El sexo con sociópatas, narcisistas y psicópatas integrados.

Los narcisistas y aún más los psicópatas integrados exhiben un comportamiento sexual totalmente desbordado y promiscuo. En algunos casos solamente se involucran con varias parejas sexuales en paralelo que desconocen la existencia de las otras, en otros además de esto, buscan estímulos en fiestas sexuales de lo más diversas, practicas sadomasoquista y sexo con menores. En todos los casos consumen mucha pornografía, en ocasiones violenta.

No debemos confundir la falta de límites en su sexualidad como simple donjuanismo o una adicción al sexo. Nada más lejano de la realidad. Un mujeriego es aquel que suele tener una pareja estable a la que quiere pero su gusto por las mujeres lo lleva a tener esporádicamente alguna aventura. Sabe que está mal lo que hace, se siente culpable, y no maltrata ni  triangula a su esposa o a su amante. Un adicto al sexo es alguien que tiene muchos conflictos internos no resueltos y los tapa con sexo, así como otros los tapan comiendo o bebiendo en exceso, fumando o utilizando algún tipo de sustancia. Podríamos decir, simplificando, que “anestesian” situaciones dolorosas con estos comportamientos adictivos. El narcisista, sociópata o psicópata NO SIENTE DOLOR, nada lo estresa, nada le produce ansiedad o tristeza por lo tanto no necesita usar sustitutos momentáneos para lidiar con problemáticas emocionales irresueltas.

La sexualidad es para ellos, por un lado un medio de diversión, de “sentir” algún tipo de emoción que alivie su vacío emocional. Por otro, es un arma de control de sus parejas.  Para ellos las demás personas son objetos, extensiones de sus cuerpos, meros juguetes eróticos.  No hay profundidad emocional, ni verdadera intimidad. Las relaciones con ellos son totalmente impersonales, una especie de masturbación a dúo.  Sin embargo logran convencer a sus parejas de que el sexo con ellos ha sido el más intenso de sus vidas. En realidad esto no es más que una ilusión óptica. Son muy hábiles usando todo tipo de fuegos de artificio y escenografía para crear una idea de buen sexo. Es solo parafernalia. Cuando el tiempo pasa y la persona abusada logra ver hacia atrás se da cuenta que, ni técnicamente, ni emocionalmente el sexo era bueno sino un gran montaje de acrobacias y pirotecnia.

El placer que ellos obtienen del sexo sin límites no es solo la descarga física, sino saber que están engañando a varias personas al mismo tiempo y que todas ellas creen que son únicas, especiales, como nunca lo fueron. Tienen predilección por las personas casadas o en relaciones estables ya que no solo se burlan de ellas sino de sus cónyuges. Otra fuente de placer extremo  es quebrar los gustos y comportamientos sexuales de los demás. Tratan de manipular a sus parejas para que prueben tríos y sexo grupal, o usen algún tipo de sustancias durante el sexo. Para lograrlo cuentan historias de que fulano o mengano lo hace desde siempre (alguien que tú admiras. Por supuesto esto no es cierto pero no tienes forma de corroborarlo), o te dirán que todo el mundo lo hace y que tú eres un pacato/a aburrido/a. Muy pocas personas se dan cuenta que están usando una de las técnicas más antiguas de engañar y lavar el cerebro, tan antigua que hasta tiene un nombre en latín argumentum ad populum (los sociópatas son versados en falacias de todo tipo tu quoque, ad hominem, etc.)  Cuando logran traspasar los límites normales de las personas sienten la euforia de la victoria. Sus parejas, en cambio, no están cómodas, lo hacen por darles el gusto, por “amor”. Cuando finalmente el psicópata o narcisista las cambia por un modelo nuevo quedan solos, sintiéndose vejados y usados (porque cuando accedes a practicas sexuales bajo presión  o engaño es  lisa y llanamente una violación) y si consintieron el uso de ciertas sustancias es probable que además de tener que resolver el caos emocional que estos seres oscuros dejan en sus vidas, tengan que recuperarse de una adicción o mal hábito.

