Asociaciones entre psicópatas y narcisistas

Varias personas nos han consultado sobre si es posible que psicópatas y narcisistas puedan formar vínculos entre ellos, ya sean amorosos o de otra índole. Hemos investigado mucho material al respecto y la respuesta es sí. La segunda pregunta que se deriva luego de esta afirmación es: ¿Y ellos se reconocen como sociópatas? Según los casos que leímos muchas veces sí lo hacen. Es necesario asumir de una vez por todas que psicópatas y narcisistas saben que lo son. Muchos sobrevivientes prefieren creer que todo el daño que estas personas provocan es inconsciente o semi-consciente. No es así. Los sociópatas saben que son sociópatas. Y la mayoría se enorgullece de ello (diversos autores como Hare, Simon, Babiak y Stout han tratado el tema del  auto reconocimiento). Cuando se vinculan con otras personas con su misma patología no siempre se revelan como tal pero sí se reconocen. Lo saben detectar. Muchos científicos, como también sobrevivientes, se preguntan si las pistas que dan al comienzo de la relación (“no te convengo, soy el mal en persona” o “yo voy a lograr lo que quiera de ti”) que todos pasan por alto pensando que son bromas, no son acaso formas de identificarse ante otros sociópatas. Todavía no hay un criterio uniforme al respecto pero ciertamente no es descabellado pensarlo así.

Todos conocemos casos en la historia de políticos y tiranos con características psicopáticas que se aliaron para conseguir réditos de poder.  Estas alianzas son el más claro ejemplo de este tipo de asociaciones. Ahora bien, en la vida cotidiana comenzamos a ver muchos casos de estas asociaciones, tanto es así que nos preguntamos si los narcisistas y psicópatas no encuentran algún beneficio en relacionarse entre ellas. Hay personas que luego del descarte observan que la nueva pareja del/la psicópata tiene rasgos psicopáticos, como así también existen aquellos que fueron atacadas por una dupla de sociópatas en el trabajo.  Es difícil hacer estadísticas solo con testimonios por lo tanto no podemos afirmar cuál es el porcentaje real de estas asociaciones perversas (y a menudo delictivas también) pero sí podemos afirmar que son más comunes de lo que creemos.  Les dejamos dos casos ilustrativos.

