. Las personas narcisistas piensan que son especiales, que tienen un ego enorme. Entonces piensan que los demás están para servirle. Ellos están absolutamente convencidos de que el mundo está a su alrededor y que ellos son el centro del universo porque son más valiosos que los demás. Son egocéntricos, no son capaces de centrarse y ponerse en el punto de vista del otro. El narcisista lo que hace es menospreciar a la pareja; la menosprecia, dice “tú vales menos que yo, y tú eres una afortunada”, porque hay más hombres narcisistas que mujeres -cuando sean más mujeres voy usar otro-, y además las mujeres narcisistas están subiendo en promedio, no se sabe por qué. “Qué afortunada eres que yo sea tu pareja, mis necesidades son más importantes que las tuyas, yo necesito que tú me colabores en mi imagen; tú estás para agrandar mi ego”. Uno de mis pacientes me decía, “mire, yo, cuando me presentan alguien y me piden mi tarjeta, yo no llevo tarjeta; le presento a mi mujer; ¿por qué? Porque la tengo siempre arreglada, siempre linda”. El narcisista requiere permanente poder, prestigio y posición. Ahora los narcisistas son indiferentes a la otra persona, pero ¡ojo! en la sociedad los narcisistas fluctúan; están permanentemente ahí entre nosotros. Los narcisistas ocupan puestos importantes, los narcisistas por la necesidad de poder que tienen, generalmente están en posición de demanda muy altas. No todos los que tengan posición de mando son narcisistas, pero muchos narcisistas ocupan posiciones de mando. El problema es que cuando ya llegan a su casa, llegan a su vida íntima, y se quitan el ropaje, aparece el egoísmo y el egocentrismo. Cuando uno ve un narcisista con una persona al lado, inmediatamente se van a dar cuenta, porque el narcisista siempre camina un paso adelante y la mujer anda detrás, tratando de alcanzar. El narcisista siempre va bien vestido; siempre muestra que brilla y ella se queda como un árbol sin sabia, pues el narcisista lo que hace es chupar energía.

¿De acuerdo? Entonces, hay que preguntarse hasta dónde nosotros, en la cultura, lo que hacemos es promocionar al narcisista, porque les damos premios a muchos de ellos. Ustedes me van a decir, bueno, “el narcisista es listo”, y ¿quién cae en manos del narcisista? Puede que cualquiera, porque si nosotros caemos en manos de estos estilos porque tenemos vulnerabilidades, necesidades, que pueden ser irracionales o enfermizas y caemos. Hay gente que es más vulnerable. Si una persona está buscando estatus, como un paciente mía, que me decía, “doctor, todos los novios que he tenido son feos y pobres; yo quiero un novio rico y bonito”. Entonces, una mujer que esté en esa crisis, lo más seguro es que pase un narcisista y lo ve como el hombre de su vida. Es el príncipe azul, es carne de cañón para el narcisista, es como el polen y la abeja. Entonces, cada uno de nosotros tenemos ciertas debilidades y necesidades que nos hacen más congruentes para poder engancharnos con algunos de estos estilos.

Pero hay otra forma de indiferencia que es más fuerte, que es la del estilo antisocial. El estilo antisocial, o lo que llamaríamos el sociópata. El sociópata es una persona que ya no ve al otro como menos valioso; ve al otro como un objeto. El origen del totalitarismo muestra claramente cómo en la época del holocausto nazi, los nazis veían a las personas que tenían ahí como superfluas; a los judíos los ven como superfluos, como objetos. Lo que hace el antisocial es tomar ese mismo concepto y lo aplica a la pareja, o a los hijos, o a cualquiera. El antisocial lo que hace es desprecia eso. Ya no es el menosprecio; es el desprecio. “No tienes precio, te cosifico, eres una cosa”. Entonces, la persona deja de ser un sujeto válido en la relación, un interlocutor válido; entonces, al ser un objeto, los puede utilizar como le da la gana, porque él piensa que la vida es como la supervivencia del más apto llevada al extremo; entonces, como el más fuerte, él tiene el derecho de aplastar a los otros. Cuanto más débil sea la pareja de un antisocial más la va aplastar. Eso es lo que llamamos nosotros el amor maligno, o sea, ahí donde se origina el maltrato físico. ¿A quién le puede gustar el antisocial? Pues el antisocial resulta ser muy atractivo para algunas personas, porque el antisocial es pendenciero, el antisocial se muestra como valiente y realmente es temerario. Le gustan las emociones fuertes. Entonces, para personas débiles, paradójicamente, el antisocial puede funcionar como una figura de salvaguarda, de falsa protección. ”

De la conferencia dictada por Walter Riso en Aula de Cultura. 2009

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