Nuevos descubrimientos científicos sobre psicopatía y narcisismo

La palabra empatía proviene del término alemán Einfülung que refiere a la habilidad de “sentir al otro desde adentro”. La empatía tiene dos componentes, uno afectivo y otro cognitivo. Esto llevó al neurocientífico Simon Baron-Cohen a determinar, luego de investigaciones que incluyeron el diagnóstico por imágenes, que se puede hablar de una empatía cognitiva, aquella que reconoce a nivel de percepción lo que le sucede a la otra persona; y de una empatía afectiva, aquella que nos hace entrar en resonancia con la situación y los sentimientos del otro. En sus estudios demostró que aquellos que presentan estructuras psicopáticas tienen desarrollada la empatía cognitiva, es por eso que reconocen las motivaciones, los miedos y los anhelos de las personas a las que van a explotar, y por esta misma habilidad, también aprenden a imitar las emociones humanas. Lamentablemente, no tienen desarrollada la empatía afectiva, no entran en resonancia con los sentimientos de los demás, no se pueden poner en su lugar.

Sin embargo, esta falta de empatía emocional, no explicaría por qué hacen año, ya que una cosa es una insensibilidad emocional que, por cierto, es bastante incapacitante a nivel de relaciones humanas, y otra cosa totalmente distinta es gozar con la ruina ajena. Es en este punto donde otros investigadores como el psicólogo Paul Ekman, y la psicóloga Nancy Eisenberg, se concentraron estudiando si la empatía es una condición sine qua non de la compasión. Tener la habilidad de empatizar con el otro, de entrar en resonancia afectivamente, puede claramente estimular el amor, la compasión y el altruismo; pero no siempre. El psicólogo Daniel Batson demostró con su modelo de múltiples empatías que no siempre la empatía afectiva lleva a las buenas acciones, él llama “distrés empático” a la empatía afectiva que hace que una persona, por sentirse abrumada de sentimientos, se paralice, y lejos de ayudar, decida retirarse de una situación en la que podría colaborar debido a la intensidad de sus sentimientos empáticos; por el contrario, un individuo con lo que este científico llama “empatía que solo reconoce los estados internos de una persona” (la cognitiva) podría mantener la sangre fría en una emergencia y salvar la vida de muchas personas. ¿Confuso? Pues sí, pero buscamos entender, buscamos evidencias reales de lo que sucede en el cerebro de narcisistas y psicópatas, y las respuestas simples, no siempre son exactas o reales. Sigamos entonces.

Quien vino a echar luz sobre esta aparente paradoja es la neurocientífica Tania Singer, Directora del Instituto Max Planck de Neurociencias y Cognición Humana de Leipzig, quien demostró a través del estudio de cuidados experimentos que no vamos a detallar acá por su longitud, pero que puedes buscar en internet, que las áreas cerebrales y las vías neuronales que intervienen en los actos altruistas, compasivos, benevolentes, son totalmente independientes de las áreas cerebrales en las que se da el fenómeno empático, sea el cognitivo o el afectivo. Es decir, si bien psicópatas y narcisistas deberían hacer un esfuerzo extra para hacer el bien a una persona porque “no lo sienten desde adentro”, son plenamente capaces de entender lo que esa persona necesita, y podrían elegir ayudarla, estas áreas que intervienen en las buenas acciones no parecerían estar dañadas en psicópatas y narcisistas. Más aún, estas áreas que impulsan la respuesta altruista son áreas de mucha plasticidad que pueden ser entrenadas, de hecho, esta investigadora está involucrada en un proyecto llamado ReSource que intenta desarrollar facultades cognitivas y socio afectivas para fomentar el comportamiento prosocial y la compasión.

Tal vez el problema más grande de psicópatas y narcisistas no resida tanto en la falta de empatía sino en la incapacidad de sentir amor, entendido a nivel biológico como la interacción de ciertas áreas del cerebro que incluyen aquellas ligadas a la empatía, al amor paternal/maternal y a los refuerzos positivos con un polipéptido llamado oxitocina que es conocido como la molécula de los lazos afectivos (se secreta durante la lactancia, también con una buena charla, con las caricias). Lamentablemente, psicópatas y narcisista secretan muy poca oxitocina, tienen muy bajos niveles de esta molécula. La Doctora en Neurobiología Sue Carter se ha dedicado al estudio de este neuropéptido, y junto con su equipo descubrieron que los topos de pradera, que son monógamos y cuidan cariñosamente de sus crías, tienen una buena concentración de oxitocina en sus organismos, mientras que los topos de montaña, que no son monógamos y no crean lazos con sus crías, no tienen un buen nivel de esta molécula. Asimismo, cuando el equipo de esta investigadora incrementó artificialmente los niveles de oxitocina de los topos de montaña, estos se volvieron buenos cuidadores de sus crías y desarrollaron vínculos monógamos. El Doctor Kent Kiehl, uno de los científicos más importantes en el área de psicopatía, tiene esperanzas de que con ciertas terapias que se han desarrollado específicamente para el tratamiento de desórdenes del tipo B, y con la inhalación de oxitocina sintética, muchos psicópatas, aun los que están presos, puedan lograr un nivel de rehabilitación aceptable. Él lleva adelante un programa en cárceles que ha evitado la reincidencia de presos que fueron diagnosticados como psicópatas. Puedes buscar más sobre este programa en la página del Doctor Kiehl.

A menudo escuchamos que “no están enfermos” que es “solo una forma de ser”, que es un desorden (un conjunto de síntomas que pueden o no variar con el tiempo que no tienen por qué estar ligados con patologías subyacentes. Es decir, algunos síndromes pueden ser la manifestación de una enfermedad, pero otros no, ya que sus causas pueden ser tanto biológicas como sociales), que es un trastorno (en términos genéricos, por trastorno puede entenderse simplemente una alteración del estado de salud normal debido o no a una enfermedad. El ámbito en el que es más frecuente hablar de trastornos es del de la salud mental. Un trastorno mental suele ser entendido como un cambio desadaptativo y, por tanto, problemático que afecta a los procesos mentales). La ciencia parecería apuntar a que no es una mera forma de ser ya que hay áreas del cerebro muy comprometidas, por lo tanto, tampoco sería un desorden, la mayoría de los grandes investigadores lo consideran un trastorno, pero esto no convierte a aquellos diagnosticados como narcisistas o psicópatas en esclavos de su biología, puesto que si las áreas del cerebro que dirigen las acciones, que deciden lo que está bien y lo que está mal, están conservadas, más aun, pueden ser trabajadas y mejoradas, entonces sí hay una elección personal, son responsables absolutos de decidir hacer daño, aún con sus deficiencias biológico-afectivas.