Carmen estaba recién separada y había dejado su pequeña ciudad para trabajar junto con su hermano en la capital. Cuando se instaló en un pequeño departamento cerca de la casa donde vivía su hermano con su cuñada, esta última se convirtió en su mejor confidente. En realidad, Carmen era bombardeada a preguntas por su cuñada que fingía preocupación. Si bien se sentía afortunada de tener “una buena relación” con ella, algo le decía que no estaba bien que se metiera en todo, no le gustaba como en ocasiones dejaba de hablarle a su hermano, y como la quería manipular para hacer lo que ella decía en el comercio de su hermano. Asimismo, no dejaba de recordar como su nueva cuñada, a la que llamaremos Estela, había sido la “mejor amiga” de la ex pareja de su hermano y no solo no le había importado romper un matrimonio sino que había hablado cosas muy feas sobre su “ex hermana del alma”. Al poco tiempo Estela comenzó a insistir en que saliera con un amigo soltero del matrimonio que era muy atractivo pero que a Carmen le parecía algo extraño porque tenía algo en su mirada que la perforaba. La cuñada le aseguraba que él tenía mucho interés en ella, y finalmente accedió a salir con él. La primera cita él se mostró inusualmente atengo y seguro. Carmen se convenció de que ella había desconfiado de él debido a la triste experiencia de su divorcio. En la segunda cita, todo parecía indicar que el encuentro terminaría en algo más íntimo cuando Carmen comentó que su cuñada le había pedido dinero prestado sin que se enterara su hermano. Desde ese momento, su pareja cambió por completo, se mostró molesto y agresivo. La hizo sentir culpable de haber hablado de “cosas desagradables” y le aseguró que ya no tenía el más mínimo interés en proseguir con la relación. Carmen se sintió horriblemente mal pero no era solamente debido al rechazo de este hombre luego de que él hubiera despertado su interés, ella sentía que había algo oscuro por debajo. Le comentó a su cuñada que la cita se había agriado. Ésta se enojó  y la culpó de ser fría y de no entender nada de hombres. Carmen creyó que estaba enloqueciendo pero su intuición la llevó a prestar atención en medio de una bruma de dolor y dudas. Pasaron las semanas. Se le hizo evidente que había algún tipo de relación entre Estela y el amigo de su hermano. Dejó de confiarle cosas tanto a su hermano como a su cuñada.  Un día revisó el teléfono de Estela y comprobó como ésta sacaba dinero del negocio de su hermano y se lo pasaba a su amante (había mensajes de alto contenido sexual entre ellos). Cuando le advirtió a su hermano, éste no le quiso creer. Es más, prefirió creer la versión de su esposa de que la que había estado tomando dinero de la caja era Carmen. Sin poder dar crédito a las habladurías que su cuñada y el amigo esparcieron por el círculo de personas que ella había comenzado a tratar, decidió volver a su ciudad y mantener contacto cero con su hermano y los dos psicópatas que lo tenían de juguete. Ser consciente del engaño es una herida que no logra sanar y se pregunta una y otra vez el por qué. ¿Por qué Estela me quería empujar a los brazos de su amante? ¿Era una voyeur, una perversa? ¿Sabía que yo estaba sensible por mi divorcio y quería que me terminara de dañar un psicópata? ¿Querría que él me sacara dinero en paralelo al que ya ella le sacaba a mi hermano? Carmen aún no tiene respuestas. Y lo mejor sería que tratara de  NO hacerse esas preguntas ya que el 96% de la población mundial nunca va a entender cómo piensa una persona cuyo cerebro tiene áreas (aquellas que alientan la respuesta empática) que no desarrollaron.

Julieta trabajaba en una empresa farmacéutica. Su nuevo jefe era motivador y bastante comprensivo. Delegaba casi todo en sus empleados y se ausentaba bastante pero prefería eso a soportar un gerente malhumorado. El gerente al que su jefe respondía era más frío y distante pero ciertamente era inteligente y seguro de sí. Este hombre puso sus ojos en ella (como también en otras tantas) y comenzó a seducirla. Si bien se sentía atraída por él, Julieta era muy creyente y no quería tener nada que ver con un hombre casado. Sufría un tremendo dilema interno cada vez que lo veía. No podía sacárselo de la cabeza pero al mismo tiempo le producía temor. El gerente, que no estaba acostumbrado a perder, comenzó a acosarla con más intensidad. Julieta no sabía con quién hablar del tema. Un día su jefe le dijo que se sentía preocupado por verla “ausente” y le comenzó a hacer preguntas. Ella se abrió y le comentó lo que le pasaba.  Durante una semana su jefe le pidió que la tuviera al tanto de lo que pensaba hacer, si iba a consultar a algún abogado, si tenía pruebas. Parecía indignado y le aseguró que iba a consultar con gente de confianza en la empresa. Julieta le contestó con total honestidad, le habló de algunas grabaciones y mails, de que había consultado a un abogado, etc.  A los pocos días la llamaron de Recursos Humanos para comunicarle que estaba despedida. Su jefe y el gerente habían elevado un informe sobre ella con una pésima evaluación de desempeño.  Julieta quedó obsesionada con lo que había sucedido, no podía entender, desde su perspectiva cristiana, cómo Dios permitía la calumnia y el progreso de seres tan malvados. En paralelo, con ayuda de su familia, averiguó algunas cosas sobre los antecedentes de estos dos gerentes y supo que habían tenido algunos “pequeños deslices” en sus trabajos anteriores y que se rumoreaba que en éste, donde coincidieron, “se pasaban” empleadas entre ellos. Los abogados que la asesoraron le aconsejaron no hacer juicio por acoso (sí, en cambio, por mejorar la indemnización) porque según sus palabras textuales “en este país saldrás perdiendo y teniendo que pagar los costos del juicio”.

