Asociaciones entre psicópatas y narcisistas

Varias personas nos han consultado sobre si es posible que psicópatas y narcisistas puedan formar vínculos entre ellos, ya sean amorosos o de otra índole. Hemos investigado mucho material al respecto y la respuesta es sí. La segunda pregunta que se deriva luego de esta afirmación es: ¿Y ellos se reconocen como sociópatas? Según los casos que leímos muchas veces sí lo hacen. Es necesario asumir de una vez por todas que psicópatas y narcisistas saben que lo son. Muchos sobrevivientes prefieren creer que todo el daño que estas personas provocan es inconsciente o semi-consciente. No es así. Los sociópatas saben que son sociópatas. Y la mayoría se enorgullece de ello (diversos autores como Hare, Simon, Babiak y Stout han tratado el tema del  auto reconocimiento). Cuando se vinculan con otras personas con su misma patología no siempre se revelan como tal pero sí se reconocen. Lo saben detectar. Muchos científicos, como también sobrevivientes, se preguntan si las pistas que dan al comienzo de la relación (“no te convengo, soy el mal en persona” o “yo voy a lograr lo que quiera de ti”) que todos pasan por alto pensando que son bromas, no son acaso formas de identificarse ante otros sociópatas. Todavía no hay un criterio uniforme al respecto pero ciertamente no es descabellado pensarlo así.

Todos conocemos casos en la historia de políticos y tiranos con características psicopáticas que se aliaron para conseguir réditos de poder.  Estas alianzas son el más claro ejemplo de este tipo de asociaciones. Ahora bien, en la vida cotidiana comenzamos a ver muchos casos de estas asociaciones, tanto es así que nos preguntamos si los narcisistas y psicópatas no encuentran algún beneficio en relacionarse entre ellas. Hay personas que luego del descarte observan que la nueva pareja del/la psicópata tiene rasgos psicopáticos, como así también existen aquellos que fueron atacadas por una dupla de sociópatas en el trabajo.  Es difícil hacer estadísticas solo con testimonios por lo tanto no podemos afirmar cuál es el porcentaje real de estas asociaciones perversas (y a menudo delictivas también) pero sí podemos afirmar que son más comunes de lo que creemos.  Les dejamos dos casos ilustrativos.

Carmen estaba recién separada y había dejado su pequeña ciudad para trabajar junto con su hermano en la capital. Cuando se instaló en un pequeño departamento cerca de la casa donde vivía su hermano con su cuñada, esta última se convirtió en su mejor confidente. En realidad, Carmen era bombardeada a preguntas por su cuñada que fingía preocupación. Si bien se sentía afortunada de tener “una buena relación” con ella, algo le decía que no estaba bien que se metiera en todo, no le gustaba como en ocasiones dejaba de hablarle a su hermano, y como la quería manipular para hacer lo que ella decía en el comercio de su hermano. Asimismo, no dejaba de recordar como su nueva cuñada, a la que llamaremos Estela, había sido la “mejor amiga” de la ex pareja de su hermano y no solo no le había importado romper un matrimonio sino que había hablado cosas muy feas sobre su “ex hermana del alma”. Al poco tiempo Estela comenzó a insistir en que saliera con un amigo soltero del matrimonio que era muy atractivo pero que a Carmen le parecía algo extraño porque tenía algo en su mirada que la perforaba. La cuñada le aseguraba que él tenía mucho interés en ella, y finalmente accedió a salir con él. La primera cita él se mostró inusualmente atengo y seguro. Carmen se convenció de que ella había desconfiado de él debido a la triste experiencia de su divorcio. En la segunda cita, todo parecía indicar que el encuentro terminaría en algo más íntimo cuando Carmen comentó que su cuñada le había pedido dinero prestado sin que se enterara su hermano. Desde ese momento, su pareja cambió por completo, se mostró molesto y agresivo. La hizo sentir culpable de haber hablado de “cosas desagradables” y le aseguró que ya no tenía el más mínimo interés en proseguir con la relación. Carmen se sintió horriblemente mal pero no era solamente debido al rechazo de este hombre luego de que él hubiera despertado su interés, ella sentía que había algo oscuro por debajo. Le comentó a su cuñada que la cita se había agriado. Ésta se enojó  y la culpó de ser fría y de no entender nada de hombres. Carmen creyó que estaba enloqueciendo pero su intuición la llevó a prestar atención en medio de una bruma de dolor y dudas. Pasaron las semanas. Se le hizo evidente que había algún tipo de relación entre Estela y el amigo de su hermano. Dejó de confiarle cosas tanto a su hermano como a su cuñada.  Un día revisó el teléfono de Estela y comprobó como ésta sacaba dinero del negocio de su hermano y se lo pasaba a su amante (había mensajes de alto contenido sexual entre ellos). Cuando le advirtió a su hermano, éste no le quiso creer. Es más, prefirió creer la versión de su esposa de que la que había estado tomando dinero de la caja era Carmen. Sin poder dar crédito a las habladurías que su cuñada y el amigo esparcieron por el círculo de personas que ella había comenzado a tratar, decidió volver a su ciudad y mantener contacto cero con su hermano y los dos psicópatas que lo tenían de juguete. Ser consciente del engaño es una herida que no logra sanar y se pregunta una y otra vez el por qué. ¿Por qué Estela me quería empujar a los brazos de su amante? ¿Era una voyeur, una perversa? ¿Sabía que yo estaba sensible por mi divorcio y quería que me terminara de dañar un psicópata? ¿Querría que él me sacara dinero en paralelo al que ya ella le sacaba a mi hermano? Carmen aún no tiene respuestas. Y lo mejor sería que tratara de  NO hacerse esas preguntas ya que el 96% de la población mundial nunca va a entender cómo piensa una persona cuyo cerebro tiene áreas (aquellas que alientan la respuesta empática) que no desarrollaron.

