“Trauma y recuperación”, un libro indispensable para superar el abuso psicopático y narcisista

En su libro “Trauma y recuperación”,  Judith Herman presenta un modelo de recuperación para personas que necesitan superar experiencias abusivas y traumáticas en sus vidas. Nos demuestra con profusa evidencia clínica que los sobrevivientes suelen desarrollar “estrés postraumático” (generalmente aquellos que tuvieron experiencias muy terribles pero de corta duración como ser testigos de un crimen o sufrir un ataque sexual) o también  “estrés postraumático complejo” (en aquellos que vivieron en situaciones de abuso durante años como es el caso de hijos y parejas de psicópatas y narcisistas.)

Los síntomas de todos estos pacientes cuando llegan al consultorio varían y dependerán del tipo de trauma. No es necesario que estén todos presentes pero si tienes más de tres de los mencionados en la siguiente lista es probable que padezcas EPT y debas consultar a un especialista en situaciones traumáticas o abusivas.

Estado de alerta casi constante.

Dificultad para regular las emociones y los impulsos

Insensibilidad y letargo emocional

Hiperreactividad o ira.

Adicciones a sustancias para mitigar el dolor.

Adicciones conductuales con el mismo fin (sexo, juegos de azar, etc.)

Conductas auto agresivas

La disociación (no sentirse conectado con su propio cuerpo, quedarse en blanco, perder la noción del tiempo, tener amnesias temporarias, etc.)

Depresión y/o ataques de pánico.

Recuerdos intrusivos que no se logran controlar.

Pesadillas e insomnio.

La Dra. Herman divide el proceso de recuperación en tres etapas que el terapeuta deberá pautar: 1) el restablecimiento de la seguridad y un sentido de autoestima en la vida del paciente, 2) el  duelo y la revisión del pasado y 3) la reconexión con una nueva vida y con nuevos vínculos sanos.  Herman considera que no se puede ir directamente al análisis del trauma sin antes haber establecido una seguridad mínima en la vida del paciente (especialmente si su ex pareja o familiar es violento) y sin haber logrado un vínculo de confianza entre el paciente y el terapeuta.  El consultorio es un lugar de sanación al que describe como “un lugar privilegiado dedicado a la memoria, es el espacio en el que los sobrevivientes ganan la libertad de entender y contar sus historias.”  Para sanar es necesario poder poner en palabras lo que hasta ahora el paciente había manifestado como enfermedad: “El conflicto entre la necesidad de negar los eventos horribles y el deseo de proclamarlos a viva voz es la dialéctica central del trauma psicológico. Cuando la verdad es finalmente reconocida, los sobrevivientes pueden comenzar a sanar. Sin embargo, a menudo, el secreto prevalece y la historia del evento traumático sale a la superficie como síntoma en vez de como un relato organizado.” Herman añade también: “el abusador, para escapar de su responsabilidad, hará todo lo que esté en su poder para promover la confusión y el olvido en la víctima”. Muchos sobrevivientes dudan, tienen disonancia cognitiva y en ocasiones amnesias temporales pero también sufren pensamientos obsesivos que reproducen las memorias traumáticas: “las personas traumatizadas alternan entre el congelamiento de sus emociones y el revivir constante del abuso”.

Etapa uno

En esta etapa se trata de conseguir una ‘hoja de ruta’ del proceso de curación. Se establecen objetivos de tratamiento y  enfoques útiles para alcanzar esos objetivos. El establecimiento de la seguridad y la estabilidad emocional del paciente es la prioridad, se le enseña a aprovechar y desarrollar las propias fuerzas internas que creyó perdidas durante la relación con el/la psicópata o narcisista. Aprenderá a regular las propias emociones y a controlar los síntomas que causan su sufrimiento. Lo más importante para poder pasar a la etapa dos es establecer un genuino auto-cuidado. Por supuesto, no todo es siempre tan perfectamente ordenado y secuencial. Por ejemplo, durante la primera etapa puede ser necesario analizar el contenido de los recuerdos perturbadores que están impactando en la vida del sobreviviente. Esto puede ser imperioso para ayudar a manejar los pensamientos recurrentes, o para entender por qué este paciente sigue maltratándose con conductas adictivas o enganchándose a personas que reviven su trauma (por ejemplo, el psicópata convenció a la víctima que era inútil e indigna/o de amor y que está condenada/o  a una vida de abuso y dolor).

Dependiendo de la gravedad de los síntomas, la primera etapa del tratamiento también puede incluir abordar los problemas con alcohol o drogas, la depresión, los comportamientos alimentarios, la salud física, los ataques de pánico, y /o de disociación. El terapeuta puede indicar la interconsulta con un médico que le indique medicamentos para reducir la ansiedad y /o la depresión, por ejemplo, inhibidores de la recaptación serotoninérgica (ISRS), o referirlo a un especialista en terapia de comportamiento dialéctica (DBT), un tratamiento para las personas que tienen serios problemas para tolerar emociones muy dañinas.

Etapa dos

Después de establecer una base sólida de entendimiento y de seguridad entre terapeuta y paciente comenzarán los trabajos de la segunda fase. Esta etapa de recuperación y tratamiento implica remover los recuerdos más pesados  y pasar por  un duelo. Recién en esta etapa es cuando la doctora Herman recomienda unirse a algún grupo de sobrevivientes, siempre sin dejar de lado la terapia individual, por el riesgo que conlleva escuchar otras historias de abuso si no se está preparado.

El trabajo principal de la segunda fase consiste en la revisión de los recuerdos para disminuir su intensidad emocional y tratar de asignarles un significado para la construcción de una vida y una identidad saludables. En esta etapa es inevitable atravesar el dolor de las experiencias abusivas y hacer el duelo por lo que se perdió o por lo que nunca será (es en este momento en el que se hace evidente que los psicópatas y narcisistas no cambiarán y que nunca nos devolverán amor o respeto por lo que es conveniente mantener un contacto cero).

Uno de los enfoques de investigación que está siendo utilizado con éxito para el procesamiento de los recuerdos traumáticos de esta etapa es la terapia EMDR sobre la que ya hemos hablado en este blog. Este método puede transformar rápidamente los recuerdos traumáticos en no traumáticos  sin tener que profundizar en ellos exhaustivamente cuando se teme una descompensación del paciente.  Luego de este tratamiento y, sin los síntomas más crudos del estrés postraumáticos, el paciente podrá ir trabajando e integrando los recuerdos más traumáticos a su memoria en forma desapegada.

Etapa tres

La tercera etapa de recuperación se centra en volver a conectar con la gente, en desarrollar actividades significativas y en ganar valor personal. Herman da estrategias para volver a confiar en los demás, ejercicios para recuperar la autoestima y alienta a sus pacientes para que recuerden quiénes eran, que querían y que anhelaban antes de que sufrieran el abuso, haya durado éste un mes o diez años. Ella considera que estas relaciones abusivas quiebran la narración vital y la memoria de las víctimas que se encuentran con un agujero al que tienen que darle explicación y crear una trama de significación que se extienda hacia un futuro luminoso y esperanzador.

No es un libro de fácil lectura. Las situaciones traumáticas narradas por mujeres violadas o golpeadas por sus parejas, hijos de narcisistas, niños abusados, veteranos de guerra y demás son estremecedoras pero podemos asegurarte que si lo toleras, es el mejor libro para superar los síntomas del estrés postraumático, entender  el abuso, hacer el duelo  y finalmente recuperarse en forma definitiva. Afortunadamente está disponible en español y en versión papel o electrónica.

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El Dr.Simon brinda nuevas herramientas para el tratamiento de pacientes con narcisismo y psicopatía.