La ciencia está haciendo esfuerzos titánicos para encontrar soluciones tanto para las personas que presentan estos comportamientos destructivos como para los que sufrieron su abuso. Los científicos no se quedan con meras hipótesis que nos pueden brindar falsas certezas, falsas tranquilidades, buscan evidencias tangibles y pruebas irrefutables, de lo contrario nunca llegaremos a un verdadero conocimiento sobre este tema. Nosotros, como sobrevivientes, debemos mantenernos abiertos y actualizados; cuanto más sepamos y difundamos, sin aferrarnos a una única idea, mejor podremos ayudar a prevenir y a controlar futuros daños.

Copyright Shiva Shakti 2019,

Advertisements

¿Es realmente triangulación? ¿Es abuso?

Muchas personas nos preguntan: ¿cómo me doy cuenta que me están triangulando? Puede parecer extraño, pero no lo es. Las víctimas que todavía no logran ver en la nube de abuso que están viviendo, ya no saben qué es realidad y qué es ficción. Veamos entonces algunas características de este mecanismo de tortura psicológica:

• La triangulación no significa necesariamente infidelidad y no ocurre solo en relaciones románticas. Esta técnica también la emplean los progenitores psicópatas con sus hijos cuando eligen a uno como preferido para compararlo constantemente con los demás así los más “rebeldes”, quienes ven con más claridad la dinámica perversa familiar, deseosos de volver a tener el “cariño” de su padre o madre (después de todo son niños y necesitan de ese vínculo), se amoldan y se someten. También nos triangulan jefes cuando van variando las alianzas con sus empleados para que todos compitan contra todos, o los políticos cuando instalan temas controvertidos adrede para dividir a la población, así, mientras los ciudadanos se pelean entre sí, los políticos en cuestión se dedican a actividades de su interés que “deben” pasar desapercibidas.

• La triangulación es manifiesta. ¿Qué quiere decir esto? En las relaciones románticas, una persona que no cree en la monogamia, te lo dice desde el comienzo, y tú decides si te interesa ese tipo de relación. Si, por el contrario, una persona cree en la monogamia, pero por equis motivos te fue infiel, sabiendo que eso te devastaría tratará desesperadamente de que no te enteres. Pues bien, un/a psicópata quiere que te enteres en forma parcial, para luego negártelo. Suelen dejar abierto el chat para que tú leas una conversación subida de tono, e inmediatamente te dirá, en tono dulce, que son bromas de colegas; o se va a Paris por trabajo, cena a solas con un/a cliente atractivo, y por supuesto te lo cuenta, no por honestidad, ya que si no pasara nada con ese/a cliente no tendría por qué contarte, y tú jamás te habrías enterado porque estaba muy lejos. ¿Qué pasa entonces? Te desesperas, le preguntas qué paso, te dice, sin mucha seguridad, que no pasó nada, pero recalca que es una persona encantadora, no entiendes si lo que escuchas es “sí” o es “no”, te angustias, te acusa de estar haciendo una escena, te reprocha que siempre desconfías, tú terminas pidiéndole perdón. Ha conseguido una victoria más.

• La triangulación logra que quienes son triangulados (tú, y las otras partes también) se esfuercen en dar lo mejor de sí a la/el psicópata. Si eres empleado, crees que el verdadero enemigo es tu colega, y tu colega piensa lo mismo de ti. Compiten para entregar el mejor proyecto, y cuando lo hacen, el/la psicópata toma las mejores ideas de ambos, arma su propio proyecto, y se queda con el crédito, y ni pienses en denunciarlo, ya que ha reclutado a nuevos triangulados, que no creerán tu versión de los hechos. Si eres su pareja, vives entre fantasmas de otras personas, que no estás imaginando, están, siempre están. Los/as psicópatas siempre tienen plan B/C/D…Z, y son más que planes, son hechos. Obviamente, en ese estado de duda constante, tu salud se deteriora, pierdes tu autoestima, y vives para complacer a tu pareja tratando de volver a la etapa del bombardeo amoroso. Si eres su hijo/a, querrás demostrarle que vales, que eres inteligente, que eres buena persona, porque toda tu vida te comparó con alguien más, muchas veces tu hermano/a, lo cual no solo es doloroso, sino que hace más difícil que puedan unir fuerzas contra tu progenitor/a.

Resumiendo, que una vez tu pareja te diga que se cruzó en la calle con alguien de su pasado, o que tu madre ocasionalmente te compare con tu prima diciéndote que ella aprendió a tejer y que tú podrías hacer lo mismo, no implican triangulación, son comentarios inoportunos, en especial si no son recurrentes. La triangulación es constante, deliberada y expuesta, pero finge ser ingenua, busca que muerdas la carnada, sufras, y si reaccionas con celos aún mejor, así el/la psicópata comienza a fabricar una imagen tuya de “posesivo/a” con la que te calumniará cuando te descarte. Si sospechas que te están triangulando, no actúes, no entres en el juego, solo observa, y dedícate a planear tu salida de esa relación, esa familia, ese grupo de amigos o ese trabajo. LA TRIANGULACIÓN ES ABUSO.

El refuerzo intermitente en las relaciones con psicópatas y narcisistas

¿Te sorprendió con una escapada de fin de semana después de varios días de castigo del silencio? ¿Te contó algo triste que le sucedió tras semanas de desvalorización? ¿Te dio un regalo costoso después de una rabieta explosiva o mostró preocupación tras horas de críticas? ¿Qué tienen todas estas acciones en común? En el contexto de una relación abusiva, son demostraciones de refuerzo intermitente, una táctica de manipulación peligrosa que se utiliza para mantener a la víctima pendiente de la aprobación y el “cariño” de la persona abusiva.

