Contacto cero, contacto mínimo y síndrome de Estocolmo doméstico

El abuso narcisista o psicopático comienza con una etapa de bombardeo amoroso y de idealización de la persona elegida como suministro. Una vez que esta persona se enamora, o en el caso de un amigo, le brinda la incondicionalidad al psicópata, comienza un abuso lento y encubierto. En este proceso abusivo el sociópata utiliza recursos como: lavado de cerebro, invalidación de los dichos o logros del otro, gaslighting, amenazas veladas, triangulación con otras personas, aislación de la víctima de su entorno sano y una dinámica de alternancia entre maltrato (sutil o más obvio) y algo de la ilusión de la etapa de la luna de miel. La persona entra en un espiral de confusión, dolor, disociación y pérdida de valor como así también, si no se reacciona a tiempo al abuso, se puede dar lo que se llama una vinculación por trauma un fenómeno tan similar al Síndrome de Estocolmo que se lo denomina Síndrome de Estocolmo doméstico (busca la entrada del 2014 en este blog). Tal es así que podríamos tomar algunos de los consejos que se dan a aquellos que viven en zonas de conflicto para evitar la vinculación por trauma si terminan secuestrados. Cuando un activista que lucha contra una dictadura genocida cae preso ilegalmente sabe que: 1) aunque le saquen todo recuerdo de su familia o amigos debe mantener diálogos mentales con ellos para no sentir la aislación, 2) cuando los secuestradores alternen entre “secuestrador bueno” y “secuestrador malo” (en el caso de un narcisista o un psicópata ambos conviven en él/ella solo que aparecen alternadamente durante en la etapa de idealización y en la de devaluación) no debe bajo ningún concepto abrirse con el “amable”, llegando incluso a negarse a tener contacto visual con él; y 3) cuando les traten de lavar el cerebro con cosas como que sus compañeros lo traicionaron, no deben creerles sabiendo que es otra táctica para quebrarlos. De esta manera logran sostenerse enteros hasta que logren escapar o sean rescatados. Esto último es estadístico: los que se mantienen enteros y fieles a si mismos tienen más posibilidades de salir con vida del cautiverio.