Julieta trabajaba en una empresa farmacéutica. Su nuevo jefe era motivador y bastante comprensivo. Delegaba casi todo en sus empleados y se ausentaba bastante pero prefería eso a soportar un gerente malhumorado. El gerente al que su jefe respondía era más frío y distante pero ciertamente era inteligente y seguro de sí. Este hombre puso sus ojos en ella (como también en otras tantas) y comenzó a seducirla. Si bien se sentía atraída por él, Julieta era muy creyente y no quería tener nada que ver con un hombre casado. Sufría un tremendo dilema interno cada vez que lo veía. No podía sacárselo de la cabeza pero al mismo tiempo le producía temor. El gerente, que no estaba acostumbrado a perder, comenzó a acosarla con más intensidad. Julieta no sabía con quién hablar del tema. Un día su jefe le dijo que se sentía preocupado por verla “ausente” y le comenzó a hacer preguntas. Ella se abrió y le comentó lo que le pasaba.  Durante una semana su jefe le pidió que la tuviera al tanto de lo que pensaba hacer, si iba a consultar a algún abogado, si tenía pruebas. Parecía indignado y le aseguró que iba a consultar con gente de confianza en la empresa. Julieta le contestó con total honestidad, le habló de algunas grabaciones y mails, de que había consultado a un abogado, etc.  A los pocos días la llamaron de Recursos Humanos para comunicarle que estaba despedida. Su jefe y el gerente habían elevado un informe sobre ella con una pésima evaluación de desempeño.  Julieta quedó obsesionada con lo que había sucedido, no podía entender, desde su perspectiva cristiana, cómo Dios permitía la calumnia y el progreso de seres tan malvados. En paralelo, con ayuda de su familia, averiguó algunas cosas sobre los antecedentes de estos dos gerentes y supo que habían tenido algunos “pequeños deslices” en sus trabajos anteriores y que se rumoreaba que en éste, donde coincidieron, “se pasaban” empleadas entre ellos. Los abogados que la asesoraron le aconsejaron no hacer juicio por acoso (sí, en cambio, por mejorar la indemnización) porque según sus palabras textuales “en este país saldrás perdiendo y teniendo que pagar los costos del juicio”.

 

En ambos casos, las víctimas de estos psicópatas (hombres y mujeres), intuyeron desde un comienzo que algo “no cerraba”, que algo les causaba temor y ansiedad. Las señales de que uno está siendo el objetivo de un psicópata o narcisista aplica para uno, dos o diez actuando al mismo tiempo (hay varias entradas sobre alertas rojas en este blog y en otros que debes leer). No intelectualices lo que te sucede, confía en tu instinto. La parte de tu cerebro que regula las respuestas de alerta frente a amenazas ya se activó, no esperes a que logres encontrar la causa, ya que para cuando la identifiques, será tarde. Cuando sepas el por qué es probable que ya te hayan timado, sacado tu dinero o tu puesto, ya te hayan enamorado con una personalidad falsa o arruinado tus relaciones familiares.

Finalmente, los sobrevivientes se preguntan si entre gente con desórdenes del tipo B las relaciones son “exitosas”. No hay nada exitoso en una relación en donde dos personas se utilizan todo el tiempo y no pueden bajar la guardia ni por un instante ya que entre ellos tratarán de destruirse. Tendrán momentos de perversa “euforia” luego de haber lastimado o burlado a alguien pero ésto no solamente es humanamente repulsivo sino que no dura. Nada dura en ellos, no tienen emociones o sentimientos profundos, son incapaces de apreciar los vínculos, la generosidad, la naturaleza (recuerda que muchos de ellos gozan cuando destruyen plantas y maltratan animales) y la belleza trascendente en cualquier forma de arte. No intentes adaptarte a su pensamiento retorcido para que te quieran, no pueden, no tienen el cerebro correcto para amar. No te rebajes, tú si puedes amar y comprender lo que te rodea, y mereces estar con alguien que también pueda.

