Encuesta sobre abuso psicopático y narcisista

Tenemos el resultado de una primera encuesta que organizamos en nuestra página de Facebook, por cierto, muy general, sobre abuso psicopático y narcisista. Contestaron 780 personas, algunos prefirieron no contestar todas las preguntas. La primera pregunta era para conocer quién fue la persona abusiva en tu vida a la que una abrumadora mayoría respondió: pareja (77,5%), seguido por progenitor/a o familiar (13%), amigo/a (6%) y colega o jefe (3,5%). No preguntamos si se daban combinaciones del tipo pareja y jefe o colega, eso hubiera sido importante. Asimismo, estos resultados no significan que psicópatas y narcisistas abusan más de sus parejas que de otras personas, de hecho, los hijos frutos de la relación claramente sufren, de estos números solo podemos inferir que quienes leen esta página son adultos que han padecido abuso en relaciones de parejas. La segunda pregunta apuntaba a saber cómo te diste cuenta del abuso, y, lamentamos decir que los resultados no nos asombran, la mayoría se enteró por internet (58,8%), seguido por un terapeuta o médico (21,6%), persona amiga (12,5%) y, por último, muy atrás, los medios masivos con solo un 6,9%. Es claro que los medios no tienen interés en informar sobre el tema. La tercera pregunta (¿Cuánto tiempo tardaste en darte cuenta de la relación abusiva que vivías?) arrojó resultados algo más parejos, pero el grueso estuvo en la franja de uno a cinco años (36,2%), también hubo muchas personas que marcaron más de 10 años aclarando que fueron más de 30. La cuarta pregunta era sobre la recuperación, un 40,9% siente que todavía está en proceso de recuperarse, y un 22% siente que todavía no lo ha logrado. Es muy importante mencionar que, en esta pregunta, los hijos de psicópatas y narcisistas aclararon que el estrés postraumático lo llevan de por vida. La pregunta número cinco indagaba sobre el contacto o el no contacto con la persona abusiva. Una gran proporción de respuestas aseguran que tienen contacto cero, del tipo absoluto (45,1%) y absoluto con ocasionales intentos de contacto desde la otra parte (21,2%), el contacto mínimo representa un 17,5% y quienes mantienen contacto son un 15%. Estas cifras son interesantes de ver ya que tienen relación con la pregunta anterior, si todavía hay contacto, es mucho más compleja la recuperación. Finalmente, la pregunta número seis era si ahora te dabas cuenta que había más personas con esas características a tu alrededor, las respuestas fueron abrumadoramente afirmativas con un 51,6% de “sí, varias personas”, y un 33,5% de “sí, pero pocas personas”.

Esta encuesta pretende ser solo un comienzo para cuantificar lo que nos sucedió, en la medida que el abuso se vea como números contundentes, podremos lograr que este tema obtenga la atención que se merece por parte del estado, los centros de salud, las escuelas, las empresas, etc. Al pie de la página te dejamos los gráficos. ¿Y tú qué opinas de estos resultados? ¿Son lo que más o menos suponías? ¿Son distintos? Gracias por tu ayuda.

 

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El refuerzo intermitente en las relaciones con psicópatas y narcisistas

¿Te sorprendió con una escapada de fin de semana después de varios días de castigo del silencio? ¿Te contó algo triste que le sucedió tras semanas de desvalorización? ¿Te dio un regalo costoso después de una rabieta explosiva o mostró preocupación tras horas de críticas? ¿Qué tienen todas estas acciones en común? En el contexto de una relación abusiva, son demostraciones de refuerzo intermitente, una táctica de manipulación peligrosa que se utiliza para mantener a la víctima pendiente de la aprobación y el “cariño” de la persona abusiva.