Es difícil pensar con claridad cuando el psicópata  ha logrado introducir necesidad química y emocional en tu cerebro. (Ver la entrada sobre  “dependencia bioquímica” en este mismo blog). Realmente crees que estas en una relación apasionada y distinta, tratas de desestimar las señales que ves, incluso le perdonas infidelidades pensando que después de todo nunca habían hablado de tener una relación exclusiva. Aclaremos esto: los narcisistas y psicópatas JAMAS permiten una relación abierta, TÚ no puedes estar con otras personas, solo ellos. TU les perteneces, necesitan engañarte. (Una relación en la que ambas partes se ponen de acuerdo sobre las conductas sexuales a adoptar tiene un grado de honestidad que ellos detestan). En el caso de las mujeres, muchas abandonan a sus parejas cuando descubren pornografía infantil en sus ordenadores o temen conductas inapropiadas  para con sus hijas. Ese parece ser el punto de inflexión, el momento de asco insoportable. En el caso de los hombres, las repetidas infidelidades son la señal de alarma de que es momento de tomar coraje y dejar de ser su títere.

Cuando rompes con ellos (o ellos te dejan cruelmente) comienza un viaje tortuoso hacia la liberación. Los tres primeros meses vas a padecer todos los síntomas clásicos de abstinencia. Tienes que estar preparado para lidiar con ellos. Entiende que el “CONTACTO CERO” es la base de toda recuperación exitosa. En este blog tienes otras entradas con consejos prácticos para superar los momentos en que a pesar de saber que es la persona más vil de la tierra, tu cuerpo lo extraña.

Te aseguramos que en unos pocos meses habrás superado esa urgencia. En aproximadamente un año la tristeza irá cediendo. La ira tardará un poco más. En dos años no te importará nada de él/ella, ni con quién esta o si lo ha alcanzado un rayo. Una cosa más: se compasivo contigo mismo/a. Si hiciste cosas por amor de las que ahora te arrepientes, recuerda que fuiste ingenuo, que no fue tu culpa, recupera los límites que te hagan sentir cómodo/a y sigue adelante con la cabeza bien alta.

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Psychopathfree por Peace: un libro muy útil para la recuperación.

El libro Psychopathfree por el autor Peace es realmente una herramienta útil en el proceso de recuperación post-abuso narcisista o psicopático. Peace es un seudónimo. Este joven autor prefiere mantener la reserva de su identidad y es entendible luego de leer su historia. No obstante, está escrito con ejemplos de muchos casos reales (incluyendo el propio) que ilustran lo que otros escritos tratan desde la perspectiva clínica. Peace logra integrar las últimas actualizaciones científicas sobre el tema con la cotidianidad de la manipulación y el abuso emocional que estos individuos provocan en los que conviven de alguna forma con ellos. Muy pocas personas logran comprender la violencia psicológica y emocional que sufren los que sobrevivieron. Este libro lo logra y valida sus terribles experiencias.

El autor explica minuciosamente de comienzo a fin como se desenvuelve el drama: desde el bombardeo amoroso a la erosión identitaria y las consecuencias emocionales posteriores. El lector siente que por fin lo que vivió tiene un nombre y se da cuenta que el proceso es una constante compartida por miles de otras víctimas en el planeta. Abandona  finalmente el aislamiento y la auto-inculpación que son los últimos “regalos” que el sociópata o narcisista le ha dejado.

El capítulo sobre estrés post-traumático es excelente. No hace falta haber sobrevivido a una guerra para padecerlo. En él, Peace nos informa sobre la prevalencia de este desorden en las etapas posteriores a la ruptura, las formas que adopta y los posibles tratamientos. Estamos preparando un resumen del mismo para una próxima entrada en este blog.

Por último podemos decir que este libro tiene entre otras metas la de educar y prevenir. Una persona de cada veinticinco tiene estos desórdenes graves de personalidad  pero permanecen sin diagnosticar, causando daño irreparable, sin ser jamás detectados por los radares sociales.  Peor aún, la víctima sufre el descreimiento de la gente que obviamente no está entrenada para detectarlos. Poco a poco Psychopathfree se está convirtiendo en lectura obligatoria en grupos de auto-ayuda y clínicas psiquiátricas. Sería maravilloso que su análisis se extendiera a colegios y universidades. El día en que todos seamos conscientes de su modus operandi se quedarán sin objetos a los que manipular a gusto.

Lamentablemente este libro se consigue por el momento solamente en inglés, tanto en su formato papel como electrónico. Dejamos a pie de página el enlace para aquellos que deseen adquirirlo.

http://www.amazon.com/Psychopath-Free-Emotionally-Relationships-Narcissists-ebook/dp/B00BXSFBUC/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1412763239&sr=8-1&keywords=Psychopath+Free%3A+Recovering+from+Emotionally+Abusive+Relationships+With+Narcissists%2C+Sociopaths%2C+%26+Other+Toxic+People+%5BKindle+Edition%5D

¿Es posible perdonar a un psicópata, a un ser que no se arrepiente de nada?