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Técnicas para que ni tú ni tus hijos vuelvan a dedicarle un pensamiento al psicópata o narcisista.

Uno de los residuos más persistentes de nuestra relación con alguien psicópata o narcisista es que nuestros pensamientos vuelven recurrentemente a ellos, ya sea en forma de (más que justificada) furia, añoranza de las etapas de luna de miel o temor a sus calumnias entre tu grupo de amigos y conocidos luego de la separación. Sabemos que ellos programan a sus parejas o familiares para que esto sea así. Es un proceso conocido como “totalización”. Durante la etapa de idealización y bombardeo amoroso te ponían en las nubes, te adoraban como nadie y te acostumbraste a ese halago hasta necesitarlo a diario. Fue entonces cuando te lo limitaron y te lo comenzaron a dar a cuenta gotas y solo como premio cuando hacías lo que ellos querían que tú hicieras. En otras palabras intentaron convertirte en un perrito de Pavlov. En paralelo, trataron de que cada lugar, cada cosa que hacías, cada canción que escuchabas, la relacionaras a ellos. Ellos logran, con técnicas de manual, que no quede espacio o cosa que no hayan tocado o ponderado contigo haciendo asociaciones del tipo: “mírate en el espejo lo bien que luces conmigo”, “todas las canciones de este autor me recordarán siempre a ti”, “cada vez que piense en tartas de fresas me acordaré de esta tarde”. Ellos por supuesto se olvidarán de lo que dijeron al segundo (está científicamente comprobado que la memoria también la tienen afectada)  pero tú, cuando quieras dejar la relación, todo, absolutamente todo te recordará a ellos. Te costará sacarte su imagen de la cabeza, no lograrás escuchar ciertas canciones y mucho menos comer tarta de frutas sin llorar. Asimismo, otro de los motivos por el cual logran introducirte este virus de pensamientos intrusos sucede cuando llega la etapa de la erosión identitaria, la manipulación y el descarte (sea a través de la técnica de “stonewalling” para que tú los abandones o lo hagan efectivo ellos mismos de la forma más fría que puedan encontrar), sus incoherencias deliberadas, sus amenazas veladas y sus nuevos galanteos a otras personas te dejarán en un estado de permanente desconcierto y de búsqueda de respuestas que por supuesto girarán alrededor de ellos. ¿Cómo podemos desarticular esta programación de nuestros cerebros?  Y si tenemos hijos en común ¿Cómo preservar la cabecita de los niños de esta insania?

Una de las técnicas para lograrlo es  muy sencilla. Consiste en no luchar con tus pensamientos, solo observarlos y ponerles un nombre para que pierdan su fuerza. Esta técnica se basa en la premisa de que cuanto más luchamos contra un pensamiento, éste cobra más fuerza. Si te pedimos que no pienses en chocolate insistentemente, lo más probable es que la imagen de una deliciosa barra cobre fuerza en tu mente. El psicólogo de Harvard Daniel Wegner estudió este fenómeno al que llamó “proceso de monitoreo irónico” debido al hecho de que si le pido a mi cerebro que no piense en cosas hechas de madera, lo que hará es monitorear el entorno en busca de cosas de madera para no pensar en ellas. Le hemos dado una instrucción paradojal a nuestro cerebro y si, además de eso, luchamos contra su exploración de “cosas de madera”, más lo hará creándonos ansiedad. Wegner se dio cuenta de que cuando nuestras vidas están en condiciones ideales, relajadas, la ansiedad no aumenta a niveles importantes y logramos suprimir con éxito esos pensamientos molestos. Sin embargo, cuando estamos con “carga cognitiva”, el ciclo ansiedad/obsesión se vuelve incontrolable. Él toma el caso del insomnio: si tú has tenido unas noches en vela y te obsesionas con dormir, es probable que acentúes el insomnio. Lo ideal es relajarse pensando en que el cuerpo se acomodará naturalmente y que volverás a dormir. Obviamente, luego de una relación con un narcisista o psicópata, la carga cognitiva es pesadísima y no nos resulta sencillo desembarazarse de esa maraña de pensamientos tortuosos que nos introdujeron con la precisión de un relojero. Lo mejor que puedes hacer cada vez que recuerdas algo, sea un agravio o una caricia (o ambas cosas debido a la disonancia cognitiva), déjalo fluir y di “es simplemente un pensamiento que se irá” “yo no soy ese pensamiento”. Además ponle un nombre, por ejemplo: “ira” o “recuerdo de la falsa luna de miel”. Luego de eso respira profundo, relaja los músculos y dedícate a hacer cualquier otra cosa que te de placer.

