El abuso sociopático y la violencia son dos caras de la misma moneda

Es una realidad que el tema de la psicopatía y el narcisismo ha comenzado a tratarse en los países de habla hispánica pero, en paralelo, han surgido opiniones que aseguran que el abuso de psicópatas y narcisistas no estaría incluido en el tema de violencia doméstica ni tampoco encuadraría en alguna definición de violencia. Aseguran que este tipo de maltrato es una dinámica psico-biológica de la que varias personas, además del abusador, serían parte. No te dejes engañar. Esto es una forma de excusar al abusador, culpar parcialmente a la víctima y desviar el tema de la agenda pública.

Primero que nada, recordemos que el espectro de desordenes de personalidad es amplio y se extiende desde  casos medianamente graves en los que el narcisista se dedica a parasitar y mentir a los que lo rodean hasta casos severos donde puede haber golpes o donde estos personajes abusan sexualmente de extraños o de sus propios hijos sin que los demás miembros de la familia, también captados por la narrativa del psicópata, sean capaces de verlo hasta que el perverso se aleja o muere (tal es el caso de Mackenzie Phillips, hija del integrante de la banda The Mamas and The Papas, John Phillips que obligó a la joven a mantener relaciones incestuosas durante 8 años. Recién cuando su padre murió, Mackenzie pudo hablar del abuso sexual. Varios de los miembros de su familia no le creyeron, comportándose como facilitadores post mortem, pero ella no se amedrentó y sigue trabajando por las víctimas de abuso paterno). Por lo tanto, si alguno de nosotros padeció el abuso de un jefe narcisista pero no fue golpeado, esto no quiere decir que el abuso psicopático no exista si lo comparamos con casos resonantes de violencia de género. Es más, la violencia de género no es una realidad separada de la psicopatía y el narcisismo: detrás de los golpeadores, e incluso de los homicidas, suele haber un altísimo porcentaje de desórdenes de personalidad tipo B. Lo podemos asegurar, lo indican los estudios científicos, lo hemos vivido también en carne propia, y cuando decimos “carne propia” lo hacemos en forma textual. Disociar el concepto de violencia del de psicopatía y narcisismo es la forma con la que los sociópatas piensan contratacar nuestra ganada consciencia sobre sus tácticas de abuso.

En estos días, un joven nadador estrella de la prestigiosa Universidad de Stanford llamado Brock Turner, fue sentenciado a SOLO 6 meses de prisión por haber violado a una joven que estaba inconsciente.  Aparentemente el juez dio lugar al descargo del joven que, en vez de pedir disculpas por lo que hizo, escribió una carta diciendo que lo que pasó (abuso sexual agravado) fue producto de la conducta proclive a las fiestas y al alcohol de los estudiantes norteamericanos (desplazamiento de culpa, una de las características de los sociópatas). Las organizaciones de género y la opinión pública están indignadas por esta condena ridículamente leve cuando en realidad le hubieran correspondido 14 años. Para seguir agregando dolor a la víctima, el padre del joven pidió públicamente clemencia para su hijo al que describió como un joven normal al cual se “le juzgaba duramente por 20 minutos de acción en una vida de 20 largos años de logros” (busca el caso, luego nos dices si la mirada fija de Brock Turner no te recuerda a la de alguien que conoces y si el padre no se comporta como el clásico “flying monkey” o facilitador). Afortunadamente en la gran mayoría de los medios de ese país se habla de su conducta como sociopática, como violencia de género (no hay contradicción entre los términos) y se protege a la víctima.

No nos dejemos confundir, muchas personas con características psicopáticas se encuentran en la política, en el periodismo y en la sociedad en general. Ellos están desconcertados ante la cantidad de información que se está haciendo pública y quieren frenar nuestra toma de consciencia porque si toda la sociedad está advertida ya no tendrán suministro que se involucre emocionalmente o laboralmente con ellos, que los vote, que los lean o les presten atención. Desde ya no creemos que el abuso psicopático se limite a la violencia de género pues alcanza a hombres que padecieron a cónyuges o madres psicópatas,  a instituciones religiosas y a todo tipo de empresas. En cada caso el abuso se expresará como una violencia diferente pero violencia al fin.  De todas formas, si quedan dudas de que el abuso emocional y la violencia psicológica son formas de violencia e incluso formas de violencia de género dejamos la resolución 48/104 de diciembre de 1993 de la Asamblea General de la ONU que dice:  “Por violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento FÍSICO, SEXUAL O PSICOLÓGICO para la mujer, así como las AMENAZAS DE TALES ACTOS, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

 