El doctor en psicología George Simon ha dedicado su vida al estudio y tratamiento de los trastornos de personalidad (narcisismo, psicopatía o trastorno antisocial, histriónico, borderline, etc.). Ya hemos comentado en este blog algunos aspectos de su libro “En piel de oveja”.  En esta entrada nos dedicaremos a compartir algunos puntos interesantísimos de su libro “Character disturbance: the phenomenon of our age” (Trastorno de personalidad, fenómeno de nuestro tiempo). Este libro apunta a los profesionales de la salud mental, aunque es igualmente esclarecedor para parejas, familiares, colegas y docentes de individuos con estos desórdenes tan destructivos para los que los rodean.

En esta obra intenta demostrar que las terapias tradicionales, que la mayoría de los psicólogos y psiquiatras han aprendido y utilizado en sus carreras con éxito en distintos desórdenes neuróticos  e incluso psicóticos, no funcionan en los desórdenes de personalidad tipo B. Por el contrario, tratar de aplicar estas terapias a estos pacientes es altamente contraproducente ya que el terapeuta puede terminar siendo un facilitador de sus conductas dañinas. Las aproximaciones terapéuticas tradicionales consideran que el paciente daña a los demás por un sentido de inferioridad que enmascara detrás de una creencia compensatoria de grandiosidad. Simon demuestra con casos, con estudios y con técnicas sofisticadas de diagnóstico que éste no es el caso. A excepción del narcisismo de origen neurótico traumático (que según su experiencia clínica su proporción es ínfima en comparación al narcisismo comúnmente llamado maligno) todos los que padecen los distintos trastornos de personalidad tipo B realmente piensan que son mejores que el resto de la sociedad y que las demás personas son solo peones en su juego de poder y hedonismo los cuales merecen el maltrato y el engaño por ingenuos. Tampoco mienten y engañan por miedo o vergüenza  al reconocerse distintos. Simon asegura: “Los terapeutas formados tradicionalmente, como también la mayoría de nosotros,  individuos relativamente neuróticos, solemos pensar que estas personas con desordenes de personalidad actúan así por miedos o inseguridades inconscientes. Estos temores o inseguridades simplemente NO EXISTEN en ellos. Se malinterpretan sus comportamientos y sus motivaciones.  Se  enfocan así sus desórdenes  en forma errónea. Muchas personas consideran inimaginable que haya seres que simplemente no caen dentro de patrones neuróticos comunes, aun los severos, lo que llamamos normalidad. Es así como los psicópatas logran atacar a sus víctimas sin que estos sean conscientes del daño porque se auto engañan al considerar que es imposible que estén lidiando con predadores sin corazón, desprovistos de toda empatía humana,”

Simon insiste en que los terapeutas que quieran mejorar la conducta y la empatía de estos individuos (Simon afirma que con terapias cognitivas conductuales se logran mejorías importantes dependiendo del diagnóstico del paciente) deberían olvidarse de intentar que el individuo se haga consciente de su desorden sin provocar angustia como lo harían con un paciente con otra sintomatología. Hay dos motivos por los cuales esto es erróneo:  primero, su mal comportamiento para con el resto del mundo no los angustia en absoluto  y, segundo, son plenamente conscientes de lo que son y de lo que hacen, tal es así que una característica común es que se jactan de ello. Sostiene: “es importante recordar que estos individuos con desórdenes de personalidad son plenamente conscientes de sus comportamientos problemáticos. No solo saben exactamente lo que están haciendo sino que también conocen sus motivaciones”.

Asegura que el enfoque terapéutico debe ser frontal, es decir partiendo desde la premisa que el psicólogo o psiquiatra sabe lo que su paciente hace, sus técnicas de manipulación, su desplazamiento de culpa sobre otros, etc. El terapeuta le hará notar esto poniéndole nombre cada vez que utilice alguno de sus trucos. El médico o psicólogo no se enganchará en ellos, preservándose y al mismo tiempo estará aplicando correcciones a su modo errático de pensar y proceder. Para ilustrar su punto, escribe sobre el caso de un médico  que entró a trabajar en el correccional en el que Simon era el líder del equipo. En uno de los primeros casos con el que trabajó, el joven psiquiatra se compadeció de la historia de abuso de una de las internas (que era falsa y  quien por cierto venía de una familia normal) y de sus trastornos de ansiedad masivos, de su depresión. El joven le recetó todo tipo de medicamentos dado su estado de desesperación. Cuando Simón  supervisó su caso, le explicó que esta paciente no sufría de ninguno de estos problemas. Días después el psiquiatra  comprobó como ella se burlaba de él frente a sus compañeros a los que les había vendido los medicamentos psicoactivos.  Simon insiste con la consciencia emocional y cognitiva que el terapeuta, o cualquier otra persona que tenga trato con ellos, debe tener para no caer en sus trampas: “Cometemos un gran error cuando presumimos que sus palabras de arrepentimiento o sus lágrimas de cocodrilo nacen del remordimiento. Algunas de estos trastornos llegan a ser tan severos que muchos fingen  convincentemente un arrepentimiento que parece real.”

El libro es muy completo. Hace una explicación detallada de la diferencia entre desórdenes neuróticos, psicóticos y psicopáticos que aclara cualquier duda que los que no somos especialistas podamos tener sobre ellos; brinda nuevas herramientas y enfoques terapéuticos para los trabajadores de la salud, incluyendo casos desgrabados muy interesantes; y deja una luz de esperanza para el tratamiento de muchos trastornos que si bien no son curables, sí serían mejorables aplicando las técnicas correctas que él sabiamente aclara son solo el comienzo y que nuevos enfoques son bienvenidos y necesarios por el impacto social que estos desórdenes tienen. Él, así como lo hace también Robert Hare, considera que un 40% de las depresiones y las ansiedades que la mayoría de la población sufre son atribuibles a abuso psicopático o narcisista no detectado. Si fuéramos conscientes de esto y tratáramos e investigáramos sobre el verdadero problema de base, mejoraría la salud de la  sociedad notablemente. Un libro altamente recomendable para especialistas en búsqueda de nuevos conocimientos como así también para las víctimas de estas personas con trastornos que todavía buscan respuestas a la triste experiencia vivida. Lamentablemente no parece estar traducido al español. Deseamos que alguna editorial tome nota de ésto dado que el libro ya lleva varias re ediciones en su idioma original por lo que creemos puede ser un éxito también en español entre los sobrevivientes que necesitan este material.

Técnicas para que ni tú ni tus hijos vuelvan a dedicarle un pensamiento al psicópata o narcisista.

Uno de los residuos más persistentes de nuestra relación con alguien psicópata o narcisista es que nuestros pensamientos vuelven recurrentemente a ellos, ya sea en forma de (más que justificada) furia, añoranza de las etapas de luna de miel o temor a sus calumnias entre tu grupo de amigos y conocidos luego de la separación. Sabemos que ellos programan a sus parejas o familiares para que esto sea así. Es un proceso conocido como “totalización”. Durante la etapa de idealización y bombardeo amoroso te ponían en las nubes, te adoraban como nadie y te acostumbraste a ese halago hasta necesitarlo a diario. Fue entonces cuando te lo limitaron y te lo comenzaron a dar a cuenta gotas y solo como premio cuando hacías lo que ellos querían que tú hicieras. En otras palabras intentaron convertirte en un perrito de Pavlov. En paralelo, trataron de que cada lugar, cada cosa que hacías, cada canción que escuchabas, la relacionaras a ellos. Ellos logran, con técnicas de manual, que no quede espacio o cosa que no hayan tocado o ponderado contigo haciendo asociaciones del tipo: “mírate en el espejo lo bien que luces conmigo”, “todas las canciones de este autor me recordarán siempre a ti”, “cada vez que piense en tartas de fresas me acordaré de esta tarde”. Ellos por supuesto se olvidarán de lo que dijeron al segundo (está científicamente comprobado que la memoria también la tienen afectada)  pero tú, cuando quieras dejar la relación, todo, absolutamente todo te recordará a ellos. Te costará sacarte su imagen de la cabeza, no lograrás escuchar ciertas canciones y mucho menos comer tarta de frutas sin llorar. Asimismo, otro de los motivos por el cual logran introducirte este virus de pensamientos intrusos sucede cuando llega la etapa de la erosión identitaria, la manipulación y el descarte (sea a través de la técnica de “stonewalling” para que tú los abandones o lo hagan efectivo ellos mismos de la forma más fría que puedan encontrar), sus incoherencias deliberadas, sus amenazas veladas y sus nuevos galanteos a otras personas te dejarán en un estado de permanente desconcierto y de búsqueda de respuestas que por supuesto girarán alrededor de ellos. ¿Cómo podemos desarticular esta programación de nuestros cerebros?  Y si tenemos hijos en común ¿Cómo preservar la cabecita de los niños de esta insania?