En 1956 psicólogo B.F. Skinner descubrió que el comportamiento de los mamíferos se veía influido por recompensas o castigos, pero que existía una forma específica de otorgar recompensas que podía hacer que esa conducta persistiera en el tiempo: el refuerzo intermitente, un programa de recompensas que no son previsibles, sino azarosas. Descubrió que las ratas de su laboratorio presionaban una palanca con alimento de manera más constante cuando no sabían si vendría el alimento como premio. En términos más simples, cuando sabemos que nos espera una recompensa luego de llevar a cabo una determinada acción, tendemos a trabajar menos duro por ella. Sin embargo, cuando el momento de la recompensa o la certeza de que lo obtendremos es impredecible, tendemos a repetir ese comportamiento con más entusiasmo, con la esperanza de obtener un buen resultado final. Este mismo fenómeno se observa claramente en el comportamiento en los jugadores compulsivos de todo tipo de juegos (tragamonedas, videojuegos) y es el mismo principio que aplican Facebook o Twitter, cuando no siempre muestran nuestras publicaciones, y de esa manera, al no obtener los “likes” de tus amigos de forma previsible, te mantienes subiendo material, lo cual es el negocio de estas empresas. El refuerzo intermitente también lo aplican hombres y mujeres de negocios como forma de mantener en ascuas a sus empleados para que rindan más. Lo que estas empresas y empresarios saben es que nuestro cuerpo libera mucha más dopamina cuando la recompensa es impredecible que cuando es segura. La dopamina es un neurotransmisor que además de intervenir en las funciones motoras de nuestro organismo, también nos da placer, de hecho, su falta, puede traer como consecuencia depresión y ansiedad, entre otros problemas de salud.En una relación con un narcisista o psicópata integrado el refuerzo intermitente, esta liberación masiva de dopamina, se alterna con castigos como el silencio, el desprecio, las críticas, la triangulación y el gaslighting (o luz de gas). Estos castigos hacen que tu cuerpo produzca adrenalina, noradrenalina y cortisol, las sustancias involucradas en la respuesta cuando estás en peligro y bajo estrés que si bien son necesarias cuando tienes que lidiar con una amenaza real, cuando permanecen en tu cuerpo por mucho tiempo, como cuando sufres abuso prolongado, no solo te hacen sentir emocionalmente cada vez peor sino que tu cuerpo comienza a tener todo tipo de síntomas de otras afecciones, por lo tanto, tu cerebro comienza a necesitar con desesperación la dopamina que el refuerzo intermitente de esa persona abusiva te da, en un intento de sobrevivir. Esta alternancia de ciclos de luna de miel y maltrato explica el por qué trabajamos más duro para mantener esa relación: deseamos desesperadamente volver a la fase de idealización que la persona abusadora nos procuró al comienzo de la relación para aliviar el mismo malestar que nos produce en la fase de devaluación.
Asimismo, los actos esporádicos de amabilidad de la persona abusiva no solo nos suben la dopamina, sino que nos hacen desconfiar de nuestros propios instintos acerca de la verdadera cara siniestra que muestran durante los momentos de maltrato. Al dar afecto, lástima o aliento de vez en cuando, ese comportamiento positivo esporádico se amplifica ante los ojos de sus víctimas que vuelven a confiar, y a tener esperanzas de que la persona abusiva pueda cambiar. Sin embargo, para todos los especialistas en el tema, está claro que éstas son estratagemas para seguir abusando, no son signos de redención. Estos períodos intermitentes de bondad están integrados en el ciclo de abuso como una forma manipular a las víctimas (hijos, cónyuges, empleados) para que permanezcan como suministro de sus caprichos. Recuerda que las personas abusivas pueden dañarte deliberadamente para luego venir a tu rescate y quedar como héroes o heroínas ante el mundo.

Por último, el refuerzo intermitente se usa para fortalecer lo que se conoce como vínculo traumático, un vínculo creado por la experiencia emocional intensa de la víctima que lucha por sobrevivir buscando erróneamente la validación del abusador. Los vínculos por trauma mantienen a las víctimas atadas a sus abusadores incluso durante actos de violencia psicológica o física, porque la víctima está disminuida, aislada y programada para confiar en el abusador a través del refuerzo intermitente, del lavado de cerebro y la luz de gas. Las víctimas fueron condicionadas a buscar en esas personas abusivas la medicina para el veneno que les inocularon sin que lo detectaran.

Para romper el vínculo traumático, es esencial que la víctima de abuso busque apoyo y obtenga un espacio seguro lejos de la persona abusiva, ya sea con contacto cero o con contacto mínimo en los casos en que existan hijos en común o un trabajo que momentáneamente no se pueda abandonar. La forma más poderosa de curarse de la incertidumbre creada a partir del refuerzo intermitente es comprender de una vez por todas que estamos tratando con una persona narcisista o psicópata, y que todavía hay mucho desconocimiento sobre el tema. Los sobrevivientes necesitan trabajar con un profesional que sepa sobre vínculos traumáticos con personalidades abusivas, que los ayude fehacientemente a reconocer el abuso, que les dé permiso para sentir la ira y la indignación que callaron por años, que les ayude a canalizar estas emociones tan fuertes, y que les recuerden que deben permanecer lejos de quienes gozaron con su abuso.