Insistimos que el abuso psicopático no queda restringido a la violencia de género pero ES UNA DE SUS MANIFESTACIONES (en la resolución recalcamos el aspecto psicológico y las amenazas de violencia ya que son las formas favoritas de abuso de todo psicópata o narcisista, pero no las únicas. Algunos psicópatas cruzan todas las fronteras). El abuso psicopático puede tomar la forma de abuso y acoso laboral, acoso escolar, violencia intrafamiliar, abuso y violencia infantil, abuso de autoridad pública o eclesiástica, etc.  Queremos también decirles a aquellos que ven el abuso como solo una dinámica disfuncional psico-biológica que aunque esto es parte del fenómeno, no es más que la punta de un iceberg de violencia. Además, ese argumento no se sostiene como forma de minimizar el impacto social que tiene, ya que hay otras cuestiones que son psico-biológicas (como por ejemplo cierto tipo de enfermedades como el asma o la diabetes) y que, no obstante, están en lo más alto de las prioridades del estado por su incidencia en la salud física y emocional de la población. El abuso psicopático y narcisista es un tema que afecta a más del 30% de la población mundial (se estima que ese es el número de personas que sufrieron el maltrato de sociópatas en alguna de sus formas) y que deja huellas tangibles como el síndrome de estrés postraumático que es muy incapacitante.  Trabajemos todos juntos para educar, prevenir y dar herramientas de recuperación a los sobrevivientes, como así también demandemos de nuestros legisladores y de los medios formadores de opinión que traten al tema con seriedad y lo coloquen como una de las prioridades del estado para frenar la violencia y la enfermedad que de ella deriva.

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El fin de psicópatas y narcisistas es vulnerar todos tus límites

Luego de la fase de bombardeo amoroso y de imitación en espejo, la acción del perverso narcisista sobre su víctima consistirá esencialmente en inhibir y controlar su pensamiento. Esta es la fase en la que alternará abuso encubierto (gaslighting, mentiras, tratamiento del silencio, críticas) con vueltas a la etapa de luna de miel. En la fase siguiente (la de descarte, sea sutil y lenta, o rápida y agresiva), le provocará sentimientos, actos y reacciones mediante mecanismos de provocación).

Si la víctima tiene suficientes defensas como para jugar al juego del sociópata impone una lucha perversa que sólo se terminará con la rendición de la víctima ya que es mentalmente extenuante. Es por eso que lo que se recomienda es cortar todo vínculo con ellos de forma inmediata y definitiva.

El perverso intenta que su víctima actúe contra él para poder acusarla de «malvada». Lo importante para él es que la víctima parezca responsable de lo que le ocurre. El agresor utiliza una debilidad de su víctima —una tendencia depresiva, histérica o enferma— para caricaturizarla y conseguir que ella misma se desacredite. Hacer caer al otro en el error permite criticarlo o rebajarlo, pero, sobre todo, se le proporciona una mala imagen de sí mismo y se refuerza su culpabilidad.

Cuando la víctima no controla suficientemente la situación, basta con cargar las tintas en la provocación y el desprecio para obtener una reacción que luego se le podrá reprochar. Por ejemplo, si su reacción es la ira, se procura que todo el mundo se dé cuenta de ese comportamiento agresivo, de tal modo que hasta a un espectador exterior se le pueda ocurrir llamar a la policía. Los perversos llegan incluso a incitar al otro al suicidio: «Pobrecita mía, no tienes nada que esperar de la vida, no entiendo cómo no has saltado todavía por la ventana». Después, al agresor no le cuesta nada presentarse como una víctima de una enferma mental.

Frente a alguien que lo paraliza todo, la víctima se siente acorralada y en la obligación de actuar. Pero, obstaculizada por el dominio al que está sometida, sólo puede hacerlo mediante un arranque violento en busca de su libertad. Un observador externo considerará como patológica cualquier acción impulsiva, sobre todo si es violenta. El que responde a la provocación aparece como el responsable de la crisis. Para el perverso, es culpable, y para los observadores externos, parece que sea el agresor. Lo que éstos no ven es que la víctima se encuentra acorralada en una posición en la que ya no puede respetar un modus vivendi que para ella es una trampa. Tropieza con un doble obstáculo y, haga lo que haga, no puede salirse con la suya. Si reacciona, aparece como la generadora del conflicto. Si no reacciona, permite que la destrucción mortífera continúe.

El perverso narcisista obtiene tanto más placer al atacar la debilidad de su víctima, o al desencadenar su violencia, cuanto que esto la conduce a autocondenarse y a no sentirse orgullosa de sí misma. A partir de una reacción puntual, se la etiqueta de alcohólica o de suicida. La víctima se siente desarmada e intenta justificarse como si fuera realmente culpable. El placer del perverso es doble: primero, cuando engaña o humilla a su víctima; y luego, cuando evoca delante de ella la humillación. La víctima, entonces, vuelve a caer en la trampa, mientras que el perverso narcisista aprovecha de nuevo la situación, preocupándose, sin confesarlo, de presentarse otra vez como víctima.