Una de las técnicas para lograrlo es  muy sencilla. Consiste en no luchar con tus pensamientos, solo observarlos y ponerles un nombre para que pierdan su fuerza. Esta técnica se basa en la premisa de que cuanto más luchamos contra un pensamiento, éste cobra más fuerza. Si te pedimos que no pienses en chocolate insistentemente, lo más probable es que la imagen de una deliciosa barra cobre fuerza en tu mente. El psicólogo de Harvard Daniel Wegner estudió este fenómeno al que llamó “proceso de monitoreo irónico” debido al hecho de que si le pido a mi cerebro que no piense en cosas hechas de madera, lo que hará es monitorear el entorno en busca de cosas de madera para no pensar en ellas. Le hemos dado una instrucción paradojal a nuestro cerebro y si, además de eso, luchamos contra su exploración de “cosas de madera”, más lo hará creándonos ansiedad. Wegner se dio cuenta de que cuando nuestras vidas están en condiciones ideales, relajadas, la ansiedad no aumenta a niveles importantes y logramos suprimir con éxito esos pensamientos molestos. Sin embargo, cuando estamos con “carga cognitiva”, el ciclo ansiedad/obsesión se vuelve incontrolable. Él toma el caso del insomnio: si tú has tenido unas noches en vela y te obsesionas con dormir, es probable que acentúes el insomnio. Lo ideal es relajarse pensando en que el cuerpo se acomodará naturalmente y que volverás a dormir. Obviamente, luego de una relación con un narcisista o psicópata, la carga cognitiva es pesadísima y no nos resulta sencillo desembarazarse de esa maraña de pensamientos tortuosos que nos introdujeron con la precisión de un relojero. Lo mejor que puedes hacer cada vez que recuerdas algo, sea un agravio o una caricia (o ambas cosas debido a la disonancia cognitiva), déjalo fluir y di “es simplemente un pensamiento que se irá” “yo no soy ese pensamiento”. Además ponle un nombre, por ejemplo: “ira” o “recuerdo de la falsa luna de miel”. Luego de eso respira profundo, relaja los músculos y dedícate a hacer cualquier otra cosa que te de placer.

Otro truco que funciona es crear nuevas memorias y asociaciones que no tengan nada que ver con ellos, rescribir el guion cerebral con nuevas vías neuronales. Por ejemplo, si solías ir al mercado de pulgas con él/ella, llama a tu compañero del colegio, ese que hacía reír a todos y pídele que te acompañe, hagan cosas insólitas e infantiles allí, cómprate algo, tómense fotos juntos. Si ya no puedes comer tarta de fresas, pide a tu tía que te prepare una para alguna fiesta familiar, asegúrate de que sea una de esas celebraciones en que sabes que pasarás un buen momento. Allí, rodeado/a de cariño, saborea cada bocado prestando atención a las anécdotas que la gente esté narrando en ese momento en que vuelves a disfrutar del sabor de algo que siempre te había gustado  y que habías dejado de comer para evitar el dolor de la memoria. Te costará pero, de a poco, los recuerdos de esos lugares y cosas te pertenecerán a ti y a quien elijas.

Con respecto a los hijos en común, lo esencial es que sepan que no necesitan obedecer a un padre o a una madre que los manipula. Para eso hay que hacerles entender que nadie en el mundo (ni siquiera sus progenitores) tiene derecho a hacerlos sentir culpables de las acciones de otros. Hablar de esas cosas que los lastiman aunque parezcan triviales. El abuso se da en cosas simples y cotidianas por lo que es más insidioso y encubierto. Acá también vale lo de ponerle nombre a las cosas. Si no le quiere dar dinero hasta que estudie lo que el psicópata quiere que estudie “por su bien”, hay que diseccionar ese enunciado hasta dejar a la luz sus segundas intenciones y renombrar ese “por su bien” como “lavado de cerebro”. Segundo, explicarles en que consisten las técnicas de manipulación. Ellos todavía no tienen los recursos simbólicos o de abstracción suficientes como para identificar los sofisticados métodos de control de estas personas sin conciencia. Si tu hijo viene de la visita apenado y te dice que su padre/madre habla en contra de ti, si mienten constantemente, si los chantajean insistiendo con que si los quisieran tu hijo debería hacer tal y cual cosa, enséñale como esos comportamientos son trucos para forzarlo a actuar de una forma determinada y que no tiene por qué creerle y, mucho menos, complacerle. Por último, fortalecer la autoestima del niño ya que el progenitor psicópata suele hacerle pensar que está en falta y que nunca estará a la altura de tan “grandioso/a”  padre o madre. Ámalo incondicionalmente, dile que es perfecto de la forma que es, con sus defectos y virtudes. Esto último es muy importante: es necesario que tu hijo comprenda que está bien tener defectos, que es una característica humana equivocarse para aprender y mejorar. El mensaje que recibe permanentemente del psicópata y narcisista es que ellos son perfectos e infalibles, mientras que el resto de la sociedad (hijos incluidos) es inferior. Lamentablemente los niños no pueden ver que están lejos de ser maravillosos y que solo tienen un sentido alterado de la realidad que los hace delirar de grandeza. Dale a tu hijo la aceptación que tu ex cónyuge no le da producto de su extraviada megalomanía.

Por último, busca divertirte junto a tus hijos como pequeña familia, practicando algún deporte, o haciendo actividades manuales al aire libre (la naturaleza tiene un poder sanador milagroso). No te dejes amedrentar por las amenazas que probablemente aparezcan cuando el/la psicópata presienta que lo/la estás olvidando, que ya no es el centro de los pensamientos familiares y que eres feliz, que tus hijos son felices. Ese día está cerca y es el momento que todo narcisista o psicópata realmente no puede tolerar.

Niños y adolescentes psicópatas: consejos para padres y educadores.

Los rasgos psicopáticos no aparecen de un día para el otro en un individuo. Según investigaciones publicadas en “American Journal of Psychiatry” ya se pueden detectar características, bien con resonancias magnéticas o con pruebas de reacción al miedo, a los tres años de edad. Una de las expertas investigando el tema es Nathalie Fontaine de la Universidad de Indiana que trabaja con niños de entre 7 y 12 años de edad que no presentan sensibilidad ni remordimientos. Enfatiza la necesidad de que padres, docentes y psicólogos presten atención a las señales de alarma y que no lo confundan con otros desórdenes para poder hacer una intervención temprana y así lograr que no desarrollen el desorden. Fontaine, apoyada en los avances sobre neuroplastía, cree que la neurogenesis es posible y que ayudaría a torcer la tendencia biológica.

¿Cómo reconocer, entonces, las tendencias psicopáticas o narcisistas en niños cuando ya es bastante complicado hacerlo en adultos? Primero que nada queremos dejar en claro que los niños con estas tendencias no suelen nacer de padres psicópatas. El doctor Marietán hace hincapié en que los cónyuges de psicópatas o narcisistas deberían tranquilizarse ya que sus hijos no suelen heredar los síntomas. Por el contrario, si los niños pasan mucho tiempo con el padre o madre abusivo/a pueden imitar sus conductas como modo de supervivencia por lo que habría que estar atentos e intervenir a tiempo con un buen terapeuta. El caso opuesto también es cierto: muchos niños psicópatas nacen en familias que no presentan casos de individuos con desórdenes de personalidad en varias generaciones. Esto desorienta enormemente a los padres, educadores y psicopedagogos que tratan al niño a diario. No entienden el porqué de la mala conducta o la insensibilidad a las emociones de los demás niños.  Observan las mismas señales de alarma de los psicópatas adultos: la culpa la tienen los demás, mienten todo el tiempo con cara de póker, muestran un desbordado impulso sexual desde temprana edad, se divierten matando o maltratando animales y si se los sorprende en algo malo juegan a la víctima o tuercen los hechos.