Uno de los temas más espinosos que todo sobreviviente de este tipo de relaciones enfrenta durante las últimas etapas del proceso de recuperación es el tema del perdón.  Por un lado todas las tradiciones religiosas y humanistas insisten en que es éticamente aconsejable perdonar para que podamos construir una sociedad en donde todos puedan tener una segunda oportunidad luego de haber errado. Por otro lado, existe la idea generalizada de que el perdón es la única forma de liberarnos del dolor, de dejar ir todo rastro de situaciones tristes. Ambas posturas son correctas  y entendibles cuando tratamos con personas medianamente normales, personas con sentimientos que pudieron tener momentos de debilidad o de mal proceder  pero quienes en algún momento llegarán a recapacitar, pidan perdón o no. Pero… ¿Qué sucede con los sociópatas, psicópatas y narcisistas que jamás tienen remordimientos ni sentimientos? ¿Se puede perdonar y dejar pasar  por alto el deseo perverso de estos seres de destruir psíquicamente a aquellos que los rodean? ¿Y la justicia? ¿No debería ser moralmente deseable tratar de evitar que sigan haciendo lo mismo a otras futuras víctimas?

 

La mayoría de los que tuvieron relaciones con psicópatas son personas altamente empáticas, acostumbradas a perdonar. Es un golpe tremendo para ellos darse cuenta  de que sufrieron abusos imperdonables, injustos.  Esos actos incluyen manipulación, amenazas, violación emocional, fingimiento de identidad, calumnias, perdidas de empleos, infidelidades constantes, mentiras, distorsión de la realidad, presión para someter a sus parejas a conductas sexuales que en otros momentos no hubieran consentido, devaluación, humillación, transferencia de culpa sobre la víctima, lavado de cerebro a los hijos contra el otro cónyuge, golpes a la estima personal (y a veces golpes físicos). ¿Debemos perdonar este tipo de actos? ¿Qué sería exactamente el perdón? ¿Significa  olvidar y dejar de buscar justicia? Es claro que no se puede seguir reviviendo el pasado eternamente en busca de reparación. Pero reprimir la ira que la repentina conciencia de estas vejaciones trae tampoco parece ser el camino. Hemos hablado con varios sobrevivientes  y las respuestas a estas preguntas son variadas y abiertas a cambios de opinión a medida que van transitando el proceso.

 

Aquellos que recibieron algún tipo de reconocimiento a través del sistema judicial, o aquellos que lograron que el sociópata quedara expuesto a la reprobación social parecen estar más proclives a dar una especie de perdón general sin excusar sus conductas. Lamentablemente son pocos los que consiguieron algún tipo de resarcimiento legal o social. La mayoría tiene que lidiar con las campañas de difamación que continúan mucho después de haber cortado todo vínculo con el depredador. Tomemos tres ejemplos de la vida real, tres casos de personas que nos confiaron sus historias y a los que protegeremos con nombres de fantasía.

 

Juan trabajaba en un organismo del estado. Su jefa era una persona carismática que tenía influencias políticas gracias a sus amantes en altos puestos. Por supuesto ella escondía estos detalles. Juan se dio cuenta de que había sobrefacturaciones y desvíos de fondos. Su jefa quería que siguiera firmando documentos pero él se negó. Comenzó entonces una campaña de difamación que terminó con Juan despedido. El día en que Juan se despidió de sus compañeros, su ahora ex jefa, le recomendó no hablar ya que nadie le creería. Esas últimas palabras de burla todavía lo despiertan por las noches.

 

María estuvo casada  durante 15 años con un hombre que tenía una buena posición económica. Sospechaba que su marido tenía alguna aventura ocasional pero había dejado de confrontarlo ya que él la acusaba de ser celosa y de imaginar cosas. Había dejado de trabajar a su pedido y su vida social se había vuelto escasa. Cada vez que le pedía algo que a él le parecía demasiado costoso le decía que ella era una arribista social y le dejaba de hablar por unos días. A los niños no les prestaba atención, salvo cuando quería castigarla y les llenaba la cabeza en contra de ella, quien era la que cargaba con la crianza y la disciplina. Un día una de las también maltratadas amantes de su marido la contactó. Al principio se enojó con ella y no le quiso creer. Dos días más tarde le pidió ver los mails. Comprendió que su marido la engañaba de forma constante con varias mujeres al mismo tiempo desde hacía años. A todas ellas les había dicho que él era víctima de una mujer abusadora. El juicio de divorcio fue extenso, el sociópata llevó testigos falsos y la acusó de alcohólica (María no bebía).  Tuvo que luchar para conseguir un régimen de alimentos digno para sus hijos ya que él  declaraba un sueldo mucho menor al realmente percibido y para colmo había puesto a la mayoría de los bienes en sociedades con otras personas.  María no puede llegar al contacto cero con su ex pareja y todavía tiene que soportar que, en las escasas ocasiones que visita a los niños, los use en contra de ella.