Autores: ShivaShakti

La psicopatía y el narcisismo tienen una fuerte base neurológica

La psicopatía y el narcisismo tienen una base neurológica. En mayor o menor medida las personalidades tipo B sufren una pérdida de actividad en el sistema límbico, y una disminución de la actividad en la corteza orbital y la corteza prefrontal ventromedial adyacente, la parte del cerebro que se encuentra justo sobre ojos y nariz. También tienen una actividad anormal en la amígdala al final del lóbulo temporal, y actividad menor en una pequeña franja del giro cingulado que conecta la corteza orbital y la amígdala (ver imágenes de la resonancia magnética funcional del encabezado de esta nota). Los científicos discuten si esto es algo de origen genético, o si este funcionamiento deficitario del cerebro es producto de una crianza, o bien abusiva, o bien demasiado permisiva (ambos casos han sido propuesto por psicólogos y psiquiatras que investigan el tema) durante los cuatros primeros años de vida, etapa en la cual el cerebro es absolutamente plástico. Seguir insistiendo en que la psicopatía y el narcisismo son meras “formas de ser” es un error, lo correcto sería decir que este funcionamiento cerebral deficitario se “traduce en una forma de ser” que generalmente hace daño a quienes conviven con psicópatas y narcisistas. Sin embargo, esto que afirman muchos científicos no significa que estén enfermos y que no puedan evitar hacer lo que hacen ya que las áreas ejecutivas del cerebro, y las áreas que juzgan si el propio accionar es ético o no, dañino o no, están en perfecto estado, por lo que hay un alto grado de elección personal en todo lo que hacen, es decir, SON RESPONSABLES Y CONSCIENTES DE SUS ACTOS. Hay investigadores como el Dr. Kent Kiehl, y el Dr. George Simon que creen que, si bien el cerebro adulto no es tan plástico como el de los niños, si se lo ejercitara, estos pacientes con desórdenes de personalidad tipo B podrían desarrollar nuevas conexiones neuronales que ayudarían a controlar la impulsividad y a desarrollar algo de empatía. Este tipo de cambios en la estructura neuronal es más común de lo que parece, por ejemplo, cuando una persona sufre un ACV, e inmediatamente se la hace practicar con diversas terapias, logra recuperar muchas funciones aun cuando el área que regula esa función en el cerebro esté irreversiblemente dañada, es decir, otras áreas del cerebro asumen el control de esa función. Pero para que esto suceda, hay que trabajar y trabajar con voluntad y empeño. En el caso de psicópatas y narcisistas no les interesa ningún cambio, ni ningún trabajo duro, debido a la distorsión que tienen en su auto percepción, no creen que exista nada malo en ellos, simplemente desconocen cómo se ve y se siente el mundo con un cerebro no deficitario, si por un momento tuvieran esa percepción se darían cuenta de todas las funciones de las que carecen. Y es en este aparente callejón sin salida donde nos queremos detener: hasta el momento, psicópatas y narcisistas no se han hecho tratar porque históricamente volaron bajo radar, no se los detectaba. Ahora, las cosas están cambiando, en un par de años más, la mayor parte de la población los va a reconocer, y no los va a querer cerca, nadie quiere tener a su lado a una persona con hábitos predatorios, las empresas no los van a contratar, sus familiares los van a dejar, los vecinos los van a evitar, los votantes no los van a votar, etc. ¿Y qué pasará si esto ocurre? Pues que habrá una sola elección posible: o tratamiento u ostracismo social. Entonces, solo entonces, comenzaremos a ver cambios. Por el momento, la única forma de relacionarnos con ellos es el contacto cero o el contacto mínimo.

Copyright Shiva Shakti

Un testimonio valioso

Hola amigas y amigos


Hemos decidido volver a compartir algo de material en el blog además de lo que hacemos en nuestra página de Facebook 

https://www.facebook.com/comunidadsobreviviendoapsicopatasynarcisistas/


Hoy reproducimos con permiso de una página amiga “Mereces Saber” el siguiente testimonio que nos pareció muy valioso: 

blog silvia

“Me enamoré locamente de uno. Me costó mucho dejarlo, pero PUDE.

Si te cruzás con uno de “ellos” en el comienzo recibirás de su parte un verdadero bombardeo amoroso. Tienen una sorprendente habilidad para captar cuáles son tus necesidades y convertirse exactamente en eso que tanto deseás. Creerás que encontraste a la persona perfecta y te hará creer también que sos la mujer de su vida. Todo seráintenso y desmesurado.