A menudo el colegio culpa a los padres por “no ponerle límites”. Esto en general, no es así ya que los padres de estos niños son conscientes de que los castigos no funcionan, el niño es un temerario al que no le importan las consecuencias. Los padres les piden a los médicos o psicólogos que lleguen a un diagnóstico pero lamentablemente terminan considerando cualquier otro trastorno menos éste porque muy pocos profesionales conocen del tema. En una cosa están todos los adultos de acuerdo: el niño no se interesa por los demás, su mala conducta se basa en el placer que le provoca molestar a sus compañeros, familiares y docentes (no son travesuras de quien quiere llamar la atención o bromas de quien se siente inseguro) y se sienten por encima de cualquier norma o ley.

Los docentes deben de tener especial cuidado con estos niños o adolescentes. En primer lugar porque suelen culpar a otros niños de sus malas acciones y muchos terminan responsabilizando a las verdaderas víctimas por los actos del  psicópata.  Los púberes y adolescentes sociópatas son muy encantadores con quienes quieren serlo. Convencen con facilidad a los profesores de que él/ella no fueron los que cometieron la fechoría. En segundo lugar, si eres de esos maestros que tratan de ser ecuánimes y lo mantienes a raya es capaz de inventar cosas sobre ti para que pierdas el empleo.  Un joven de catorce años que ya había sido expulsado por mala conducta de dos colegios acusó a su maestra de malos tratos e insultos cuando comprobó que ya no podía seguir manoseando a sus compañeras a gusto. Esta docente había hablado con la directora del colegio porque las niñas se quejaban de que su compañero las toqueteaba y las tenía amenazadas.  El joven reclutó a otros dos compañeros de mala conducta. Aseguraron que la docente los maltrataba e insultaba. Luego de una investigación que se llevó a cabo mientras la profesora estaba con licencia psiquiátrica se concluyó que no había elementos que indicaran malos tratos por parte de la docente y que el joven, a pesar de su angelical rostro, se había propasado efectivamente con sus compañeras.

Si trabajas en un colegio y detectas algún caso sospechoso, habla con las autoridades y los psicopedagogos de la institución, pon distancia, no hables de más y no permitas que el/la estudiante hable a solas contigo. Si quiere tener una conversación contigo que lo haga en clase o en sala de profesores, frente a testigos. Hace unos años, en los Estados Unidos, una joven profesora de secundario fue acusada por un alumno de quince años de haber mantenido relaciones con él. La docente, casada, con un bebé, había intervenido en defensa de otro alumno víctima de este psicópata que solía hostigar a sus compañeros. Él joven le juró que lo iba a lamentar. A los pocos días la denunció como abusadora de menores. La mujer fue llevada a juicio. El joven declaró, sin que se le moviera un músculo de su rostro, que “habían tenido sexo infinidad de veces”. La defensa le preguntó si recordaba características físicas de la acusada. El muchacho describió el cuerpo promedio de una mujer de 26 años. El abogado le volvió a preguntar si estaba seguro de no recordar nada más. El joven aseguró que no. Fue entonces cuando el profesional le rogó a la acusada que se desabrochara la blusa. Para estupor de todos los presentes, la docente tenía una enorme y fea cicatriz producto de una operación cardíaca. No había forma de que el estudiante no la recordara. La mujer salió en libertad pero ya nada volvió a ser igual. Dejó la docencia y se mudó con su familia a otro estado.

Salvo en los casos en que el psicópata presente rasgos extremadamente violentos, generalmente los niños y jóvenes con estos desórdenes dejan de cometer actos agraviantes en forma abierta ya que se dan cuenta que de seguir así nadie les creerá y los evitaran. Ellos necesitan víctimas de quienes obtener beneficios. Descubren que manipulándolas y abusándolas emocionalmente logran más cosas que por medio de la violencia o el maltrato abierto. Es en ese momento que los padres y educadores se relajan pensando que el niño ha cambiado para bien. No es así, el cambio es para peor.

No sabemos si realmente se puede lograr detener en forma temprana el avance de la psicopatía pero sería francamente maravilloso intentarlo. Y aunque no funcionara al menos podremos ayudar a los padres a manejar la situación en vez de que sus hijos los manejen como marionetas, y proteger a los docentes para que no sean víctimas de las fabulaciones de estos psicópatas junior. Adrian Raine, director del Departamento de Criminología de la Universidad de Pensilvania asegura que se han visto progresos en niños muy pequeños con psicoterapia, la ingesta de suplementos de ácidos grasos omega 3 que juegan un rol importante en el desarrollo neuronal y con una disciplina que aliente los refuerzos positivos cuando hacen algo altruista ya que esto crearía vías neuronales que favorecen la sociabilidad. Desde acá deseamos fervientemente que este tema tenga la presencia académica y social que su gravedad merece, como así también que se encuentren tratamientos esperanzadores.

¿Hasta dónde pueden llegar las perversiones de los narcisistas y psicópatas?

Son muchos los comentarios que recibimos concernientes al grado de perversión sexual que puede llegar a tener un psicópata o un narcisista. No solo las preocupaciones se basan en el daño que sus gustos “peculiares” podrían llegar a tener sobre la salud física y mental de sus parejas sino que detrás de estas preguntas angustiosas sobrevuela el fantasma del abuso infantil. No todos los psicópatas tienen gustos sexuales absolutamente desviados ya que muchos ponen toda su atención en el poder, el dinero y el control de los demás. Sin embargo hay muchos otros casos en que el sexo es el centro de la sus vidas, es la droga que les provee algún tipo de emoción superficial a sus vacías personas.

Aclaremos que no todos los perversos son psicópatas, por ejemplo el voyeur o el fetichista, cuyo comportamiento suele no afectar en gran medida a otras personas, podría  mostrar tendencias psicopáticas mínimas. Por el contrario, los psicópatas y narcisistas son perversos por el mero hecho de obtener placer dañando a los demás. En un gran porcentaje la perversión se desplaza automáticamente sobre el área de la sexualidad.

Lo más común es que tengan múltiples parejas a las que engañen fingiendo monogamia sin involucrarse en prácticas demasiado perversas y sin afectar a menores. No obstante, el frenesí les dura poco tiempo y comienzan a buscar aventuras más fuertes: sexo en grupo, sadomasoquismo, etc. Una de las cosas que les produce mucho placer es el ir corriendo los límites sexuales de sus parejas más o menos estables. Por ejemplo los manipulan para que tengan sexo con otras parejas delante de ellos, cosa que las víctimas jamás hubieran aceptado si no estuvieran bajo el efecto totalizador y corrosivo del sociópata en sus vidas. El doctor Marietán comenta sobre pacientes que se volvieron esclavos de las ocurrencias del psicópata a los que denomina complementarios. Estos hombres o mujeres ceden a las presiones y terminan haciendo cosas perversas. Además de los complementarios, hace hincapié en un grupo especial de individuos que podrían tener una especie de “perverso” dormido y que, satisfaciendo al psicópata, se convierten en coparticipes gozosos de sus juegos perversos. En su sitio web una mujer narra su historia con un personaje famoso que la fue sometiendo tanto profesionalmente como sexualmente a cosas degradantes. Los intercambios de roles y de parejas eran comunes para él y ella lo tomó como algo natural en una relación apasionada. La gente le comenzó a resultar aburrida y tonta. Comenzó a imitar a su psicópata; se sentía superior a todos, la gente común le parecía obvia. Por el contrario, cuando estaba con su psicópata se sentía una basura y dudaba de todo. Éste fue instruyéndola en todo tipo de prácticas hasta que la invitó a tener sexo con niños. Ella se negó a hacerlo  pero, aun así, siguió muchos años siendo su amante a pesar de que él le había confesado que hacía “viajes” a destinos en donde él concretaba estas fantasías. Lo único que a ella le angustiaba era que a su esposa y a otras mujeres él parecía prestarles más atención que a ella. ¿Por qué no denunció  a esta persona que quería tener sexo “con niñas de 7 años” (cita textual)? Y suponiendo que esta persona tenía ante la opinión pública una fachada tan inviolable que hacía imposible exponerlo ¿No hubiera sido lógico alejarse de semejante monstruo inmediatamente? Esto no ocurrió. Puedes ver casos como este en la web del Dr. Marietan pero te advertimos que si estás en proceso de sanación, su lectura puede resultar contraproducente. No nos gusta recurrir a ellos salvo para ilustrar situaciones extremas como las que estamos tratando hoy.