En 1956 psicólogo B.F. Skinner descubrió que el comportamiento de los mamíferos se veía influido por recompensas o castigos, pero que existía una forma específica de otorgar recompensas que podía hacer que esa conducta persistiera en el tiempo: el refuerzo intermitente, un programa de recompensas que no son previsibles, sino azarosas. Descubrió que las ratas de su laboratorio presionaban una palanca con alimento de manera más constante cuando no sabían si vendría el alimento como premio. En términos más simples, cuando sabemos que nos espera una recompensa luego de llevar a cabo una determinada acción, tendemos a trabajar menos duro por ella. Sin embargo, cuando el momento de la recompensa o la certeza de que lo obtendremos es impredecible, tendemos a repetir ese comportamiento con más entusiasmo, con la esperanza de obtener un buen resultado final. Este mismo fenómeno se observa claramente en el comportamiento en los jugadores compulsivos de todo tipo de juegos (tragamonedas, videojuegos) y es el mismo principio que aplican Facebook o Twitter, cuando no siempre muestran nuestras publicaciones, y de esa manera, al no obtener los “likes” de tus amigos de forma previsible, te mantienes subiendo material, lo cual es el negocio de estas empresas. El refuerzo intermitente también lo aplican hombres y mujeres de negocios como forma de mantener en ascuas a sus empleados para que rindan más. Lo que estas empresas y empresarios saben es que nuestro cuerpo libera mucha más dopamina cuando la recompensa es impredecible que cuando es segura. La dopamina es un neurotransmisor que además de intervenir en las funciones motoras de nuestro organismo, también nos da placer, de hecho, su falta, puede traer como consecuencia depresión y ansiedad, entre otros problemas de salud.En una relación con un narcisista o psicópata integrado el refuerzo intermitente, esta liberación masiva de dopamina, se alterna con castigos como el silencio, el desprecio, las críticas, la triangulación y el gaslighting (o luz de gas). Estos castigos hacen que tu cuerpo produzca adrenalina, noradrenalina y cortisol, las sustancias involucradas en la respuesta cuando estás en peligro y bajo estrés que si bien son necesarias cuando tienes que lidiar con una amenaza real, cuando permanecen en tu cuerpo por mucho tiempo, como cuando sufres abuso prolongado, no solo te hacen sentir emocionalmente cada vez peor sino que tu cuerpo comienza a tener todo tipo de síntomas de otras afecciones, por lo tanto, tu cerebro comienza a necesitar con desesperación la dopamina que el refuerzo intermitente de esa persona abusiva te da, en un intento de sobrevivir. Esta alternancia de ciclos de luna de miel y maltrato explica el por qué trabajamos más duro para mantener esa relación: deseamos desesperadamente volver a la fase de idealización que la persona abusadora nos procuró al comienzo de la relación para aliviar el mismo malestar que nos produce en la fase de devaluación.
Asimismo, los actos esporádicos de amabilidad de la persona abusiva no solo nos suben la dopamina, sino que nos hacen desconfiar de nuestros propios instintos acerca de la verdadera cara siniestra que muestran durante los momentos de maltrato. Al dar afecto, lástima o aliento de vez en cuando, ese comportamiento positivo esporádico se amplifica ante los ojos de sus víctimas que vuelven a confiar, y a tener esperanzas de que la persona abusiva pueda cambiar. Sin embargo, para todos los especialistas en el tema, está claro que éstas son estratagemas para seguir abusando, no son signos de redención. Estos períodos intermitentes de bondad están integrados en el ciclo de abuso como una forma manipular a las víctimas (hijos, cónyuges, empleados) para que permanezcan como suministro de sus caprichos. Recuerda que las personas abusivas pueden dañarte deliberadamente para luego venir a tu rescate y quedar como héroes o heroínas ante el mundo.

Por último, el refuerzo intermitente se usa para fortalecer lo que se conoce como vínculo traumático, un vínculo creado por la experiencia emocional intensa de la víctima que lucha por sobrevivir buscando erróneamente la validación del abusador. Los vínculos por trauma mantienen a las víctimas atadas a sus abusadores incluso durante actos de violencia psicológica o física, porque la víctima está disminuida, aislada y programada para confiar en el abusador a través del refuerzo intermitente, del lavado de cerebro y la luz de gas. Las víctimas fueron condicionadas a buscar en esas personas abusivas la medicina para el veneno que les inocularon sin que lo detectaran.

Para romper el vínculo traumático, es esencial que la víctima de abuso busque apoyo y obtenga un espacio seguro lejos de la persona abusiva, ya sea con contacto cero o con contacto mínimo en los casos en que existan hijos en común o un trabajo que momentáneamente no se pueda abandonar. La forma más poderosa de curarse de la incertidumbre creada a partir del refuerzo intermitente es comprender de una vez por todas que estamos tratando con una persona narcisista o psicópata, y que todavía hay mucho desconocimiento sobre el tema. Los sobrevivientes necesitan trabajar con un profesional que sepa sobre vínculos traumáticos con personalidades abusivas, que los ayude fehacientemente a reconocer el abuso, que les dé permiso para sentir la ira y la indignación que callaron por años, que les ayude a canalizar estas emociones tan fuertes, y que les recuerden que deben permanecer lejos de quienes gozaron con su abuso.

Autores: ShivaShakti

Carta a otros suministros

 

¿Lo has hecho? ¿Lo harías? ¿Sirve de algo advertir? ¿Has escrito el correo y luego lo borraste? Es una opción personal, lamentablemente, no tenemos la respuesta para esto.

Hola

No te voy a decir quien soy porque da lo mismo, porque ante los ojos de la persona con la que ahora crees haber encontrado EL AMOR , todos somos los mismos tontos a los que engañar, nadie vale nada. Ya sé que a esta altura pensarás que no estoy bien de la cabeza o que es otra carta envidiosa de tu gran historia de amor. No es así. Yo estuve ahí, sé quién es, qué hace, cómo juega con los que estuvo hasta rompernos. Estás en la etapa en la que todo lo que haces es fantástico, tienen mucho sexo, en todos lados, se ríe de tus bromas, te dice lo inteligente que eres, y por sobretodo te agradece que no seas como sus ex parejas, todas maníacas o bipolares. Eso es lo que te habrá hecho pensar de mí.. No me creerás entonces que está con otras personas. Lo sé, las conozco. Me las nombraba todo el tiempo, me decía que le coqueteaban, pero nada más. Pero te aseguro que fue mucho más que un coqueteo. Hice algo que no está bien pero necesitaba saber: vulneré la contraseña y entré a su ordenador. Pude comprobar que estaba en miles de sitios de citas, que tenía sexo y ciber sexo con muchas de las personas de sus perfiles, y guardaba mucha pornografía. No es lo que te vendió ¿Verdad?