 

Finalmente queremos mencionar a Sara, una joven de treinta que había conseguido con mucho esfuerzo entrar en una empresa multinacional como jefa de sector. Fue seducida por uno de los gerentes que no escatimó halagos, escenas de amor y regalos para demostrarle que ella era especial. A pesar de que la relación era muy apasionada, se sentía cada vez peor, veía cosas extrañas. Le llegaron rumores que además de tener a varias amantes en la empresa, él y otro gerente asistían a encuentros sexuales grupales con drogas incluidas. Sara se sintió asqueada de haber creído que ese gerente era un hombre de bien, culto y deseoso de tener una pareja estable. A pesar de seguir atraída hacía él, juntó coraje y lo dejó. Evidentemente a este señor no le gustaba perder y la comenzó a acosar con amenazas. Un día, desesperada, le confió lo que pasaba a su jefa una mujer más grande, casada y con hijos. Lejos de ayudarla comenzó una campaña de calumnias en su contra. Sin entender lo que pasaba decidió renunciar antes de que perdiera lo poco que le quedaba: su reputación como profesional. A las semanas fue contactada por una mujer que también había trabajado en la empresa. Supo entonces que su jefa había tenido una relación con ese hombre. Sara fue diagnosticada con estrés post-traumático y está en el paro.

 

Desde este blog no tenemos ninguna respuesta definitiva sobre el tema del perdón. Creemos, sí, que se puede sanar y olvidar los peores momentos sin dejar de buscar justicia. Cada uno sabrá si ha llegado el momento de perdonar.  Y tú querido lector ¿Has podido perdonar? ¿Has logrado justicia? Puedes dejar tu comentario, si quieres, en forma anónima y sin registrarte aquí mismo. Seguimos buscando iluminación sobre este tema.

La extraña mirada del psicópata o narcisista

Los ojos del psicópata son un reflejo de la falta de sentimientos y vida interior y la incapacidad de comprender a los demás. Por eso son inexpresivos, inertes… solo muestran esa concentración de quien te está estudiando.

Muchas mujeres y hombres notan esa mirada particular, algunas lo describen como una mirada que crea una atracción intensa, “casi animal y que te atraviesa”

La mirada y la expresión facial, sobre todo en privado o cuando se les afloja un poco la máscara o el personaje social y muestran su verdadera cara, puede ser una cara petrificada, es difícil saber que están pensando y parece cómo si no comprendieran cuando les pides explicaciones o les transmites alguna preocupación, no parece que tengan una expresión diferente de la que tendrían si estuvieran mirando a un objeto.

A veces si logran intuir que te sientes triste o confuso, mostrarán una expresión sarcástica e indiferente, si les enfadas, mostrarán una expresión de odio, desprecio y asco.

El Dr. Hare, uno de los mayores especialistas en psicopatía y narcisismo, señala que muchas personas se sienten incómodas en presencia de un psicópata, a quien describe como un depredador social. A pesar de que la mayoría de personas no sabrían decir exactamente que es lo que les molesta, muchos han comentado que se sentían incomodados por “una mirada depredadora y unos ojos vacíos”.

En un estudio reciente, los investigadores J. Reid Meloy y M.J. Meloy estudiaron las reacciones de los profesionales de la justicia criminal y la salud mental en lo referente a las “reacciones físicas” cuando tenían que tratar a agresores y pacientes psicopáticos. Las reacciones eran variadas, entre ellas, malestar estomacal, debilidad, temblores, taquicardia, dificultad para respirar, hormigueos, estar alerta o no poder mirar a los ojos. Muchos informaron de sensaciones generales de ansiedad, encontrarse mal, repulsión, fascinación, etc… Algunos dijeron que deseaban irse o que se sentían como si fueran a ser devorados.

Los autores sugieren que sus descubrimientos podrían interpretarse como una prueba sugestiva de una respuesta autónoma, primitiva de temor ante un depredador. Han descrito al psicópata como un depredador de su propia especie.

En resumen, su mirada en la interacción, nos da como un escalofrío, nos damos cuenta de que nos está mirando como a un objeto a manipular, no como un sujeto con el que interactuar. De hecho, probablemente los psicópatas, con talentos naturales, puede que usen técnicas de sugestión y lavado de cerebro sin necesidad de haberlas estudiado.