Afortunadamente estos casos en que los complementarios normalizan la perversidad  en nombre de la relación no son mayoría. Si bien en  ocasiones el psicópata logra “contagiar” ciertos comportamientos perversos a sus víctimas de forma irreversible; en  la mayoría de los casos las víctimas consienten hasta un punto buscando la aceptación del perverso. Pero en cuanto cruzan fronteras no negociables, logran poner límites.

Los narcisistas y psicópatas juegan con distintas variables para hacer que las presas exploren cosas con las que no están de acuerdo:

  • Los acusan de puritanos/frígida/poco hombre si no aceptan.
  • Les aseguran que todos lo practican (ya hemos hablado de las falacias ad populum en otra entrada)
  • Los convencen de que son la mejor pareja sexual de toda su vida, con la que tiene más química y por eso les proponen esa novedad. Sus víctimas quieren estar a la altura de ese mito que el psicópata ha creado. A todas sus parejas le dice exactamente lo mismo.
  • Amenazan con marcharse o hacerlo con una persona que sea más liberal, más ardiente.
  • Prometen a sus parejas que dejarán de tener tantos amoríos si ellos/as exploran esa fantasía que los/las obsesionan.

Estos son algunos de los mecanismos para presionar a sus parejas a hacer cosas fuera de sus rangos de aceptabilidad. Pero volviendo al caso de los menores. ¿Qué tan común es? Muchos psicópatas abusan de menores pero no dentro de su familia. Para atraer adolescentes,  además de utilizar el tipo de discurso anteriormente mencionado, recurren  a extorsiones para obligarlos a callar como filmarlos para que todos los vean o decirles que sus padres y la comunidad entera no les van a creer si tratan de exponerlos. Martha Stout en su libro “The sociopath next door” narra la historia de un director de colegio secundario que tiene sexo con jovencitas mientras que para con su hija es exigente y moralista. Sin embargo, su hija descubre no solo sus aventuras sino su doble vida como narcotraficante.

Hay una porción mucho menor aun de psicópatas que abusan de sus hijos. En algunos casos las madres se dan cuenta y huyen; en otros las mujeres cuya anulación llega a niveles terroríficos niegan la evidencia y continúan con él. No queremos dejarte intranquila/o, realmente estos casos son un porcentaje pequeño comparado a los psicópatas cuyas conductas sexuales no llegan a extremos tan horrendos.  De todas formas copiamos a continuación algunos consejos del doctor Norberto Garrote, jefe del Servicio de Violencia Familiar del hospital Elizalde (Argentina), para detectar abuso en niños pequeños:

“A diferencia de una violación, que en general es provocada por un extraño y en una única oportunidad, “el acto abusivo en general se produce como consecuencia de una instalación lenta y paulatina de un proceso de seducción que se da en un marco de confianza. El abusador, que parece un buen tipo, va dejando señales en el camino que se pueden leer con anticipación. Prepara a su víctima, la sexualiza mediante estrategias disfrazadas de cuidados paternales, como dormir con el menor o compartir el baño como si fuese una actividad inocente de cuidado e higiene, la expone a imágenes inapropiadas (de su propio cuerpo o a través de videos no necesariamente pornográficos pero sí de contenido erótico) o le da información que no respeta la edad evolutiva del niño, con el pretexto de ofrecerle clases de educación sexual.”

Si sospechas abuso sexual presta atención si el niño:

  • Tiene dificultad al caminar o sentarse
  • De repente rehúsa a cambiarse para el gimnasio o participar en actividades físicas
  • Te cuenta que tiene pesadillas o empieza a mojar la cama
  • Experimenta un repente cambio de apetito
  • Demuestra conocimiento o comportamiento sexual que es inusual y sofisticado
  • Se embaraza o contrae una enfermedad transmitida sexualmente (STD) o una infección transmitida sexualmente (STI) – particularmente si tiene menos de 14 años de edad
  • Se va de la casa
  • Reporta abuso sexual por un pariente (padre/madre) u otro persona responsable de su cuidado

Para más información puedes recurrir a este sitio web: www.abusosexualinfantilno.org

En conclusión, casi todos los psicópatas tienen algún grado de perversión sexual que en la mayoría de los casos es lisa y llanamente promiscuidad y engaño permanente, otros llegan a exhibir  prácticas rechazadas por la gran mayoría de la sociedad pero que no involucra a menores  y en otros casos (estadísticamente un número menor) los sociópatas someten por la fuerza a sus víctimas o abusan sexualmente de menores. No te quedes a comprobar si tu pareja o ex pareja es una versión light o hardcore de perverso. MANTÉN EL CONTACTO CERO O EL CONTACTO MÍNIMO Y SUPERVISA A TUS HIJOS PERO SIN ALARMARLOS.

Hijos y parejas de psicópatas según el Doctor Marietán

A continuación transcribimos la exposición del Dr. Hugo Marietán en el Congreso Internacional de Psiquiatría, de la AAP. Buenos Aires, 19 de septiembre de 2012. Queremos hacer dos aclaraciones: la primera es que no estamos del todo de acuerdo con el término “complementaria” ya que a la luz de las nuevas investigaciones sobre erosión identitaria y síndrome de Estocolmo doméstico nos parece que desplaza cierta culpa hacia la víctima cuando no debería ser así. La segunda es que el caso que el Doctor Marietán narra es cierto y sucede a menudo, no obstante, no todos los casos terminan de la misma manera (con los hijos bajo el cuidado del cónyuge psicópata). Finalmente, hemos resaltado parte del texto para que veáis que en un porcentaje altísimo los hijos de psicópatas no heredan las características psicopáticas del progenitor. Sí hay que tener cuidado del efecto imitación.

Dr. Hugo Marietan:

“Un gusto que hayan venido a esta charla sobre psicopatía, mi nombre es Hugo Marietan. Yo que hace varios años estoy trabajando en el tema de la psicopatía, me doy cuenta, ahora caigo en la cuenta de por qué son pocos los psiquiatras que se dedican a la psicopatía. Es un tema altamente tensionante , los resultados a veces son muy esforzados. Todo el tema de la psicopatía, el psicópata en sí, lo que rodea al psicópata, la complementaria, los hijos, tiene un dejo de cosa truculenta, y a veces de siniestra. Por sobre todas las cosas, siempre sale de lo normal, entonces uno tiene que hacer, en tanto terapeuta un esfuerzo enorme para sacarse todos los clisés de la forma que tenemos nosotros empática al tratar con pacientes habitualmente con problemas del tipo neurótico incluso los psicóticos, con problemáticas del tipo familiar pero que nunca salen de lo común que pueden exagerar hacia un bando o hacia el otro, pero siempre se mantienen dentro de un rango de lo normal.