Me costó mucho partir a pesar de tener semejante evidencia. ¿Sabes por qué? Porque esta relación me vació de auto-estima, me hizo dudar de todo, me hizo estar pendiente de su fingida valoración y atención. Pensarás que soy una persona débil y dependiente. No es así. He viajado mucho, tengo dos títulos universitarios, un buen ingreso, una familia bastante normal y buenos amigos. Sin embargo, luego de la etapa en la que me hizo creer que me amaba con locura y yo me sentía en el cielo, comenzó a molestarse por pequeñas cosas mías, se enojaba y me criticaba mucho, siempre en privado, en público se cuidaba de no hacerlo. No entendía por qué dejaba de hablarme por cosas tan triviales. Yo había tenido otras relaciones antes y jamás me había pasado algo así. Me esforcé por estar a “su altura”, traté de no enfadarle. Las cosas volvían a un curso normal por unos días pero luego me volvía a culpar de algo, sobretodo cuando le preguntaba sobre su obsesivo comportamiento con el teléfono, o sus escapadas nocturnas al ordenador. Me decía que era trabajo o insomnio. Y le creía. ¿Sabes por qué? Porque en ese momento no podía siquiera concebir que hubiera personas sin consciencia, ni remordimientos, yo debía ser la “persona patológica” que desconfiaba de todo. Así fui perdiendo mi valor y le permití cualquier cosa. Ante sus hijos era muy dominante, hasta te diría cruel, no les permitía nada, sin embargo, en casa gastaba dinero en ropa muy cara, bebida en abundancia, y aunque me decía que no, tenía un problema con la cocaína. Yo racionalizaba su comportamiento egoísta diciéndome que el día que asumiera que tenía una adicción se iba a recuperar y ser una persona capaz de amar. Me sentía en la obligación de comprender.

Sin embargo, por más que me esforzaba, nada cambió. Sospechaba que me engañaba sobre muchas cosas, no solo en lo sexual, aunque ese tema se estaba poniendo extremo. Quería probar cosas nuevas, sadomasoquismo, vídeos de orgías. Mi límite llegó cuando quiso que hiciéramos un intercambio swinger. Le dije que no, que yo quería una pareja monógama, que era lo que se había planteado en el principio de la relación. No me habló por un mes y durante esos treinta días llegó invariablemente a altas horas de la noche. Sorpresivamente, un día, me pidió perdón, me dijo que le gustaba mucho el sexo pero que me iba a respetar y ser fiel. Me sentí mejor, pero había algo en su mirada que no me tranquilizó, vi un abismo negro en sus ojos. Dos días más tarde me comentó que quería comenzar un negocio y que necesitaba dinero. Obviamente, yo debía prestarle. Por primera vez en dos años reaccioné, le recriminé a los gritos que me estaba usando. En minutos dio vuelta la situación y me convertí en “una persona egoísta, materialista y violenta”.  Al día siguiente conseguí que alguien me ayudara a sacar la clave de su ordenador y así fue como vi tus correos y los de muchas otras personas.

Luego de un mes de absoluto dolor y charlas interminables con amigos que me creyeron cuando vieron las fotografías que tomé de la pantalla (sé que otros no tienen esa suerte porque ni sus amigos creen que sus parejas puedan llegar a ser así de monstruosos), me fui a casa de mi hermana. Primero se enojó, me dijo cosas horribles por teléfono, pateó la puerta de la casa para que abriéramos, habló mal de mí a todos nuestros conocidos y me amenazó. Luego, como si nada, cambió de actitud, dejó de hablarme para siempre y te escogió a ti para exhibirte como su nueva pareja en los lugares que frecuentábamos como así también en las redes sociales. No, no lo cambiarás porque eres especial. Nadie logra cambiar a alguien que se cree por encima del resto de la humanidad. Solo te has convertido en el suministro que le viene bien en este momento. Necesita alguien oficial para lastimarme a mí, dar a su vida un aire de normalidad y al mismo tiempo triangular a las otras personas con las que mantiene relaciones. Sé que eres una buena persona, tus amigos dicen que quieres establecerte, formar una familia, por favor, no le creas, aléjate antes de que te sumerja en el infierno. No sabes lo que duele esto. Estoy en terapia, y me dicen que con el tiempo todo pasará, que voy a estar mejor. Pero por el momento, no puedo dejar de pensar en que todo fue una burla miserable de principio a fin, que se rió de mí, se reirá de ti y de todos. Deseo que puedas ver la verdad, deseo que puedas seguir con tu vida, pero temo que no me vas a creer. Es una pena que tú también tengas que pasar por esto.

Por favor, cuídate mucho.

El fin de psicópatas y narcisistas es vulnerar todos tus límites

Luego de la fase de bombardeo amoroso y de imitación en espejo, la acción del perverso narcisista sobre su víctima consistirá esencialmente en inhibir y controlar su pensamiento. Esta es la fase en la que alternará abuso encubierto (gaslighting, mentiras, tratamiento del silencio, críticas) con vueltas a la etapa de luna de miel. En la fase siguiente (la de descarte, sea sutil y lenta, o rápida y agresiva), le provocará sentimientos, actos y reacciones mediante mecanismos de provocación).

Si la víctima tiene suficientes defensas como para jugar al juego del sociópata impone una lucha perversa que sólo se terminará con la rendición de la víctima ya que es mentalmente extenuante. Es por eso que lo que se recomienda es cortar todo vínculo con ellos de forma inmediata y definitiva.

El perverso intenta que su víctima actúe contra él para poder acusarla de «malvada». Lo importante para él es que la víctima parezca responsable de lo que le ocurre. El agresor utiliza una debilidad de su víctima —una tendencia depresiva, histérica o enferma— para caricaturizarla y conseguir que ella misma se desacredite. Hacer caer al otro en el error permite criticarlo o rebajarlo, pero, sobre todo, se le proporciona una mala imagen de sí mismo y se refuerza su culpabilidad.

Cuando la víctima no controla suficientemente la situación, basta con cargar las tintas en la provocación y el desprecio para obtener una reacción que luego se le podrá reprochar. Por ejemplo, si su reacción es la ira, se procura que todo el mundo se dé cuenta de ese comportamiento agresivo, de tal modo que hasta a un espectador exterior se le pueda ocurrir llamar a la policía. Los perversos llegan incluso a incitar al otro al suicidio: «Pobrecita mía, no tienes nada que esperar de la vida, no entiendo cómo no has saltado todavía por la ventana». Después, al agresor no le cuesta nada presentarse como una víctima de una enferma mental.