Deberás estar muy atenta, irá dando señales de quien realmente es, aunque te costará advertirlas.De a poco comenzará el maltrato sutil, pero la alternancia con el bombardeo amoroso te sumirá en una espiral de confusión. Dudarás de tus percepciones, no podrás creer que esa persona no es quien pensabas que era.Tu corazón se dará cuenta, te advertirá que algo no está funcionando bien. Escuchalo, no lo subestimes.Si él es uno de “ellos”, te mentirá, te manipulará, te engañará, no le importará herirte ni sentirá remordimientos por hacerlo, será desconsiderado, egoísta sin límites, te celará, se creerá superior, te descalificará, se quejará y te culpabilizará. Serás testigo de su absoluta falta de empatía. Vivirás tensa e insegura, te esforzarás por complacerlo pero nada será suficiente.“ELLOS” son psicópatas integrados, cuerpos sin alma, seres incomprensibles y oscuros. No están enfermos, esa es su forma de ser, jamás cambiarán.

Leé, informate, tomá conciencia, alejate de él y recuperá la paz en tu vida.El maltrato psicológico también deja cicatrices, también es violencia.”


Este es el testimonio en primera persona de una integrante de Mereces Saber. 

Hijos de madres narcisistas y sociópatas

Ya hemos hablado de padres narcisistas y psicópatas. En general son difíciles de detectar pero no tanto como reconocer a una madre con esas características. Las madres narcisistas y psicópatas cuentan con una ventaja adicional: la creencia popular de que las mujeres por ser capaces de dar vida automáticamente son empáticas y cariñosas. En más de un 90% de la población esto puede ser verdad (con matices, por supuesto) pero hay mujeres con desordenes de personalidad, que se autoreconocen como sociópatas o narcisistas y que aun así deciden tener hijos por diversos motivos: por tener “agarrado” a un hombre rico, por tener alguien que la cuide en su vejez, por tener más fuentes de ingreso, para disimular su doble vida o simplemente por capricho. El daño que causan estas mujeres en sus hijos es devastador porque el abuso y la erosión identitaria se prolongan tanto en el tiempo sin ser descubiertos que para cuando los miembros de la familia se dan cuenta de la dinámica perversa de la misma es probable que hayan desarrollado patologías como estrés postraumático complejo (una variante complicada del EPT), fobias, depresión, etc. Después de todo el narcisista o sociópata repitió este ciclo de abuso con sus hijos millones de veces desde su nacimiento y desarticularlo se vuelve complicado.

Las madres narcisistas puede clasificarse en controladoras, o sea, las que quieren dominar todos los aspectos de la vida de sus hijos; o en negligentes, aquellas que abandonarán sus funciones de madre negando contención emocional. Las madres narcisistas con un perfil más controlador tratan de sesgar todos los vínculos de sus hijos con personas sanas para que crean que esa realidad que viven a diario (triangulaciones con sus hermanos o familiares, castigos verbales o físicos cuando no hacen lo que el narcisista decide que hay que hacer, silencios prolongados para forzar un cambio de actitud) es lo normal y no se puede cambiar. Llegan a hablar mal de sus hijos frente a amigos o familiares para aislarlos. En otras ocasiones, cuando la madre tiene un perfil más negligente, pretenderá que sus hijos se hagan cargo de todas las cuestiones de la casa y del mundo adulto para que ella pueda dedicarse a la diversión y el ocio. Sin embargo, cada tanto montará alguna puesta en escena para exhibirse como una madre dedicada frente a los demás. En ambos perfiles de madres, cuando la niña o niño comienza a darse cuenta de que algo está mal e intenta poner distancia, utilizarán la culpa para hacerlos volver a su centro de locura y control.

El curso de acción para comenzar a tratar el abuso narcisista es la reducción o eliminación del contacto; sin embargo, muchos miembros de familias narcisistas se sienten culpables de hacer esto y terminan abandonando la terapia.  Además muchos otros familiares que no logran aceptar que hay algo mal tienden a culpabilizar a la verdadera víctima sumiéndola en la disonancia cognitiva y en la inacción. Lamentablemente esto sucede por la falta de información que hay sobre estos desórdenes.