Acá, en la psicopatía, nosotros estamos trabajando por fuera de lo común, por eso es que yo me doy cuenta que cuando explico estos casos, siempre hay cierta expresión en los oyentes de incredulidad. Yo los comprendo, es difícil de entender los efectos del psicópata y al psicópata mismo ni hablar. Un psicópata sabemos que es una persona , no sé si decirle persona, es un ser que tiene una lógica totalmente distinta a la lógica común , ni que hablar de la gama de los sentimientos , en el tema de los sentimientos encontramos, uno , dos , tres . Yo, digo, esta persona tiene el entusiasmo por un lado , son personas entusiastas , a veces, cuando es entusiasta?, cuando está detrás de su necesidad especial; después, la ira, la ira que se presenta generalmente cuando se frustra , cuando no puede conseguir un objetivo y después de eso , el entusiasmo , la ira , un enorme vacío , un vacio en el conjunto de los sentimientos . No me resulta extraño que el psicópata este azorado o no entienda la gama de sentimientos del ser humano común. Y como le parece un ser débil arrastrado por sus emociones y por supuesto fácilmente dominable, es una persona que mira a la otra, no empáticamente, es decir, sin colocarse en el lugar del otro, lo ve como una cosa, lo ve como un objeto para su utilidad, y para colmo con una gama de expresiones emocionales que él no tiene, es evidente que va a tener que verlo como algo inferior a él. Las charlas que he tenido con psicópatas que han venido a verme, una vez que ellos los estudian a ustedes, cuando el psicópata va a verlos a ustedes, el psicópata es una persona que los está evaluando a ustedes, no es que ustedes están evaluándolo a él, sino que el psicópata los va evaluando a ustedes, y una vez que saca una conclusión se abre más o menos de acuerdo a cuando a él se le dé la gana. Otros de los elementos es que ustedes se dan cuenta que la entrevista es guiada por el señor psicópata y no por ustedes. Esa persona los ve a ustedes como seres inferiores, o bien están siempre viendo de que manera este tipo, esta cosa, le pude ser útil a él. (Esto es importante que lo tengan en cuenta) De qué manera puedo sacar algo de esto que estoy haciendo. Y con esa gama de sentimientos, -mínimo- la ira, el entusiasmo y sus derivados, estos hombres a veces conforman una familia, con quien?, obviamente con una complementaria, desde luego que la complementaria no es una mujer común, eso ya lo vimos en las charlas anteriores ,en los otros congresos, no cualquiera es completaría de un psicópata, es una persona también muy especial . Básicamente es una mujer que de adolecente ya desdeña al varón común, el varón común la aburre, busca siempre algo exótico y como digo siempre en el mar de los exóticos nada el psicópata y entonces ahí, es donde, esa cosa exótica y particular que es el psicópata llama poderosamente la atención de la complementaria y queda pegada ahí. Una vez que quedo pegada, ya esta, se formo el circuito de la complementaria, psicópata y tienen este entramado que tantas veces hemos conversado.

El tema es que el psicópata suele utilizar a la complementaria a veces para conformar una familia, pero por que el psicópata con las características especiales que tiene hace una familia, porque la necesita, porque quiere generar más individuos, No. Generalmente porque le conviene la complementaria por x razones, entre ellas, lo más relacionado, recuerden que el psicópata siempre tiende al poder. Porque de esa manera con esa fachada, con esa mujer puede conseguir más relaciones sociales que le permitan ascender .La familia le resulta una carta de presentación social, una fachada para presentar, para que el consiga sus objetivos. Yo lamentablemente tengo que repetirles a las complementarias cuando vienen a verme, cuando se ha agotado el proceso del circuito complementaria psicópata, y ellas deciden irse de ese circuito vuelvo a repetirles que el psicópata nunca las ha querido, no la ha querido a ella, no ha querido a sus hijos y no quiere a nadie nada más que a él, esto es resistido dolorosamente por la complementaria que siempre sobreestima la palabra por sobre los hechos, y dice pero él me ha dicho siempre que yo soy una mujer especial , que he sido la mujer de su vida , que ha sido la mujer que por fin después de tanto tiempo ha encontrado. Y yo, le digo, pero usted recuerda que me conto que ha visto en su celular o ha visto en su computadora mail hacia otra mujer que le decía exactamente lo mismo, y dice, si, si, pero él me lo decía a mí en persona a las otras, les mandaba mail.

Esa obcecación de la complementaria de justificar completamente todo lo que hace el psicópata y ese esfuerzo por no ver, ese esfuerzo brutal por negar la realidad no lo puede hacer cualquier mujer común. Esa tolerancia infinita a todas las aberraciones que hace el psicópata sobre la complementaria solamente la puede tolerar una mujer que sea especial, una mujer común la segunda vez que el psicópata muestra un poco, un poquito las garras sale corriendo. La complementaria le muestra las garras, ella ve unas manos hermosas hay, ahí, un vinculo de ida y vuelta muy especial.

El tema es que estas personas forman una familia. Y esta familia tiene hijos. entonces ahí puede pasar varias cosas, Primero, que el psicópata, que siempre tiende al poder satisfaga esa necesidad especial por fuera de la casa , que él sea un empresario , político ,dirigente de cualquier circuito profesional , entonces ahí, el , esta, digamos entre comillas descargando esa necesidad especial y satisfaciéndose en el afuera de la familia, entonces en el adentro de la familia se comporta como una especie de padre entre comillas ausente o padre digamos con ciertas particularidades y punto. Y transcurren los años, pasan los años y es un padre, los hijos lo recuerdan como un padre habitualmente seco, muy regalero, muy obsequiador, porque para el psicópata dar cosas es muestra de cariños. El padre psicópata cuando tiene cierta preferencia por uno o por otro, regalan cosas, dan cosas, cosas materiales, a tal punto que cuando se pelean con alguno de los hijos él le hace el inventario , te acordas que si yo te di esto, te di aquello , te pague aquello, todas cosas materiales , no entienden el tema de la ternura , la solidaridad , la reciprocidad afectiva, nada , todo eso escapa al mundo emocional del psicópata , si tenemos esa situación de que el padre psicópata descarga la psicopatía afuera o si es un violador en el afuera , en el adentro digamos es un padre poco presente y entonces el comando de la casa queda al mando de la complementaria y acá ocurre el siguiente fenómeno, la complementaria acompaña en el crecimiento a los hijos pero su mente esta puesta siempre en el sol negro, mirando a su psicópata, el psicópata es el que le da el sentido a su vida y los hijos están ahí, al lado de la complementaria . No es que los crie mal, pero le falta a la complementaria ese darse a los hijos que es propio de la madre común ,por lo menos en la generalidad de las madres, es una cosa interesante eso también, para ustedes los más jóvenes para que puedan estudiar, la complementaria como madre , que tampoco es una madre común , porque también desde el vamos en el proceso de socavación que hace de la autoestima de la complementaria el psicópata a lo largo de los años , es un trabajo sutil de adiestramiento ,también la degrada en el concepto de madre .

En la familia siempre existen dos polos de poder tácito, implícitos, uno es el padre que tiene una figura especial y otra la madre, son dos polos de poder. Ahora ocurre aquí que, el tono de poder maternal desciende a medida que el psicópata va socavando la autoestima de la complementaria hasta llegar a un nivel de, existe como una especie de igualdad de jerarquía entre los hijos y la madre. Es decir la madre pasa a ser una especie de hermana más y el único poder que queda en la casa es el del psicópata. Esto no se ve habitualmente con tanta nitidez en el transcurrir de los días, mientras el vínculo del psicópata y la complementaria siga funcionando. Los hijos crecen y en un momento, a veces la complementaria decide romper ese circuito por hartazgo o el mismo psicópata hace que la complementaria rompa el circuito porque le muestra un poco de sus miserias entonces la complementaria reacciona y le es fácil a el desprenderse de la complementaria. Y es ahí donde ocurre un fenómeno extraño a lo común. La madre se separa del psicópata y la mayoría de los hijos suelen quedarse con el psicópata. No se van con la madre, es absolutamente raro, aunque sean chicos, medianos, incluso grandes, se quedan con el psicópata, por qué?, porque durante toda su vida han experimentado la presencia excluyente del poder del psicópata y la minusvalía de poder de la madre. Entonces en el momento de elegir se quedan con el padre, ante el dolor imaginable de la complementaria que se queda sin el psicópata que es un desgarramiento psíquico importante y tampoco tiene los hijos, o bien se queda con un hijo.