Frente a alguien que lo paraliza todo, la víctima se siente acorralada y en la obligación de actuar. Pero, obstaculizada por el dominio al que está sometida, sólo puede hacerlo mediante un arranque violento en busca de su libertad. Un observador externo considerará como patológica cualquier acción impulsiva, sobre todo si es violenta. El que responde a la provocación aparece como el responsable de la crisis. Para el perverso, es culpable, y para los observadores externos, parece que sea el agresor. Lo que éstos no ven es que la víctima se encuentra acorralada en una posición en la que ya no puede respetar un modus vivendi que para ella es una trampa. Tropieza con un doble obstáculo y, haga lo que haga, no puede salirse con la suya. Si reacciona, aparece como la generadora del conflicto. Si no reacciona, permite que la destrucción mortífera continúe.

El perverso narcisista obtiene tanto más placer al atacar la debilidad de su víctima, o al desencadenar su violencia, cuanto que esto la conduce a autocondenarse y a no sentirse orgullosa de sí misma. A partir de una reacción puntual, se la etiqueta de alcohólica o de suicida. La víctima se siente desarmada e intenta justificarse como si fuera realmente culpable. El placer del perverso es doble: primero, cuando engaña o humilla a su víctima; y luego, cuando evoca delante de ella la humillación. La víctima, entonces, vuelve a caer en la trampa, mientras que el perverso narcisista aprovecha de nuevo la situación, preocupándose, sin confesarlo, de presentarse otra vez como víctima.

Puesto que no se ha llegado a decir nada y no se ha realizado tampoco ningún reproche, no es posible presentar ninguna justificación. Con el fin de encontrar una salida de esta situación imposible, la víctima puede caer en la tentación de comunicarse, ella también, mediante manipulaciones y guardando silencio sobre algunas cosas. La relación se vuelve entonces equívoca: ¿quién es el agresor y quién el agredido? Para el perverso, lo ideal es que se acabe identificando a su víctima como «malvada», de tal modo que esa malignidad se convierta en algo normal, que todo el mundo asume. El perverso intenta inyectar su propia maldad en su víctima. Corromper es su objetivo supremo. Y alcanza su máximo placer cuando consigue que su víctima se vuelva también destructora, o cuando logra que varios individuos se aniquilen entre sí.

Todos los perversos, ya sean psicópatas o narcisistas, intentan atraer a los demás hacia su propio registro para luego conducirlos a pervertir las reglas. Su fuerza de destrucción depende en gran medida de la propaganda que difunden para mostrar a los demás hasta qué punto su víctima es «malvada» y por qué resulta, por lo tanto, razonable llamarle la atención. A veces lo logran, y consiguen asimismo la colaboración de aliados a los que también manipulan mediante un discurso que se basa en la burla y en el desprecio de los valores morales.

Para un perverso, el mayor fracaso es el de no conseguir atraer a los demás al registro de la violencia. Por lo tanto, ésta es la única manera de atajar la propagación del proceso perverso.

Hay que llegar a la convicción de que es posible salir, que las heridas pueden quedar perfectamente restañadas. Una herida no es un destino. Y luego hay que caminar en la dirección adecuada.

Para que el maltrato acabe no basta con la interrupción de todo contacto, hace falta luego superar sus devastadores efectos como son la destrucción de la reputación y sus contactos para herirnos. Para superar la disonancia cognitiva y el dolor post abuso es preciso recuperar la confianza en sí mismo y salir en busca de personas sanas en las que podamos confiar. No es fácil, ciertamente. Pero es posible. Estas personas existen. En palabras de Boris Cyrulnik uno de los mayores expertos en recuperación de situaciones traumáticas: “Hay personas y asociaciones que desempeñan esta hermosa y tremenda tarea de curación, de salvamento físico y psicológico, de renacimiento moral. Hay personas y organizaciones que dedican su vida a tender la mano a quienes están en un profundo foso de dolor y de humillación. Llegan a ellos para hacerles vivir el poder de dar y recibir, de cuidar y ser cuidados”.

Cómo identificar a los psicópatas cotidianos por el Dr. Marietán

Transcribimos acá un reportaje al Dr. Marietán de Argentina. Aclaramos nuevamente que en este blog cuestionamos el término “complementario” que el Doctor utiliza para referirse a las víctimas porque muchas personas lo malinterpretan al presumir que la víctima es en gran parte culpable del abuso. En el resto del mundo científico se habla de personas que debido al lavado de cerebro del psicópata padecen síndrome de Estocolmo doméstico. Verán también que en el reportaje, Marietán asegura que la psicopatía es una forma de ser, no un trauma ni una enfermedad. En esto queremos ser cautos ya que la ciencia ha probado que no es una enfermedad de la que no son conscientes como así también que en muchos casos no hay traumas que expliquen su comportamiento pero sí han descubierto que a diferencia de las personas que no padecen este desorden, los psicópatas tienen una amigdala cerebral mucho más pequeña. Curiosamente las personas que se encuentran en el polo opuesto, los altruistas, tienen una amígdala mucho más grande que el común de la población. Habiendo aclarado esto les dejamos un reportaje sin desperdicios y muy esclarecedor.

¿A qué llamamos psicópata o psicópata cotidiano?

Un psicópata es una persona. Hago un alto acá. Porque varios de los damnificados por la relación con un psicópata no lo llaman “persona”, ni mucho menos. Por lo general se refieren a él como “el gran h de p”.No vamos hablar acá del psicópata exacerbado: el asesino serial, el violador secuencial ni el perverso intenso. Sino que hablamos del que he llamado “el psicópata cotidiano”: el que ejerce su psicopatía en la pareja, en la familia, en el lugar de trabajo, en el club. Aquel que muestran sus rasgos psicopáticos y no son señalados como asociales.

Pero, subjetividades aparte, es una persona. Con mayor precisión diremos que es una forma especial de personalidad. Una manera de ser en el mundo que se distingue del grueso de la población. ¿Por qué característica? Por tener necesidades especiales y cosificar a las otras personas.

Es propio de la naturaleza de los seres vivos tener necesidades: necesitar de lo externo para sobrevivir (nutrientes, resguardo, reproducción, y demás). Pero las necesidades comunes son consensuadas y comprensibles. Es decir, la inmensa mayoría las comparten: necesidad de alimento (y un modo de hacerlo), necesidad de los otros (por seguridad, por debilidad individual), y otras. Estas necesidades las entendemos (intelecto) y las comprendemos (empatía y vivencias similares). Son necesidades típicas, comunes.

Entonces, ¿qué sería una necesidad atípica? Preferir como alimento la carne humana (canibalismo) en un espacio y tiempo culturalmente inaceptado. La exacerbación del poder. Ejercitar el sexo (sexuar) con infantes o sin el consentimiento de la otra persona (violación), por poner sólo algunos ejemplos.

¿Y la cosificación?

