Hijos de madres narcisistas y sociópatas

Ya hemos hablado de padres narcisistas y psicópatas. En general son difíciles de detectar pero no tanto como reconocer a una madre con esas características. Las madres narcisistas y psicópatas cuentan con una ventaja adicional: la creencia popular de que las mujeres por ser capaces de dar vida automáticamente son empáticas y cariñosas. En más de un 90% de la población esto puede ser verdad (con matices, por supuesto) pero hay mujeres con desordenes de personalidad, que se autoreconocen como sociópatas o narcisistas y que aun así deciden tener hijos por diversos motivos: por tener “agarrado” a un hombre rico, por tener alguien que la cuide en su vejez, por tener más fuentes de ingreso, para disimular su doble vida o simplemente por capricho. El daño que causan estas mujeres en sus hijos es devastador porque el abuso y la erosión identitaria se prolongan tanto en el tiempo sin ser descubiertos que para cuando los miembros de la familia se dan cuenta de la dinámica perversa de la misma es probable que hayan desarrollado patologías como estrés postraumático complejo (una variante complicada del EPT), fobias, depresión, etc. Después de todo el narcisista o sociópata repitió este ciclo de abuso con sus hijos millones de veces desde su nacimiento y desarticularlo se vuelve complicado.

Las madres narcisistas puede clasificarse en controladoras, o sea, las que quieren dominar todos los aspectos de la vida de sus hijos; o en negligentes, aquellas que abandonarán sus funciones de madre negando contención emocional. Las madres narcisistas con un perfil más controlador tratan de sesgar todos los vínculos de sus hijos con personas sanas para que crean que esa realidad que viven a diario (triangulaciones con sus hermanos o familiares, castigos verbales o físicos cuando no hacen lo que el narcisista decide que hay que hacer, silencios prolongados para forzar un cambio de actitud) es lo normal y no se puede cambiar. Llegan a hablar mal de sus hijos frente a amigos o familiares para aislarlos. En otras ocasiones, cuando la madre tiene un perfil más negligente, pretenderá que sus hijos se hagan cargo de todas las cuestiones de la casa y del mundo adulto para que ella pueda dedicarse a la diversión y el ocio. Sin embargo, cada tanto montará alguna puesta en escena para exhibirse como una madre dedicada frente a los demás. En ambos perfiles de madres, cuando la niña o niño comienza a darse cuenta de que algo está mal e intenta poner distancia, utilizarán la culpa para hacerlos volver a su centro de locura y control.

El curso de acción para comenzar a tratar el abuso narcisista es la reducción o eliminación del contacto; sin embargo, muchos miembros de familias narcisistas se sienten culpables de hacer esto y terminan abandonando la terapia.  Además muchos otros familiares que no logran aceptar que hay algo mal tienden a culpabilizar a la verdadera víctima sumiéndola en la disonancia cognitiva y en la inacción. Lamentablemente esto sucede por la falta de información que hay sobre estos desórdenes.

Una psicoterapeuta que aborda el tema, pero más bien centrándose en la relación madre narcisista-hija mujer, es Karyl McBride en “Madres que no saben amar”. “Esta casa no será nunca lo que tú quieres que sea”; “no importa lo que te esfuerces, tu cuerpo nunca será perfecto”; “siempre fuiste una retrasada en matemática, ahora eres negada en economía”; “no te das cuenta que eres una fracasada, cómo quieres que te quieran”. Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose, nunca sienta que lo ha hecho suficientemente bien, ni que merece ser reconocida. Según esta autora el narcicismo de las madres daña más a las hijas que a los hijos. Esto sería porque la madre ve en su hija una extensión de sí misma en lugar de una persona independiente. Esto no siempre es así. Las madres narcisistas y psicópatas siempre eligen a un “favorito” y a “chivos expiatorios”. El género no es la variable principal para ocupar esos roles perversos que la madre diseña sino la utilidad que sus hijos puedan tener como suministro (“niño favorito”) o la capacidad de ver detrás de la máscara de su madre (chivo expiatorio).  La autora explica de forma excelente sus rasgos característicos:

  • Tienen una idea grandiosa de su propia importancia, es decir, exageran sus logros y talentos y esperan que los otros se los reconozcan.
  • Están obsesionadas con fantasías de éxito, poder y belleza ilimitado.
  • Creen que son especiales y únicas. Desprecian al resto porque son tontos o insulsos.
  • Requieren una admiración excesiva.
  • Creen que están en su derecho de recibir un trato especial.
  • Son explotadoras interpersonales o sea se aprovechan de los demás para alcanzar sus metas.
  • Carecen de empatía; no están dispuestas a reconocer los sentimientos y necesidades de los otros.
  • Con frecuencia envidian a otros y creen que los otros las envidian.
  • Muestran arrogancia, actitudes o modales altaneros.
  • Sus necesidades están primero.
  • Fingen ser buenas madres y buenas esposas pero en la intimidad maltratan, triangulan, abusan a sus más cercanos. Muchas son promiscuas pero logran que pocos sospechen.

Con características así es difícil que una hija o hijo logre una conexión especial con su madre y las consecuencias no se dejan esperan: esa hija tratará bajo todos los medios de ganarse el amor de su progenitora, obtener su atención y nunca sentirá que es capaz de complacerla. Y el daño se va expandiendo, porque esa madre siempre pondrá sus opiniones por sobre la de sus hijos, nunca los apoyará para que sean independiente, y toda la familia girará en torno a ella. Si uno pregunta ¿dónde está el padre? La respuesta evidente es que ese esposo también gira en torno a la madre, porque una narcisista necesita un cónyuge que le permita ser el centro de atención si se desea que ese matrimonio sobreviva. A menudo estos padres están totalmente sobrepasados y les piden a sus hijos que “aguanten” las peculiaridades de la madre para evitar tensión y drama. En la mayoría de los casos, esa hija o hijo en su adultez será muy autoexigente, vivirá permanentemente en guardia y no velará por su propio cuidado. Es más, tenderán a buscar la aprobación que nunca tuvieron y se convierten en blancos atractivos de parejas narcisistas o sociopáticas.

La buena noticia es que este daño se puede reparar y esto pasa por tomar conciencia del problema, aceptar que esa madre mentirosa e insensible nació así y no va a cambiar aunque ella o él le brinden amor incondicional como hijos, no culparse, separarse de ella, vivir el duelo, buscar ayuda profesional y tener la certeza de que no va a repetir las conductas de su madre porque, a diferencia de su progenitora, el hijo o la hija sí tienen empatía.  Un libro que recomendamos para aquellos que no solo sufrieron la manipulación y el abuso psicológico típico sino también maltrato extremo como golpes físicos o ataques sexuales (las madres narcisistas negligentes suelen traer a sus múltiples parejas a la casa y no prestan atención si estos hombres abusan de sus hijas) es el de la Dra. Judith Herman “Trauma y recuperación”. No es un libro fácil en el sentido emocional ya que los relatos son crudos pero sí es revelador y brinda esperanzas aún para personas sobrevivientes de madres y padres psicópatas sádicos. Es recomendable tanto para víctimas como también para terapeutas que se quieran especializar en sobrevivientes de violencia doméstica y abuso sexual. Divide el proceso de recuperación en tres partes: establecer seguridad y empoderamiento en el paciente; duelo y revisión del pasado (esto se hace luego de brindarle contención y seguridad para que no se descompensen); y por último la reconexión con una nueva vida y con vínculos que le brinden seguridad. El libro de Herman merece ser tratado con exhaustividad en una próxima entrada sobre recuperación del estrés postraumático pero no queríamos dejar de mencionarlo ya que entiende que el abuso de un niño, cuyo su psiquismo está en desarrollo y es una arcilla demasiado moldeable, es uno de los más terribles, más aun que el que sufren las parejas de personas con psicopatía o narcisismo. Asimismo, incluye muchas técnicas terapéuticas de interés para investigar y elegir el tratamiento que le parezca más conveniente.

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