El hijo del psicópata tampoco es un hijo, que podemos decir un hijo común. El hijo del psicópata tiene sus carencias. Siempre tiene un déficit y tiene otra cosa particular y negativa también, el haber sido el hijo de un psicópata facilita que puedan ser parejas de otro psicópata. Entonces este fenómeno, yo digo, a ver, por que conoció, como conoció a este psicópata, una vez que uno determina que es un psicópata, y ella o el, al revés, hay mujeres psicópatas también, entonces ella por ejemplo me dice, no sé, y cuenta lo que hacían cuando eran novios, etc. Y eran aberraciones espantosas, intolerables, pero ellas no las veían, no las veían porque las cosas aberrantes, las sumisiones, las humillaciones, las descalificaciones eran de todos los días en su casa, cuando se había apareado con esta pareja, lo que le hacía era lo mismo que le habían hecho en casa, no notaba la diferencia. Entienden eso? El hecho de tener un padre psicópata, una madre psicópata facilita enormemente la tarea de adiestramiento del psicópata que va a ser pareja del complementario, esa es una de las variantes.

La otra variante que cuando hay un padre psicópata, una madre psicópata, los hijos pueden enfermarse. Ellos evidentemente quieren ejercer su potencionalidad , convertir la potencia en acto, y el acto no lo pueden realizar, por que ?, porque hay un ente ahí, que impide el desarrollo normal de ese chico, entonces se establece un conflicto , una impotencia crónica, que puede llevar a problemas psicopatológicos de cualquier naturaleza. Por eso es que yo digo, que cuando en una familia muchos de los chicos presentan trastornos psicopatológicos busquen al psicópata que seguro van a encontrar en uno de los dos padres. O, a veces, una abuela que vive con ellos, o una tía que vive con esa familia. Esa es una vía, es una forma del efecto que tienen los hijos frente a la acción del psicópata. La otra es la diáspora , es cuando los chicos de chiquitos conviven o van a la casa de otros , la tía, la abuela , el vecino , la amiga , están constantemente en otras casas y de adolescentes algunos prematuramente deciden si están en la provincia ir a estudiar a 500, 600 km de la familia o algunos mujercitas ya tempranamente forman pareja y se van, es un diáspora, y otra forma de salir de ese círculo opresivo que conforma el clima del psicópata .Porque el clima del psicópata como lo dije tantas veces no es un clima de armonía , no es un clima de distensión todo lo contario , donde hay un psicópata el clima siempre es tensional . La tensión, el estrés crónico es lo habitual, el desgaste emocional es de todos los días. La incertidumbre de que va a pasar cuando venga, que pasara cuando venga papa, o mama, o con que va a salir ahora, papa o mama, ese clima de tensión es constante, no hay esa relajación y esa paz de muchas de las familias, el hogar deja de ser el famoso recurso del guerrero para ser otro tipo de guerra ahí adentro.

Tenemos los hijos que se enferman, los hijos que se escapan, y los hijos que se someten y terminan aniñándose en desmedro del desarrollo normal. Después cuando se produce por ejemplo la separación ellos actúan de una manera aberrante, algunos hijos copian, me falto decir esto, algunos copian las actitudes del psicópata erróneamente puedo decir, ahhh, este heredo la característica del psicópata, del padre o de la madre. No, están repitiendo el esquema. En todos estos años de trabajo pocas veces me encontré con que de un padre psicópata o de una madre, salga un hijo psicópata. Si, un hijo copia algunos rasgos psicópata, incluso la complementaria a veces, ejerce algún tipo de manipulación con otros, que es copia de lo que aprendió. A veces en el proceso de separación los hijos toman, sobre todo cuando la separación es controvertida es decir que el psicópata no quiere desprenderse de la complementaria y la complementaria consigue el suficiente apoyo fuera y hace la separación, los hijos se van en su mayoría con el psicópata y establecen una alianza tan , tan fuerte con el psicópata que suelen despreciar objetivamente a la madre, entre comillas, la repudian en el sentido literal del término , por ejemplo me contaba una señora que esta en este proceso de separación , una familia que está muy relacionado socialmente que se casaba el hijo de un amigo de su hija, que a su vez estaban todos relacionados , la madre es amiga de este chico que se casaba , estaban todos relacionados, y desde que ella se separo hace dos años , el hijo que tiene 26 años, son todos profesionales , hace dos años, el hijo nunca más le volvió a hablar, ellos habían tenido un buen dialogo mientras estaban conviviendo con el psicópata A partir de que se separo, nunca más. Ella fue a la ceremonia del casamiento, y cuando el hijo la ve en la iglesia se dio media vuelta y se fue. La captación también de la mentalidad de los hijos de parte del psicópata, hace que todos los que se opongan a los deseos del psicópata sean considerados enemigos, no importa quien sea, la madre, el vecino, lo que sea. El psicópata, tiende, ya sabemos eso, tiende a la autoridad militar, están conmigo o en mi contra. Y actúa en consecuencia. Gracias.”

Hombres víctimas de psicópatas y narcisistas

Hoy queremos abordar específicamente el tema de los hombres que sufrieron abuso psicopático o narcisista. Al igual que en el caso de las mujeres, el abuso puede provenir de distintas fuentes: madres/padres, parejas, colegas en el trabajo, etc. Lamentablemente, a excepción del acoso y la violencia psicológica en el ámbito laboral que tienen un poco más de visibilidad social, el resto de los casos pasan sin ser detectados  o reportados. Es estadístico que hay mujeres que ejercen violencia física  sobre hombres, como así también, muchos hombres gay que son golpeados por parejas violentas. Pero si tenemos en cuenta que el abuso emocional y psicológico puede tener consecuencias tan devastadoras como  la violencia física, los números de hombres maltratados crecen de forma exponencial.  En la mayoría de los casos no denuncian porque hay un prejuicio atávico que considera que un hombre que no puede controlar el abuso es poco hombre. Este último supuesto es falso y no hace más que agregar maltrato a la víctima que prefiere callar el horror que está viviendo antes que ser burlado.

Recordemos las estadísticas: el 4 % de la población tiene un desorden de personalidad tipo B (narcisismo, psicopatía, personalidad histriónica), de ese 4%  un 75% está compuesto por hombres y un 25% por mujeres. Las mujeres narcisistas o psicópatas integradas son mentirosas compulsivas, promiscuas pero lo esconden y manipulan a los hombres con ciclos de luna de miel en los que los hacen sentir en las nubes y ciclos en los que los hacen dudar de su cordura, masculinidad y su rol como proveedores. En todos los casos viven de ellos y, de acuerdo a la capacidad económica de la víctima, tratarán de obtener todos los beneficios posibles. Es muy común, también, que ellas los alejen de socios, amigos y familiares que puedan ayudarlo a ver detrás de su bonita máscara. El enamorado queda entonces aislado a merced de sus caprichos y mentiras. Cuando finalmente el hombre logra romper el hechizo y ve con claridad el abuso y la manipulación (algunos llegan a descubrir que el hijo que creía suyo y con el que ella le sacaba bienes, ni siquiera era su hijo biológico)  ella utilizará un arma que le viene de perillas: dirá que él la golpea y/o maltrata. En todas partes del mundo conocemos  a alguna celebridad de poca monta que van detrás de productores, empresarios, políticos y jugadores de fútbol.  Curiosamente de todos ha sacado una buena ganancia y a todos llamó, al comienzo de la relación, “el amor de su vida” para luego, en un par de años, acusarlos públicamente de “ladrones, golpeadores, maltratadores”. Esto es  grave. Utilizar la violencia de género falsamente es doblemente perjudicial. Por un lado, calumnia y destruye a la víctima que sufrió los abusos y por otro, trivializa la causa por la erradicación de la violencia ya que estas aspirantes a famosas que dicen ser golpeadas y nunca lo pueden probar terminan haciendo que muchos descrean de la magnitud de la violencia de género (epidémica) y no le brinden protección a aquellas víctimas reales (miles y miles) que la necesitan urgentemente.