Otro truco que funciona es crear nuevas memorias y asociaciones que no tengan nada que ver con ellos, rescribir el guion cerebral con nuevas vías neuronales. Por ejemplo, si solías ir al mercado de pulgas con él/ella, llama a tu compañero del colegio, ese que hacía reír a todos y pídele que te acompañe, hagan cosas insólitas e infantiles allí, cómprate algo, tómense fotos juntos. Si ya no puedes comer tarta de fresas, pide a tu tía que te prepare una para alguna fiesta familiar, asegúrate de que sea una de esas celebraciones en que sabes que pasarás un buen momento. Allí, rodeado/a de cariño, saborea cada bocado prestando atención a las anécdotas que la gente esté narrando en ese momento en que vuelves a disfrutar del sabor de algo que siempre te había gustado  y que habías dejado de comer para evitar el dolor de la memoria. Te costará pero, de a poco, los recuerdos de esos lugares y cosas te pertenecerán a ti y a quien elijas.

Con respecto a los hijos en común, lo esencial es que sepan que no necesitan obedecer a un padre o a una madre que los manipula. Para eso hay que hacerles entender que nadie en el mundo (ni siquiera sus progenitores) tiene derecho a hacerlos sentir culpables de las acciones de otros. Hablar de esas cosas que los lastiman aunque parezcan triviales. El abuso se da en cosas simples y cotidianas por lo que es más insidioso y encubierto. Acá también vale lo de ponerle nombre a las cosas. Si no le quiere dar dinero hasta que estudie lo que el psicópata quiere que estudie “por su bien”, hay que diseccionar ese enunciado hasta dejar a la luz sus segundas intenciones y renombrar ese “por su bien” como “lavado de cerebro”. Segundo, explicarles en que consisten las técnicas de manipulación. Ellos todavía no tienen los recursos simbólicos o de abstracción suficientes como para identificar los sofisticados métodos de control de estas personas sin conciencia. Si tu hijo viene de la visita apenado y te dice que su padre/madre habla en contra de ti, si mienten constantemente, si los chantajean insistiendo con que si los quisieran tu hijo debería hacer tal y cual cosa, enséñale como esos comportamientos son trucos para forzarlo a actuar de una forma determinada y que no tiene por qué creerle y, mucho menos, complacerle. Por último, fortalecer la autoestima del niño ya que el progenitor psicópata suele hacerle pensar que está en falta y que nunca estará a la altura de tan “grandioso/a”  padre o madre. Ámalo incondicionalmente, dile que es perfecto de la forma que es, con sus defectos y virtudes. Esto último es muy importante: es necesario que tu hijo comprenda que está bien tener defectos, que es una característica humana equivocarse para aprender y mejorar. El mensaje que recibe permanentemente del psicópata y narcisista es que ellos son perfectos e infalibles, mientras que el resto de la sociedad (hijos incluidos) es inferior. Lamentablemente los niños no pueden ver que están lejos de ser maravillosos y que solo tienen un sentido alterado de la realidad que los hace delirar de grandeza. Dale a tu hijo la aceptación que tu ex cónyuge no le da producto de su extraviada megalomanía.

Por último, busca divertirte junto a tus hijos como pequeña familia, practicando algún deporte, o haciendo actividades manuales al aire libre (la naturaleza tiene un poder sanador milagroso). No te dejes amedrentar por las amenazas que probablemente aparezcan cuando el/la psicópata presienta que lo/la estás olvidando, que ya no es el centro de los pensamientos familiares y que eres feliz, que tus hijos son felices. Ese día está cerca y es el momento que todo narcisista o psicópata realmente no puede tolerar.

Recursos psicoterapéuticos, médicos y alternativos para tu recuperación.

En esta entrada queremos compartir herramientas que suelen utilizarse con éxito en el proceso de recuperación. Todas las opciones aquí mencionadas han probado ser útiles pero te recomendamos que consultes a especialistas ante la menor duda ya que lo que aquí describimos es meramente orientativo.