 

En ambos casos, las víctimas de estos psicópatas (hombres y mujeres), intuyeron desde un comienzo que algo “no cerraba”, que algo les causaba temor y ansiedad. Las señales de que uno está siendo el objetivo de un psicópata o narcisista aplica para uno, dos o diez actuando al mismo tiempo (hay varias entradas sobre alertas rojas en este blog y en otros que debes leer). No intelectualices lo que te sucede, confía en tu instinto. La parte de tu cerebro que regula las respuestas de alerta frente a amenazas ya se activó, no esperes a que logres encontrar la causa, ya que para cuando la identifiques, será tarde. Cuando sepas el por qué es probable que ya te hayan timado, sacado tu dinero o tu puesto, ya te hayan enamorado con una personalidad falsa o arruinado tus relaciones familiares.

Finalmente, los sobrevivientes se preguntan si entre gente con desórdenes del tipo B las relaciones son “exitosas”. No hay nada exitoso en una relación en donde dos personas se utilizan todo el tiempo y no pueden bajar la guardia ni por un instante ya que entre ellos tratarán de destruirse. Tendrán momentos de perversa “euforia” luego de haber lastimado o burlado a alguien pero ésto no solamente es humanamente repulsivo sino que no dura. Nada dura en ellos, no tienen emociones o sentimientos profundos, son incapaces de apreciar los vínculos, la generosidad, la naturaleza (recuerda que muchos de ellos gozan cuando destruyen plantas y maltratan animales) y la belleza trascendente en cualquier forma de arte. No intentes adaptarte a su pensamiento retorcido para que te quieran, no pueden, no tienen el cerebro correcto para amar. No te rebajes, tú si puedes amar y comprender lo que te rodea, y mereces estar con alguien que también pueda.

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3 thoughts on “Asociaciones entre psicópatas y narcisistas

  1. Sara says:

    Porque unificais a psicopatas y narcisistas? Podriais desarrollar o explicar un poco esto? Tengo entendido que son transtornos distintos. Que el narcisista tiene conciencia pero el psicopata no. O es que van de la mano? Gracias

  2. Anonymous says:

    Mi madre es una psicopata.( Algún día tendríais que hablar de madres así. Un niñ@ no puede defenderse ni divorciarse ni tener contacto cero porque su supervivencia depende de ella.) Mi padre el complementario. La apoyaba en todo. Le creía todas las mentiras que decía sobre mi. De mi padre solo recibí indiferencia. Fui el chivo expiatorio de una triada desvíadora-atacadora Mi infancia terrible. Mi autoestima no existía. Con 15 años conocí a mi marido. Mi madre me lo traía a casa para que yo me enamorara de el. Con 16 nos hicimos novios. Yo pensaba que al fin podría salir de las garras de mi madre. Pero los dos formaron una coalición de psicopatas. Mi madre lo tenía bien informado sobre mi. Con 17 años me casé con el consentimiento de mis padres. Mi madre quería seguir manipulando mi vida. Y le contaba mentiras o verdades a medias a mi marido. Esto originaba conflictos en la que yo siempre me sentía culpable. Solo cuando se hizo evidente que mi madre no quería dejar el poder sobre mí, mi marido decidió que nos marcháramos de su casa e independizarnos. Entonces ahora solo él tendría el control. Ahora tengo 53 años y es ahora cuando me he empezado a dar cuenta de con qué clase de persona me he casado. Gracias a estés artículos abrí los ojos. Ahora entiendo porque había cosas que no entendía de mi infancia y de mi matrimonio. Todos estés años pensando que la mala era yo; 53 años lavándome el cerebro para hacerme creer que tenía que ser mejor. Que era una mala hija y una mala esposa. Y ahora entiendo cómo se confabularon mi madre y mi marido para ejercer su dominación sobre mi. Y lo vuelvo a decir. Las madres también pueden ser psicopatas. Y echo de menos un artículo sobre estas madres y las consecuencias en sus hij@s.

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