Lamentablemente, desconocíamos que estas personas existían entre nosotros, considerábamos que este tipo de personaje manipulador y despiadado podía encontrarse en las altas esferas de la política o del delito pero no en la oficina, el club o en tu vecindario. Mucho menos estábamos al tanto de técnicas para no ser quebrados psicológicamente o emocionalmente. ¿Entonces como nos libramos definitivamente del abuso? ¿Cómo rompemos la vinculación por trauma? ¿Cómo aplacamos la disonancia cognitiva?
Primero que nada, aprendiendo sobre el tema. Si fuimos descartados brutalmente, si los abandonamos para mantener nuestra salud física y mental o si todavía estamos con esa persona debemos leer, buscar asesoramiento profesional y reunirnos con otros sobrevivientes para poder armar una estructura de defensa y recibir la validación de lo que nos sucedió. Aun luego de la ruptura, el psicópata tratará de negar todo el abuso que padecimos con la mentira y la calumnia. La validación de otros sobrevivientes y de los especialistas nos ayudará a sobrellevar los primeros momentos de la desvinculación con el sociópata.
Segundo, necesitamos no tener contacto alguno con nuestra ex pareja, amigo o colega. En las primeras etapas de la recuperación nuestros pensamientos todavía están dominados por la narrativa psicopática y los recuerdos de la etapa “alegre” en que nos imitaban en espejo se confunden con las desvalorizaciones y manipulaciones del final. Si permitimos que nos sigan confundiendo con argumentos falaces y tocando nuestros puntos débiles para que reaccionemos corremos riesgos de volver a ser captados por ellos. En paralelo, habrán comenzado a inventar mentiras sobre nosotros y, salvo que sean injurias que puedan poner en peligro tu trabajo o la tenencia de tus hijos, es mejor no contestar. Si algunas personas en común te traen rumores, evalúa si no es conveniente pedirle a esa persona que se abstenga de comentar cualquier cosa que involucra al maltratador/a. Además, es un hecho de manual que se exhibirán con una nueva persona a la que le demostrarán su “amor” desmedidamente para que nos castiguemos con pensamientos del tipo “tal vez él/ella tenía razón, yo era muy sensible y demandante, el problema era yo”. Esto que sigue debería ser un mantra: el problema no somos nosotros, el problema son ellos; no es una de nuestras ocurrencias, es un hecho científico. De más está decir, entonces, que el contacto cero incluye no solo el contacto físico sino también las redes sociales, el teléfono y las personas intermediarias. En algunos casos este contacto cero debe judicializarse a través de órdenes de restricción cuando hay riesgo de violencia física o acoso de cualquier tipo.
Sabemos que el “contacto cero” que acabamos de describir no siempre es factible. Muchos tenemos hijos en común con el/la narcisista; o son nuestros colegas y no podemos o queremos dejar nuestro puesto de trabajo por el momento; o son nuestra madre o padre y no concebimos la idea de irnos para siempre (aunque en algunos casos muy graves hay que hacerlo sin mirar atrás por más que sean nuestros progenitores). En muchos casos como estos no queda otra opción que un contacto mínimo. El contacto mínimo consiste en ver al abusador o abusadora lo justo y necesario, de ser posible con otras personas de nuestra confianza alrededor. Si son nuestros niños los que tienen que ver al sociópata, un especialista en familia deberá evaluar si las visitas deben ser supervisadas o no. Si el abuso se da en el ámbito laboral todo contacto o conversación debe ser con testigos o por escrito y si se llega a una demanda, es necesario dejar la mayor parte del contacto cara a cara en manos de abogados o representantes legales. Al contacto mínimo se le agregan algunas de las estrategias que ya hemos descrito en otro post de este blog conocidas como “método de piedra gris”. Ya que los narcisistas y psicópatas se aburren mortalmente de su vacío emocional suelen crear drama y conflicto para tener algún tipo de sensación. Con ese fin, triangulan a las personas, mienten, y tocan nuestros puntos débiles que tan bien estudiaron en el comienzo de la relación cuando “querían saber todo de nosotros porque nos encontraban fascinantes”. Obviamente están buscando que lloremos, reprochemos, nos angustiemos. Pues bien, si te muestras tan reactivo como un fósil del pleistoceno se aburrirán y buscarán acción dramática en otro lado. Muchos sobrevivientes nos dicen, con total acierto, que hay algunos psicópatas que se ponen muy violentos cuando sus suministros no reaccionan porque sienten que se les presta atención, la peor herida imaginable para un narcisista. Aun así te recomendamos no reaccionar, ya que si le acusas de mal comportamiento no le importará y terminarás revelando cosas que le pueden servir para lastimarte, por ejemplo si le dices “ya no te necesito, tengo otro empleo” ten por seguro que tratará de difamarte con tus nuevos compañeros. Con respecto a la violencia, si ésta escala, no tendrás otro camino que pedir una orden de restricción y llegar al contacto cero forzado.
Con el contacto cero o el contacto mínimo ya tienes medio camino de recuperación hecho. El resto de la ruta tendrá momentos de mejorías y de retrocesos, momentos en que creerás que has olvidado o perdonado y otros en los que la rabia será tu compañera. Tendrás personas que te comprenderán, otras que no tanto y algunas que serán seducidas por el narcisista para criticarte. Tendrás que compensar todo ese estrés con actividades placenteras y significativas. Será necesario también que busques ayuda en los momentos agobiantes o de dudas: psicólogos, médicos, abogados, clérigos, amigos, etc. Pero recuerda que todo esto último no tendrá éxito si ves a quien te dañó con cierta asiduidad. Sabemos que no quieres volver a estar preso/a de un captor mental y que quieres ser el/la feliz propietario/a de tu vida: mantiene el contacto cero o el contacto mínimo.

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