La primera herramienta que recomendamos luego del abuso y el shock es la terapia. Para eso es necesario que te asesores sobre cuales terapias y/o terapeutas son más convenientes para tu situación particular. Una terapia con un perfil psicoanalítico profundo en este momento podría agravar el estrés postraumático o los ataques de pánico mientras que, terapias transpersonales y conductuales, especialmente aquellas interiorizadas en abuso narcisista y psicopático, tendrían mayor probabilidad de ayudarte a mantener contacto cero y a desarrollar patrones de relación sanos. Una vez que salgas del pozo inicial puedes elegir exactamente lo opuesto, si así lo consideras. En cualquier caso,  ten cuidado con aquellos terapeutas que tienden a etiquetar a sus pacientes. Los términos “complementariedad” o “codependencia” no son más que una de las tantas formas de explicar el fenómeno de las relaciones abusivas y, según varios profesionales de la salud a los que hemos consultado, estos términos son parte de teorías que no tienen en cuenta los cambios bioquímicos y psicológicos que los maltratadores provocan en sus víctimas con técnicas de manipulación que pasan inadvertidas. Asimismo, si tomamos el caso de una persona que padece a un psicópata en el trabajo. ¿Tendría lógica aplicarle el término “codependiente” a un empleado del abusador? ¿No sería, más bien, abuso de poder por parte del sociópata? ¿Por qué entonces en las relaciones de pareja pareciera que es lícito sugerir que la victima permitió, en mayor o menor grado, el daño? Si tú estás esperando cruzar la calle y alguien te empuja desde atrás ¿Es tu culpa si te atropellan? Usamos este ejemplo  ya que muchos terapeutas no entienden que los psicópatas y narcisista esconden su juego y se muestran como personas de bien para hacerte daño. Logran engañar incluso a psicólogos y psiquiatras. ¿Tenderíamos que denominar como “psiquiatras complementarios” a aquellos que no diagnostican adecuadamente? No nos parece. Es necesario exigir terapias que cuenten con una base científica comprobable, como así también, con una perspectiva de género que revise los prejuicios todavía presentes en cierto tipo de enfoques terapéuticos.

Las terapias tradicionales se pueden complementar con cursos de crecimiento personal, coaching y grupos de autoayuda que suelen ser invalorables al brindarnos la posibilidad de contactarnos con otras personas que puedan estar pasando situaciones similares. De todas formas también te recomendamos que tengas una mirada crítica y la mente abierta, sobretodo si algo te resulta incómodo o agobiante. Una de las ideas que aparece con frecuencia en estos cursos o seminarios, es el concepto de que nosotros atraemos con nuestro pensamiento lo que nos sucede. Si bien es cierto que una mirada negativa sobre la realidad no nos permite ver lo bueno que nos rodea, ser un optimista a prueba de balas NO EVITA toparte con un psicópata o narcisista. Muy por el contrario, ellos se ven atraídos hacia gente de alta energía y con pensamiento positivo. Y para conquistarte van a convertirse en esa persona de miras elevadas y llena de proyectos con la que tú sueñas. No sientas que fuiste tú quien, con algún pensamiento negativo, atrajo a esta persona nefasta a tu vida. Nuevamente, la culpa parecería recaer sobre la víctima. Si nos dejamos llevar por esta idea ¿Se podría considerar que los periodistas que fueron decapitados por grupos fundamentalistas “manifestaron” a través de un error en su forma de pensar la violencia más abyecta sobre sí mismos? ¿No será que los que tienen el pensamiento desviado son aquellos que creen que las ideologías se imponen con el terror? Quienes creen que solo con afirmaciones positivas lograremos que los abusadores no se nos acerquen, no entienden la naturaleza del problema y lo están subestimando. Sí, en cambio, estamos convencidos de que las afirmaciones positivas, el nutrirse con buenos libros e ideas y el cuidar tu cerebro colmándolo de visualizaciones y sentimientos afables van a ayudarte a sentirte mejor y a sanar.

Junto con la terapia, es indispensable que consultes a tu médico. Primero que nada explícale la situación que viviste sin disimular nada. Es muy común que te sugiera hacer una serie de análisis para descartar el contagio de alguna enfermedad de transmisión sexual, entre ellas VIH-SIDA. La mayoría de los sobrevivientes abandonan los métodos de barrera al creer que estaban en una relación monógama y estable. Lamentablemente luego descubren la activa (y encubierta) vida sexual de sus parejas y se dan cuenta que las mentiras no solo dejan huellas psicológicas sino que pueden, literalmente, enfermar.  Entendemos que esperar un resultado clínico es una angustia adicional que se agrega a lo que estás viviendo pero debes hacerlo. Todas las ETS son curables o controlables si se toman a tiempo. Segundo, tu médico querrá darte un régimen de comidas y  ejercicio como también  pautas de sueño que ayuden a sostenerte en estos tiempos difíciles. Trata de armar con él/ella un plan realista y sustentable. Por último, decidirá si la terapia que haces debe complementarse con algún antidepresivo o ansiolítico. No seas tímida/o para evaluar tus opciones también sobre este tema: el tiempo de tratamiento, el tipo de medicamento (hay distintos tipos para distintas problemáticas y el que puede funcionar de maravillas en un organismo, no lo hace en otro) y si es realmente necesario ya que, en ocasiones, las depresiones moderadas pueden ser tratadas con éxito recurriendo a otras opciones como la Hierba de San Juan (también conocida como Hipérico). Hay infinidad de estudios científicos serios que la avalan para depresiones no severas. De todas formas, déjate guiar por un médico que te inspire confianza. Es fundamental establecer un buen vínculo.