Sin embargo, no todas las abusadoras salen en los medios. Muchas son jefas o ejecutivas que “se acostaron hasta la cima” o mujeres que no les interesa trabajar y llevan una vida parasitaria poniendo a todos los miembros de la familia unos contra otros, creando drama para divertirse, lavándole el cerebro a sus hijos, manipulando a su pareja hasta dejarlo sin voluntad propia y, en ocasiones, teniendo una vida sexual paralela que pocos conocen. Si tú sospechas que estás con una mujer así, te rogamos que, sin que ella lo perciba, vayas juntando cuanta evidencia puedas y que cuando la dejes trates de no reaccionar a sus acusaciones. Ella dirá que la maltratabas o golpeabas y sí, con justo motivo, levantas la voz desesperado, ella te grabará para decir que siempre fuiste así y que eso es solo la punta del iceberg, que había golpes, bla, bla, bla. Y si hay niños, llorará en los juzgados para que le den la tenencia (los niños son su seguro de retiro).  No somos videntes, es un patrón de conducta y lo mejor que puedes hacer es no reaccionar y poner un abogado en el caso que sea necesario. Si te es infiel, trata de dejar registro; si ella te grita o denigra sutilmente, grábala tú primero; si tus hijos no son tan pequeños pídele al juez que los escuche. Aun cubriéndote, tendrás un largo camino por delante ya que, en la mayoría de los casos, las mujeres narcisistas y psicópatas logran engañar a los miembros de la justicia que (no entendemos cómo puede ser así en el siglo XXI) tienen poca información sobre este tipo de desórdenes y no sospechan que hay mujeres que mienten sin pestañar a las que habría que investigar más profundamente antes de entregarles la tenencia de los niños. Los hijos no escaparán de su abuso. Estas “madres” los invalidan como personas en forma velada y constante. Los pequeños siempre sienten que les deben algo, que hacen todo mal. El padre suele quedar aislado, siendo testigo del abuso que sufren sus hijos, sin poder hacer gran cosa porque pocos le creen y, para complicar el panorama aun más, ella se ha encargado de que obtenga un régimen de visitas muy limitado para que no pueda abrirle los ojos a sus niños.

Tomemos un caso representativo. Alfredo estaba casado con una mujer ambiciosa que trabajaba en una empresa petroquímica. Él era dueño un pequeño negocio de servicios técnicos. Tenían un hijo de 9 años, extremadamente educado para su edad y siempre temeroso de no poder colmar las expectativas de su exigente madre. Alfredo era quien llevaba al niño al colegio, al club y al pediatra, le cocinaba y lo ayudaba con las tareas escolares. Elena, tenía un puesto de responsabilidad a pesar de no haber estudiado demasiado, al cual llegó acostándose con las personas correctas, tanto hombres como mujeres, en el momento preciso.  Siempre estaba envidiosa de aquellos que sobresalían pero lo disimulaba bien. De alguna manera u otra lograba desprestigiarlos, sacarlos del medio y quedar como la víctima. Su marido sospechaba que le era infiel  pero luego se convencía de lo contrario. Tampoco estaba convencido de lo que sucedía con la economía doméstica  pues él ponía todo su ingreso para pagar todas las cuentas, sin embargo, ella colaboraba con lo que a ella le apetecía. Cada vez que él le reprochaba sus ausencias y la falta de dedicación a la familia, ella fingía ofenderse y le recordaba que con lo que él ganaba no hacían nada.  Luego de esos reclamos le hacía el vacío por unos días y él “le pedía disculpas” con algún regalo. En otro orden de cosas, Alfredo veía a su madre a escondidas porque Elena lo había convencido de que la anciana la maltrataba. La madre no veía a su nieto desde hacía años y cayó en una depresión severa por la situación de su hijo. Un día, Alfredo recibió un anónimo (probablemente de algún empleado despedido por las elucubraciones maquiavélicas de Elena) indicándole donde tenía que ir para constatar que su mujer estaba con otros. En principio desestimó la advertencia pero luego decidió ir sintiéndose mal consigo mismo por estar “dudando” de su mujer. El resto es historia. El comprobó la variedad de amantes que tenía. Ella, lejos de explicarse, lo acusó de estarla espiando, de que lo que él decía era mentira y que él era un abusador al igual que su suegra.  Logró poner una orden de restricción en su contra pero, algunas veces la vida es justa, dos ex empleados de la compañía iniciaron juicio contra ella por acoso, violencia y calumnias. Tenían pruebas registradas y varios colegas despechados salieron de testigos. Alfredo pudo ganar la tenencia de su hijo gracias a que esas personas accionaron penalmente en contra de ella en el exacto momento en que él era acusado de maltratador. Si todo esto no hubiera sucedido, todavía estaría penando por despachos oficiales en busca de justicia para él y su hijo.

Siempre nos preguntamos el motivo por el cual los psicópatas y narcisistas forman familias, después de todo, si aman el desenfreno podrían vivirlo abiertamente sin engañar a nadie. Pero aquí reside el nudo de la cuestión: ellos aman burlarse de quienes lo rodean y qué mejor forma de hacerlo que explotar una emoción humana básica como el querer formar una familia y disfrutar de los placeres sencillos. Casándose consiguen pareja e hijos que los atiendan y, al mismo tiempo, logran darles a sus falsas vidas una imagen de “normalidad” para engañar a los demás. Nadie desconfía de una persona que tiene un retrato de la “familia perfecta” sobre su escritorio.

Existen muchos más hombres de los que pensamos que han sido víctimas de abuso psicopático o narcisista. Ellos sufren en silencio. Como sociedad deberíamos crear las condiciones para que puedan contar sus historias sin que nadie los trate de “hombres sin carácter” o de “blanditos”. Bien sabemos que puedes tener una personalidad avasallante y, sin embargo, cuando caes en las redes de un manipulador de semejante talla, dudas de ti, de tu percepción y te haces adicto a su aprobación. Nadie está exento. No hay que avergonzarse. Es necesario hablar para sanar.

Les dejamos dos pequeños extractos de la carta que Kafka le escribiera a su padre narcisista. En un pequeño libro, el autor logró volcar todo el dolor y el abuso que padeció con un padre manipulador y con una madre débil que no se animaba a contrariarlo. A nadie se le ocurriría decir que Kafka fue un débil por haber pasado tantos años sin poder enfrentar a su padre abusivo. Ningún hombre, no importa su condición social, su nivel de educación o su orientación sexual, debe permitir que se burlen del abuso que padecieron. Kafka, a través del arte, nos recuerda que no debemos quedarnos con las palabras atravesadas en la garganta. Aquí  van dos párrafos de puño y letra:

“No hace mucho me preguntaste por qué yo afirmaba que te temía. Como es habitual, no supe qué decir, en parte por ese miedo y en parte porque la fundamentación de ese temor necesita demasiados detalles como para que yo pueda exponerlos en una conversación. Aún ahora, mientras te escribo, sé que el resultado ha de ser imperfecto, porque el temor coarta y porque la dimensión del tema supera en gran medida mi memoria y mi entendimiento.

Si sintetizas tu juicio acerca de mí, resulta que no me discriminas nada extremadamente malo o pecaminoso (salvo quizás mi último intento de matrimonio), pero sí frialdad, ingratitud, desinterés. Me lo recriminas como si la culpa fuera mía, como si yo hubiera podido cambiar el curso de las cosas con un leve viraje al timón, como si no tuvieras ninguna culpa, tan solo la de haber sido demasiado generoso conmigo.”