Una psicoterapeuta que aborda el tema, pero más bien centrándose en la relación madre narcisista-hija mujer, es Karyl McBride en “Madres que no saben amar”. “Esta casa no será nunca lo que tú quieres que sea”; “no importa lo que te esfuerces, tu cuerpo nunca será perfecto”; “siempre fuiste una retrasada en matemática, ahora eres negada en economía”; “no te das cuenta que eres una fracasada, cómo quieres que te quieran”. Las consecuencias del actuar de esa madre serán que la hija esté siempre cuestionándose, nunca sienta que lo ha hecho suficientemente bien, ni que merece ser reconocida. Según esta autora el narcicismo de las madres daña más a las hijas que a los hijos. Esto sería porque la madre ve en su hija una extensión de sí misma en lugar de una persona independiente. Esto no siempre es así. Las madres narcisistas y psicópatas siempre eligen a un “favorito” y a “chivos expiatorios”. El género no es la variable principal para ocupar esos roles perversos que la madre diseña sino la utilidad que sus hijos puedan tener como suministro (“niño favorito”) o la capacidad de ver detrás de la máscara de su madre (chivo expiatorio).  La autora explica de forma excelente sus rasgos característicos:

  • Tienen una idea grandiosa de su propia importancia, es decir, exageran sus logros y talentos y esperan que los otros se los reconozcan.
  • Están obsesionadas con fantasías de éxito, poder y belleza ilimitado.
  • Creen que son especiales y únicas. Desprecian al resto porque son tontos o insulsos.
  • Requieren una admiración excesiva.
  • Creen que están en su derecho de recibir un trato especial.
  • Son explotadoras interpersonales o sea se aprovechan de los demás para alcanzar sus metas.
  • Carecen de empatía; no están dispuestas a reconocer los sentimientos y necesidades de los otros.
  • Con frecuencia envidian a otros y creen que los otros las envidian.
  • Muestran arrogancia, actitudes o modales altaneros.
  • Sus necesidades están primero.
  • Fingen ser buenas madres y buenas esposas pero en la intimidad maltratan, triangulan, abusan a sus más cercanos. Muchas son promiscuas pero logran que pocos sospechen.

Con características así es difícil que una hija o hijo logre una conexión especial con su madre y las consecuencias no se dejan esperan: esa hija tratará bajo todos los medios de ganarse el amor de su progenitora, obtener su atención y nunca sentirá que es capaz de complacerla. Y el daño se va expandiendo, porque esa madre siempre pondrá sus opiniones por sobre la de sus hijos, nunca los apoyará para que sean independiente, y toda la familia girará en torno a ella. Si uno pregunta ¿dónde está el padre? La respuesta evidente es que ese esposo también gira en torno a la madre, porque una narcisista necesita un cónyuge que le permita ser el centro de atención si se desea que ese matrimonio sobreviva. A menudo estos padres están totalmente sobrepasados y les piden a sus hijos que “aguanten” las peculiaridades de la madre para evitar tensión y drama. En la mayoría de los casos, esa hija o hijo en su adultez será muy autoexigente, vivirá permanentemente en guardia y no velará por su propio cuidado. Es más, tenderán a buscar la aprobación que nunca tuvieron y se convierten en blancos atractivos de parejas narcisistas o sociopáticas.

La buena noticia es que este daño se puede reparar y esto pasa por tomar conciencia del problema, aceptar que esa madre mentirosa e insensible nació así y no va a cambiar aunque ella o él le brinden amor incondicional como hijos, no culparse, separarse de ella, vivir el duelo, buscar ayuda profesional y tener la certeza de que no va a repetir las conductas de su madre porque, a diferencia de su progenitora, el hijo o la hija sí tienen empatía.  Un libro que recomendamos para aquellos que no solo sufrieron la manipulación y el abuso psicológico típico sino también maltrato extremo como golpes físicos o ataques sexuales (las madres narcisistas negligentes suelen traer a sus múltiples parejas a la casa y no prestan atención si estos hombres abusan de sus hijas) es el de la Dra. Judith Herman “Trauma y recuperación”. No es un libro fácil en el sentido emocional ya que los relatos son crudos pero sí es revelador y brinda esperanzas aún para personas sobrevivientes de madres y padres psicópatas sádicos. Es recomendable tanto para víctimas como también para terapeutas que se quieran especializar en sobrevivientes de violencia doméstica y abuso sexual. Divide el proceso de recuperación en tres partes: establecer seguridad y empoderamiento en el paciente; duelo y revisión del pasado (esto se hace luego de brindarle contención y seguridad para que no se descompensen); y por último la reconexión con una nueva vida y con vínculos que le brinden seguridad. El libro de Herman merece ser tratado con exhaustividad en una próxima entrada sobre recuperación del estrés postraumático pero no queríamos dejar de mencionarlo ya que entiende que el abuso de un niño, cuyo su psiquismo está en desarrollo y es una arcilla demasiado moldeable, es uno de los más terribles, más aun que el que sufren las parejas de personas con psicopatía o narcisismo. Asimismo, incluye muchas técnicas terapéuticas de interés para investigar y elegir el tratamiento que le parezca más conveniente.