Una terapia que está teniendo mucho éxito en el tratamiento del estrés post traumático es el EMDR – (Movimientos Oculares de Desensibilización y Reprocesamiento). El EMDR es un método psicológico para tratar dificultades emocionales que fueron causadas por experiencias difíciles en la vida desde guerras, asaltos y desastres naturales hasta fobias, ataques de pánico, abuso doméstico, abuso psicopático e incidentes traumáticos en la infancia. Combina elementos teórico-clínicos de orientaciones tales como la psicodinámica, cognitiva y conductual. En la mayoría de los países de Iberoamérica cuentas con centros en los que te pueden asesorar sobre profesionales especializados en este método. En España tienes http://www.emdr-es.org/  y en el resto de América Latina cuentas con Emdria Latinoamérica http://emdr.org.ar/

El ejercicio físico moderado es una necesidad absoluta en estos momentos.  El yoga es altamente recomendable. Si te sientes físicamente exhausto/a, prueba con una versión liviana de Hatha Yoga, si estás en forma puedes probar el Ashtanga Yoga que es más intenso. En ambos casos los beneficios sobre el cuerpo y la mente son maravillosos. Si sufres de insomnio te recomendamos que lo complementes con Yoga Nidra. Te podemos asegurar que en poco tiempo estarás durmiendo como un bebé y teniendo sueños más placenteros. Asimismo, puedes probar con artes marciales suaves como el Tai Chi o defensivas como el Aikido. Los deportes y artes marciales más competitivos u ofensivos pueden ser buenos si ya estás acostumbrado/a a ellos. Con ellos podrás transformar la ira típica post-abuso en energía. De todas formas, consulta a tu médico o preparador físico si comienzas una actividad más exigente que la que has hecho hasta el momento.

La meditación, ya sea versiones más tradicionales, como la estrella del momento: “la meditación mindfulness” logran controlar los pensamientos intrusivos y recurrentes que te asaltan cuando recuerdas el abuso, todo aquello que callaste, todo lo que no te defendiste, todo lo que entiendes ahora y no veías. Cualquier tipo de meditación trata de que permanezcas estable en una situación sintiendo y observando lo que sucede, sin juzgar ni intervenir hasta que la mente se aquiete. El “mindfulness” hace especial hincapié en el momento presente. Es una técnica procedente del budismo Zen que se ha estado practicando durante más de 2.500 años y que ahora la psicología científica está investigando e incorporando como parte de la psicoterapia. La idea es que todos tus sentidos estén puestos en cada acción que hagas. Con la práctica, percibirás lo que te rodea de forma más completa y vívida ya que tu mente está sosegada, totalmente abocada al momento presente.

Por último, queremos mencionar otras herramientas algo más controvertidas debido a que muchos consideran que no tienen sustento científico mientras que otros aseguran que les han hecho mucho bien. Dado que no tienen ningún efecto colateral comprobado y que tú eres un lector adulto que decidirá si quiere darles una oportunidad o no, hemos decidido incluirlas. Ellas son la homeopatía, las flores de Bach y el Reiki.  Muchos sobrevivientes nos mencionaron que ciertos preparados homeopáticos tradicionales o el “rescue remedy” de las flores de Bach combinados con psicoterapia les funcionaron más que bien y  de esa manera evitaron los psicofármacos. Con respecto al Reiki, hemos consultado a personas que lo practican, y nos explicaron que esta técnica milenaria trabaja con la energía que todos los organismos poseemos. Afirman que toda relación fallida deja residuos energéticos en nuestro cuerpo energético y físico. Si tenemos en cuenta que la energía de los psicópatas y narcisistas está basada en engaños, traiciones, odios y violencia, la limpieza de esos residuos energéticos sería doblemente necesaria.

Con este listado, para nada exhaustivo, hemos intentado darte algunas pistas para que sigas buscando la forma de recuperarte, de ser feliz, de que vuelvas a sentirte sanos, de que goces de la vida y de que vuelvas a confiar en las personas lo antes posible.