Es quitarle la jerarquía, el valor de persona del otro y tratarla como una “cosa”, como algo que se usa y se tira, como algo sobre el que se permiten maniobras y manipulaciones que serían indignas en una persona.Sobre una cosa se puede hacer cualquier acción sin el displacer interno (culpa) por las consecuencias de esas acciones. Es un tipo de impunidad interior que tiene el psicópata. Un juez benevolente que prioriza las necesidades del propio psicópata por sobre las consecuencias negativas sobre las otras personas. “El fin justifica los medios”, anuncia este juez maquiavélico.

Y ésta es una de las claves para acercarnos, al menos un poco, a entender intelectualmente cómo funcionan estas personas especiales: tú, el que está con el psicópata, no eres tratado como un igual a él, sino como algo inferior, desechable, indigno, como una cosa.Grandes son los lamentos de los complementarios (los que conviven con psicópatas) al darse cuenta de que no son tratados como personas, ni como mujeres, ni, a veces, como meras hembras, sino que llegan a ser “casi nada” para el psicópata que ve en ellas solo la utilidad para sus fines y sus objetivos transitorios.

¿Cuántos son?

Está, más o menos, calculado, siendo optimistas, que los psicópatas son el 3% de la población. Sobre una base, en Argentina, de 40 millones, serían unos 900 mil.

¿Todos varones?

No. De esos 900 mil, la relación es de 3 hombres a 1 mujer. O sea que contamos con unas 300 mil psicópatas.

Rasgos

1) Los psicópatas trabajan siempre para sí mismos.

A veces fingen ser altruistas, generosos, desprendidos. No confundirse: están invirtiendo, en algún momento sacarán el jugo a esas relaciones y a esas dádivas. Hemos tenido las experiencias de políticos esforzados “por la patria”, “por la recuperación del ser nacional”, “por la patria grande”, “por los desposeídos”, todos objetivos muy gregarios pero, hilando fino, sólo estaban trabajando por cumplimentar sus necesidades especiales.

2) El psicópata no realiza acciones psicopáticas en el 100 % de sus conductas.

Esto confunde mucho a los comunes que creen que un psicópata deber mostrarse constantemente en conductas atípicas o asociales. No. Al contrario. La mayoría de esas conductas son adaptadas y sólo en un pequeño porcentaje se muestra como psicópatas y no con cualquiera sino que…

3) El psicópata muestra su psicopatía con el complementario (el que convive con él), con otro psicópata (cuando se asocian para lograr un objetivo —bandas de delincuentes, partidos políticos, empresarios—), y actúa sobre personas comunes (cuando las viola, las asalta, las estafa, etc.).

4) Es de difícil identificación

Por lo general, pasan desapercibidos. Algunos son gentiles, amables, tienen el “don de gente”, son seductores, hasta fascinantes (los hay también muy desagradables). Y ejercen su psicopatía solapadamente en ámbitos separados de sus lugares habituales.

5) Suelen ser bifrontes

Cual dios Juno, presentan dos caras: una frente a los complementarios y a su familia, y otra frente al resto de la sociedad. Suelen ser tiránicos, déspotas, agrios, callados con su familia y sociables, agradables y solícitos frente el resto de las personas. De tal forma que los “amigos” externos a la familia, no dan crédito cuando un complementario o un hijo de psicópata les cuenta cómo es el comportamiento dentro de la familia del psicópata.

6) Convencen

Suelen ser carismáticos y seductores. Convencen a los demás, a veces francamente los fascinan para que sigan sus proyectos o sus intereses. Las herramientas que usan son: una perspicacia especial para captar las necesidades y debilidades del otro, la capacidad de “expandir” la libertad en el reprimido, la mentira (son verdaderos artistas de la mentira), la coerción, la actuación (son actores natos).

7) Minan la autoestima del otro

Trabajan cual escultor tallando todos los valores del complementario hasta eliminar, muy de a poco, todos los valores que lo sustentan como persona (la dignidad), hasta convertirlo en un ser dependiente y demandante de los caprichos del psicópata (un esclavo).Esto es un “proceso”, nada agudo ni torpe. Se hace con lija fina, pero constante y sin pausa. Y la mayoría de la veces el complementario no es consciente de la profundidad de su deterioro como persona. Ante la alarma general de su familia de origen, de sus amigos, que le ponen sobre aviso del desastre, el complementario hace caso omiso de las advertencias y sigue obnubilado tras el mandato del psicópata quien, a sabiendas de esto, lo que hace es llevarlo a un…

8.) Aislamiento

El psicópata aísla al complementario y a toda su familia. Toda persona que puede interferir en su poder interno es descalificado, menospreciada (sutilmente, desde luego) hasta que el complementario “se da cuenta” de que esa persona es negativa para él. Así se va quedando sin amigos, primero, luego sin relación con los hermanos ni con sus padres, y su único sostén es… el psicópata.

9) Uso y abuso

Llegado a este punto, el complementario ya está preparada para el uso y abuso por parte del psicópata quien, ahora sí, muestra su cara más desagradable y tiránica, pero ya no tiene a nadie que lo pueda confrontar.

10) Un largo sueño

La relación psicópata–complementario hunde su anclaje en lo irracional. Nada lógico puede explicar esta unión. Sin embargo, es muy sólida y reincidente. La persona sometida a un psicópata parece sumida en un largo sueño, un vaho de irrealidad nubla todo lo relacionado con lo negativo de la relación. Aquí los argumentos de los ajenos al circuito psicopático chocan con una barrera incomprensible, puesta por el mismo complementario que se queja, pero daría su vida por seguir con el psicópata.

¿Cuándo un terapeuta puede incidir terapéuticamente sobre la psicopatía un psicópata?

Nunca.

¿Cómo tan categórico?

Muy sencillo. La psicopatía es una manera de ser. No es una enfermedad. Ni siquiera es algo adquirido por malos tratos infantiles, es decir, no es algo aprendido. Es así. La historia de este tema muestra ejemplos de todo tipo de terapias, y el resultado es el mismo. Siguen siendo lo que son.

¿Pueden modificar su conducta?

Sí, si eso los va a beneficiar en algo. Por ejemplo, si han cometido un delito y fueron encarcelados pueden actuar de “presos modelos” porque saben que eso les reduce la pena un 30 %. Pueden asistir a terapia porque el complementario, cuando es huésped y el psicópata es parásito, le exige que lo haga. En fin, cuando le conviene.

¿Cuándo el terapeuta puede asesorar al que funciona como complementario?