¿Exponerlos o no exponerlos? Esa es la cuestión…

“¿Cuál es más digna acción para el espíritu: sufrir los golpes y flechas de la fortuna injusta, o tomar las armas contra un mar de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?” Shakespeare. Hamlet Acto III, escena IV

Si estás dentro de una relación abusiva con un psicópata integrado o con un narcisista, o si afortunadamente ya la has abandonado, pasarás por varias etapas que ya hemos descripto en este mismo blog. A grandes rasgos podríamos decir que son la devastación, la disonancia cognitiva, la toma de conciencia de lo que se vivió, la ira por el abuso, la depresión y finalmente la aceptación y recuperación. No necesariamente se dan en forma gradual, a veces conviven dentro de nosotros varias de ellas al mismo tiempo. Es muy común alternar entre la disonancia cognitiva y la ira, o entre la depresión y la aceptación por largo tiempo. Pero hay un elemento constante en casi todas las etapas y es la idea de sacarle la mascara social, de exponer su comportamiento monstruoso ante amigos, familiares, colegas y miembros de la comunidad en general no solo como forma de encontrar justicia y verdad, sino también para contener sus calumnias y alertar a sus posibles nuevas víctimas. Si te encuentras considerando como hacerlo, o si es conveniente, si te da vueltas en tu cabeza y un día piensas que sí, otro día piensas que no, tenemos una buena noticia para ti: eres normal.

Has visto su cara siniestra: su falta de sentimientos, sus burlas y abusos constantes, su promiscuidad encubierta, su falsedad para con el resto de sus colegas y conocidos. Sin embargo tienes un problema adicional: muy pocos parecen notarlo y desde que has roto con él/ella, no deja de decir que tu eras quien lo abusabas, que eras insoportable, que lo sometías. En el ámbito laboral dirá que no cumples con tu trabajo, que eres incompetente, insinuará que recibes dinero por debajo de la mesa, etc. Esto es más que suficiente para llevarte al borde de la desesperación más absoluta. No solo te sedujeron (ya sea como pareja o como colega), confiaste en ellos, diste lo mejor de ti sino que ahora pretende hacerte pasar como lo que no eres, proyecta su personalidad maquiavélica en ti. Es más que esperable que quieras defenderte y para hacerlo debas exponerlo. Pero ¿podrás hacerlo? Ellos no tienen ningún límite ético, ni remordimientos. ¿Lograrás vencer a una máquina tan eficiente?

Hay quienes dicen que es un disparate el mero hecho de intentarlo, que es otra forma de seguir atado a él/ella. Uno de ellos es el Dr. Marietán que considera que el contacto cero incluye no defenderse ante sus ataques, caso contrario la persona sigue en lo que él llama estado de “codependencia” (concepto que las investigaciones más recientes sobre el tema de abuso han echado por tierra). Es una posibilidad a tener en cuenta. Si las calumnias del psicópata no han llegado demasiado lejos, expresar lo que viviste a tu círculo más cercano podría llegar a ser más que suficiente. ¿Pero qué sucede si hay hijos de por medio y a tu ex pareja se le ocurre pedir la tenencia diciendo que tu no te ocupas o que los golpeas cuando en realidad era él/ella quien tenía esos comportamientos abusivos? ¿Debes dejar que la verdad se vuelva evidente por si sola? Eso no va a suceder. Y si en el trabajo te acusa de haber hecho mal un trabajo que en realidad hizo él/ella ¿No deberías dar batalla por tu reputación como profesional?

Hay otros autores que consideran que callar no es bueno pero que hay que evaluar si es posible exponerlos. Recomiendan hacerlo midiendo las consecuencias y poniendo un límite de tiempo para finalmente dejar el tema de lado. Marie France Hirigoyen relata en uno de sus libros el caso de una paciente que tuvo una relación amorosa con un hombre poderoso que no solo la trianguló y devaluó durante toda la relación sino que luego de descartarla por otra persona  comenzó a calumniarla profesionalmente. Ella sabía que la esposa de este señor también vivía engañada y abusada psicológicamente. Decidió entonces enviarle todos los mails. A los pocos días recibió una intimación de un abogado para que dejara de “acosar” a su cliente. Si bien no es ilegal mandar un mail contando un hecho que fue verdadero, la paciente abusada, decidió callar y no prosiguió con su exposición. Lo que hizo este “señor” es un clásico a tener en cuenta cuando nos vemos tentados a mostrar su comportamiento promiscuo: la triangulación. Esta táctica consiste, por un lado, en fingir ser una persona deseada y valorada (muchas mujeres/hombres pelean por él/ella y si tú eres inteligente pelearás por su amor); por otro, alentar el pensamiento “nosotros” contra “los otros” a los que describirá como malas personas envidiosas de un amor tan fuerte. Lamentablemente, muchas mujeres y hombres que se encuentran en estado de confusión producto del lavado de cerebro y la erosión identitaria caen en la trampa. Es importarte entonces preguntarse: ¿Lograré advertir a la otra (o el otro) que la/lo va a destruir o usará todo lo que yo le diga para triangularla/lo conmigo?