 

Cuando el complementario se agotó en la relación (el efecto del psicópata sobre el complementario es como el de un vampiro energético: chupa las ganas, el ánimo del complementario quien suele parecer un “anémico” por lo desgastado). Cuando el psicópata lo deja por otro. Pero, nada se puede hacer cuando el circuito psicopático está vigoroso y el complementario duerme el sueño de los esclavos.

Deconstruyendo a psicópatas y narcisistas: el fin de su gran relato.

Durante la relación, y aún luego, tu vida y tus pensamientos giraban en torno a él/ella porque te había programado a la manera de los perros de Pavlov para que respondieras a su conducta a la que no lograbas identificar como abuso.  En muchos blogs, incluyendo éste, se explican  las tácticas de control y manipulación que utilizan ya que el conocimiento real de la situación lejos de “hacerte pensar más”, te da respuestas que te tranquilizarán de que tú no eras la persona que estaba viendo visiones. Asimismo, hemos insistido, y lo seguiremos haciendo,  que el contacto cero es la clave para ganar seguridad personal y volver a sentirte bien. Sin embargo, hoy decidimos que sería interesante hacer un ejercicio de deconstrucción de este “gran relato” que psicópatas y narcisistas introducen en nuestro psiquismo. Nos pareció necesario porque hemos observado que muchos de nosotros todavía hablamos de ellos como si fueran imbatibles. Esto no es así, simplemente debemos cuestionar esta última mentira que nos han hecho creer.  Recuerda, el 100% de lo que dicen o de lo que muestran es MENTIRA.  Aquí una lista de por qué lo que parece jugarles a favor, los termina destruyendo.

Su sentido de grandiosidad: pobres o ricos, atractivos o feos, educados o no, invariablemente piensan que pueden controlar todas las situaciones y a todas las personas. No parecen ver que tienen una impulsividad descontrolada, que junto con su ceguera ante sus limitaciones, los lleva a cometer errores groseros.  Aún aquellos que llegaron a altos niveles sociales suelen terminar expuestos e incluso enjuiciados.  Piensan que el no tener emociones que entorpezcan sus elucubraciones es  un signo de poderío. Esta creencia es solo un auto engaño, su comportamiento es más parecido a un villano de caricatura que a un superhombre malvado. Es decir se piensan como el übermensch (superhombre) de Nietzsche pero son una patética imitación de Mojo jojo. (Si no sabes quién es Mojo jojo te recomendamos que busques algún episodio de “Las chicas superpoderosas”, probablemente coincidirás con lo que te decimos y te divertirás un rato). Recuerda, en algún momento de sus vidas caen, siempre caen de sus torres de ficción de manera vergonzosa. “Yo fui acosada sistemáticamente por un jefe que creía que debía “probar” a cada nueva empleada. Al comienzo tuve mucho miedo pero fui recabando información y confirmé que tenía una denuncia por violencia de género. Ni siquiera eso lo frenaba. Se creía impune porque nadie en la empresa decía nada. Sin embargo, hice una demanda legal. A partir de allí, se sumaron varias. La empresa fue demandada y él despedido. Pensó que jamás lo iban a agarrar”.

Su gran autoestima: los narcisistas pueden decir que tienen una alta autoestima, y su comportamiento fanfarrón podrían interpretarse como una señal de que así es, pero las evidencias que arrojan estudios por imagen como resonancias magnéticas demuestran lo contrario. Investigadores altamente entrenados en narcisismo  y psicopatía (Dr. Chester y colegas) han encontrado que tienen menos conectividad entre la corteza pre frontal medial y el núcleo estriado ventral  a la que describen  como evidencia de un “déficit interno en el sistema de auto recompensa”. En otras palabras, tienen dificultades para tener buenos pensamientos sobre sí mismos, lo que los empuja a buscar la afirmación en sus víctimas como un tipo de compensación por su déficit neuronal.  El testimonio de un sobreviviente lo ilustra claramente: “Ella vivía buscando llamar la atención de todos, todo el tiempo. Cuando hablaban de ella, aunque fuera negativamente, estaba extasiada. Si yo no le recordaba a menudo lo bella que era, se enojaba, se iba, y volvía cuando se le daba la gana. Ahora comprendo que en esos momentos buscaba atención en otros hombres.  El tiempo pasó, me recuperé, y cuando tengo recuerdos de esos momentos me rio pensando en que, sin haberlo sabido, tuve una relación con la madrastra de Blancanieves.”

Su falta de empatía: en este punto hay que tener extremo cuidado  porque el nuevo truco cuando le dices que no tiene en consideración los sentimientos de los demás es inventar que sufre de algún desorden dentro del espectro autista. Sí, así como lo oyes, se auto diagnostican para disimular su condición. Aclaremos lo siguiente, el Síndrome de Asperger bajo el cual intentan esconderse es una condición que hace que la persona no sepa leer gestos, entender ironías o dobles sentidos. Los que están diagnosticados con Asperger carecen de cierta empatía cognitiva pero no tienen mayores problemas con la empatía emocional, aman y sufren como cualquiera. Los psicópatas y narcisistas por el contrario tienen una gran empatía cognitiva con la que estudian cada gesto y estado de ánimo de los demás pero no tienen nada de empatía emocional. Entienden perfectamente lo que hacen, saben que está mal, que causan dolor y no les importa. Ten cuidado entonces porque ahora usan este truco para engañarte, y esto es una bajeza increíble porque no solo termina engañando a todo su entorno sino que agrega más prejuicios a los que ya existen sobre el autismo. Si quieres saber más sobre la diferencia entre empatía cognitiva y emocional puedes leer o ver los videos del Doctor Simon Baron-Cohen.

Su encanto y su capacidad de engaño: esto es así mientras no conozcas nada sobre el tema. Si ya experimentaste a alguno en tu vida o aprendiste sobre ellos, ya no te engañan, los ves venir a 40 kilómetros de distancia. Son obvios y repetitivos con sus técnicas. Una lectora nos comentó: “Hace unos años tuve una relación con un colega que resultó ser un psicópata. Afortunadamente, logré  salir de la relación airosa, con mucho dolor personal pero sin perder el trabajo, solo tuve que pedir un cambio de sucursal.  El año pasado, ingresó a nuestras oficinas una nueva empleada muy extrovertida y simpática. Salimos un par de veces. Me molestaba su  insistencia para que le contara cosas de mi vida pero lo tomé como interés. Sin embargo, mi intuición me decía que algo estaba mal. Un día le conté brevemente lo que me había sucedido con mi colega, cómo me había dado cuenta que era un psicópata, etc. Se mostró comprensiva al extremo pero yo sentí que había sido un error.  Curiosamente, a los pocos días me pidió que considerara una propuesta para asociarnos y abrirnos por nuestra cuenta. Sonaba interesante pero la realidad es que yo era la especialista en ese tema, no ella, y había que invertir bastante capital (ella solo se limitaba a poner una oficina que su familia tenía desocupada). Comencé a sospechar pero como yo no asociaba el tema de la psicopatía con las mujeres, terrible error, lo dejé pasar. De todas formas comenté mis dudas con otros compañeros.  Un día, durante un descanso me dijo –te has puesto una faldita muy linda ¿Es para que te mire Miguel?-. En ese momento todas las piezas cayeron en su sitio. Fue un auténtico dejà-vu. Mi ex pareja me decía exactamente lo mismo solo que en relación a él (pensaba que yo me desesperaba por seducirlo y complacerlo cuando en realidad yo siempre me vestí así). Ahora, esta colega se burlaba de mí creyendo conocer mis motivaciones, y como él, estaba cometiendo un grave error. Lo que era claro es que me había estado estudiando. A partir de entonces, investigué a fondo el proyecto, no para seguir adelante, sino para encontrar dónde estaba el engaño y cuando lo hice, avisé a mis colegas que iba a declinar la propuesta y les expliqué el porqué.  Luego de que rechacé el proyecto y dejé de sociabilizar con ella, mi colega psicópata esparció rumores en mi contra pero no le funcionó, los números son números y mis otros compañeros habían visto a las claras el interés último que ella tenía. Los sociópatas no son tan inteligentes después de todo, su pedantería y su narcisismo los ciega. Lo importante es que nosotros sepamos como defendernos de ellos y siempre seguir nuestra intuición.”

Su mirada hipnótica: Al comienzo de la relación puede parecerte así, pero más adelante solo tienes frente a ti, dos ojos de plástico que no te mueven a nada. Si todavía crees que te puede enredar con su mirada no mantengas contacto visual y tu lenguaje debe estar desprovisto de emocionalidad. Aquí tienes un ejemplo de cómo hacerlo sin temor. “Este compañero de universidad no me había dado demasiadas señales de que fuera un psicópata pero su mirada cuando se quedaba estudiando a algún compañero me daba escalofríos. Por lo demás era tranquilo, algo arrogante en ocasiones, pero no mucho más que los demás en esa facultad. Sin embargo, un día me empezó a buscar y comencé a tener los mismos síntomas que con mi ex narcisista: me atraía y me daba rechazo por igual. En ese instante tuve un momento de pánico pensando tenía que cambiarme de cátedra inmediatamente.  Sin embargo, respiré profundo, me tranquilicé y me dije que yo podía, que solo porque él estaba tratando de atraerme yo no tenía motivos para encontrarlo deseable. Era su juego, no el mío. No necesité evadirlo. Me puse una coraza invisible con el que me resultaba indiferente. Él lo notaba. Entonces redoblaba su bombardeo amoroso y yo seguía como si nada. Su seducción no le funcionaba. Se puso agresivo y mucho. Me gritaba por cualquier cosa. Cuanto más se descontrolaba y mostraba su verdadera identidad ante todos;  yo ganaba paz. Finalmente, se dio por vencido y buscó a una alumna de los primeros años. Durante todo ese semestre me odió pero entendió que si me seguía atacando el que quedaba en evidencia era él. Hace unas semanas  supe que fue despedido de la Universidad en la que estaba trabajando como ayudante de cátedra por acosar a una alumna que lo denunció. No puedo describir lo bien que me hizo saber que no estaba indefensa si algún otro psicópata me elegía como objetivo. Gané seguridad.”

El sexo con ellos es bueno: permítenos que te digamos una sola cosa “LOL”. Es un hecho que son muy promiscuos, pero promiscuidad no significa buena performance amatoria. En realidad lo que ellos hacen es hacerte creer que les despiertas un deseo fuera de lo común, y ese pensamiento es suficiente para que tú te sientas en medio de una historia de alto voltaje. El siguiente testimonio ilustra nuestro punto. “Cuando rompí con él (me harté de sus infidelidades y de prestarle dinero), lo extrañaba físicamente. No lo quería volver a ver en mi vida pero pensaba que nunca iba a sentir ese tipo de pasión con nadie.  Mi terapeuta me ayudó a desenmarañar ese supuesto. Revisé nuestra vida sexual. Había días en los que él lo quería hacer todo el tiempo, yo accedía para que no se tentara con otras pero no me apetecía tanto, es más, llegó a lastimarme. Cuando yo iniciaba la situación se negaba o lo posponía para que lo deseara más. Si lo hacíamos en lugares semi públicos (él estaba obsesionado con eso y con la pornografía), lejos de resultarme excitante me asustaba. Y lo que considero realmente bochornoso es que me costaba llegar al clímax cuando antes jamás había tenido problema con ese tema. Esto último lo atribuyo a que inconscientemente nunca me sentí segura con él, y que además, él no se esforzaba mucho por darme placer sino que estaba concentrado en el suyo. ¿Cómo entonces creía que había sido el mejor sexo de mi vida? Me había vendido espejitos de colores. Cuando tomé consciencia de eso, logré olvidarlo por completo.”

Son la maldad encarnada: en un sentido es así. Luego de cruzarte con uno de ellos entiendes el mal en su sentido más perverso y gratuito. El mundo deja de parecerte un lugar seguro y amigable. Debes encontrar un nuevo sentido a la idea del bien y el mal que será la tuya. Esto es así sin lugar a duda. Pero decir que son el demonio o nefilim como hemos visto en algunos blog es ir demasiado lejos, es caer en la superstición, es darles un poder que no tienen y es seguir enredando, tu ya cansada cabeza, con cosas que no explican nada. Si bien algunos de ellos coquetean con esas ideas y bromean diciendo que son “hijos de satanás”, recuerda que evocan esas imágenes arquetípicas o mitológicas para inducir temor. No hay nada sobrenatural en ellos. Tú puedes controlarlos, la sociedad puede frenarlos, las leyes pueden contenerlos. No dejes que te coman el coco. No son nada más que unos seres vacíos, llenos de un odio infinito hacia los demás, hacia ellos mismos. Creo que ya lo hemos mencionado alguna vez pero lo queremos recordar, un viejo monje dijo una vez que lo que el mal no soporta es que se rían de él, que le pierdan el miedo y el respeto.  Ya sabes lo que tienes que hacer.