Hay un hecho que debemos entender lo antes posible para recuperar una vida feliz: nunca tendrás un cierre normal con un sociópata, psicópata o narcisista. Hagas lo que hagas, habrá daños. Si te callás, muchas personas no te volverán a dirigir la palabra porque le habrán creído y  tu expareja, validado por su club de fans, volverá a causar daños sin frenos. Si hablas, también te calumniarán y muchos te dejarán de lado pero otros tomarán nota de lo que digas y se manejaran con precaución. Algunos lectores nos han escrito diciéndonos que fueron advertidos por ex parejas, que al comienzo no les creyeron, pero cuando vieron los primeros síntomas extraños, recordaron sus palabras y, sin dudar tanto, abandonaron la relación antes de llegar a sufrir el abuso extremo de aquellos que pasan años en este tipo de uniones.

No te podemos decir que hacer. Debes evaluar los pros y los contras, sobre todo si tus hijos o tu trabajo están en el medio. Asesórate con abogados, consejeros profesionales, trabajadores sociales y psicólogos antes de actuar. Hirigoyen y otros autores advierten que hay huecos legales y sociales que no favorecen a la víctima por lo tanto es crucial crear conciencia sobre este tema para revertir la falta de leyes y de información. Curiosamente, para crear conciencia el silencio no es lo mejor. Asimismo, todos aquellos que lograron algún tipo de validación de sus relatos, indefectiblemente se sienten mejor. No siempre se consigue pero piensa esto: si ya te quitó todo (tu paz mental, tu reputación, tu inocencia y tu amor sin condiciones) si ya no te queda nada por perder, pues…tienes todo por ganar. Haz lo que creas correcto, lo que te parezca aceptable, saludable y realista. Y una vez que hayas tomado la decisión entiende que ninguna será perfecta y que nunca se sale sin rasguños de este tipo de experiencia porque el fin último de estos seres desde el mismo momento en que comenzaron a seducirte fue dañarte. Te deseamos suerte en lo que hagas. Y si logras exponerlo con éxito, si logras justicia…comparte la receta.

Compartiendo la crianza de hijos con un psicópata o narcisista.

Los psicópatas y narcisistas desafortunadamente tienen hijos y usan los mismos trucos con ellos pero de distinta manera. Así como halagan a sus colegas para que bajen la guardia y seducen a través de la imitación en espejo a sus parejas, ellos manipulan y usan a sus hijos para obtener diversos beneficios. Los niños o adolescentes no tienen forma de tener contacto cero, tampoco los padres a cargo. Es entonces cuando la terapia o el apoyo de grupos y pares se hace absolutamente necesario.

  • Tienen una relación de poder sobre sus hijos.

En una relación normal, los padres y los hijos tienen influencia los unos sobre los otros. El padre psicópata o sociópata ejerce su poder en forma absoluta porque considera a sus hijos como cosas que le pertenecen. Aplican técnicas de lavado de cerebro y manipulación que a los niños les resulta difícil distinguir pero que les producen una gran angustia difusa.

  • Nunca colaborarán para criar al niño en forma conjunta, crearán conflictos para dividir.

En otras palabras, su prioridad principal sera deshacer todos tus esfuerzos como padre o madre para que fracases en su crianza y pueda probar que no estabas apto para la tarea. Ésta es una batalla muy solitaria para el padre a cargo y que conlleva mucho sufrimiento.

  • Usarán a sus hijos como armas sin importarle las consecuencias que puedan sufrir.

Para un padre psicopáta los niños son como misiles a distancia, los usa para crear conflicto y disfrutar del drama. Ellos estudian bien a sus hijos y saben que botones tocar para ir en contra del padre a cargo.  Aquí es donde debe intervenir un terapeuta especializado en relaciones abusivas. Si no es especialista en el tema puede ser también víctima del relato del sociópata.

  • No aman a sus hijos pero demandan amor a cambio.

Aun cuando el niño, inconsciente de la verdadera identidad de su padre, lo adore, el padre sociópata o narcisista lo hará sentir que el amor que le brinda nunca es suficiente.

  • Usarán a sus hijos para exhibirlos a las nuevas parejas para dar una buena imagen de si.

Los psicópatas convencen a sus nuevas parejas de que los padres/madres que quedaron a cargo son negligentes y que ellos son realmente los padres que velan por sus hijos. De esta manera triangulan a la nueva pareja con sus hijos y sus exparejas para continuar con su ciclo de destrucción.

  • La batalla por la tenencia es solo un pasatiempo para sentir que te ganaron.

Ellos no tienen nada que perder y usarán cualquier mentira, incluso testigos falsos, para obtener la tenencia. Si la consigue, los dejará a cargo de su nueva pareja o incluso de algún familiar. Si tu consigues la tenencia, usará esto como excusa para hostigarte ya que no podrás tener contacto cero. Compartir la crianza de hijos con psicópatas, sociópatas o narcisistas es lo más cercano a vivir en el infierno.