Puesto que no se ha llegado a decir nada y no se ha realizado tampoco ningún reproche, no es posible presentar ninguna justificación. Con el fin de encontrar una salida de esta situación imposible, la víctima puede caer en la tentación de comunicarse, ella también, mediante manipulaciones y guardando silencio sobre algunas cosas. La relación se vuelve entonces equívoca: ¿quién es el agresor y quién el agredido? Para el perverso, lo ideal es que se acabe identificando a su víctima como «malvada», de tal modo que esa malignidad se convierta en algo normal, que todo el mundo asume. El perverso intenta inyectar su propia maldad en su víctima. Corromper es su objetivo supremo. Y alcanza su máximo placer cuando consigue que su víctima se vuelva también destructora, o cuando logra que varios individuos se aniquilen entre sí.

Todos los perversos, ya sean psicópatas o narcisistas, intentan atraer a los demás hacia su propio registro para luego conducirlos a pervertir las reglas. Su fuerza de destrucción depende en gran medida de la propaganda que difunden para mostrar a los demás hasta qué punto su víctima es «malvada» y por qué resulta, por lo tanto, razonable llamarle la atención. A veces lo logran, y consiguen asimismo la colaboración de aliados a los que también manipulan mediante un discurso que se basa en la burla y en el desprecio de los valores morales.

Para un perverso, el mayor fracaso es el de no conseguir atraer a los demás al registro de la violencia. Por lo tanto, ésta es la única manera de atajar la propagación del proceso perverso.

Hay que llegar a la convicción de que es posible salir, que las heridas pueden quedar perfectamente restañadas. Una herida no es un destino. Y luego hay que caminar en la dirección adecuada.

Para que el maltrato acabe no basta con la interrupción de todo contacto, hace falta luego superar sus devastadores efectos como son la destrucción de la reputación y sus contactos para herirnos. Para superar la disonancia cognitiva y el dolor post abuso es preciso recuperar la confianza en sí mismo y salir en busca de personas sanas en las que podamos confiar. No es fácil, ciertamente. Pero es posible. Estas personas existen. En palabras de Boris Cyrulnik uno de los mayores expertos en recuperación de situaciones traumáticas: “Hay personas y asociaciones que desempeñan esta hermosa y tremenda tarea de curación, de salvamento físico y psicológico, de renacimiento moral. Hay personas y organizaciones que dedican su vida a tender la mano a quienes están en un profundo foso de dolor y de humillación. Llegan a ellos para hacerles vivir el poder de dar y recibir, de cuidar y ser cuidados”.

“Trauma y recuperación”, un libro indispensable para superar el abuso psicopático y narcisista

En su libro “Trauma y recuperación”,  Judith Herman presenta un modelo de recuperación para personas que necesitan superar experiencias abusivas y traumáticas en sus vidas. Nos demuestra con profusa evidencia clínica que los sobrevivientes suelen desarrollar “estrés postraumático” (generalmente aquellos que tuvieron experiencias muy terribles pero de corta duración como ser testigos de un crimen o sufrir un ataque sexual) o también  “estrés postraumático complejo” (en aquellos que vivieron en situaciones de abuso durante años como es el caso de hijos y parejas de psicópatas y narcisistas.)

Los síntomas de todos estos pacientes cuando llegan al consultorio varían y dependerán del tipo de trauma. No es necesario que estén todos presentes pero si tienes más de tres de los mencionados en la siguiente lista es probable que padezcas EPT y debas consultar a un especialista en situaciones traumáticas o abusivas.

Estado de alerta casi constante.

Dificultad para regular las emociones y los impulsos

Insensibilidad y letargo emocional

Hiperreactividad o ira.

Adicciones a sustancias para mitigar el dolor.

Adicciones conductuales con el mismo fin (sexo, juegos de azar, etc.)

Conductas auto agresivas

La disociación (no sentirse conectado con su propio cuerpo, quedarse en blanco, perder la noción del tiempo, tener amnesias temporarias, etc.)

Depresión y/o ataques de pánico.

Recuerdos intrusivos que no se logran controlar.

Pesadillas e insomnio.

La Dra. Herman divide el proceso de recuperación en tres etapas que el terapeuta deberá pautar: 1) el restablecimiento de la seguridad y un sentido de autoestima en la vida del paciente, 2) el  duelo y la revisión del pasado y 3) la reconexión con una nueva vida y con nuevos vínculos sanos.  Herman considera que no se puede ir directamente al análisis del trauma sin antes haber establecido una seguridad mínima en la vida del paciente (especialmente si su ex pareja o familiar es violento) y sin haber logrado un vínculo de confianza entre el paciente y el terapeuta.  El consultorio es un lugar de sanación al que describe como “un lugar privilegiado dedicado a la memoria, es el espacio en el que los sobrevivientes ganan la libertad de entender y contar sus historias.”  Para sanar es necesario poder poner en palabras lo que hasta ahora el paciente había manifestado como enfermedad: “El conflicto entre la necesidad de negar los eventos horribles y el deseo de proclamarlos a viva voz es la dialéctica central del trauma psicológico. Cuando la verdad es finalmente reconocida, los sobrevivientes pueden comenzar a sanar. Sin embargo, a menudo, el secreto prevalece y la historia del evento traumático sale a la superficie como síntoma en vez de como un relato organizado.” Herman añade también: “el abusador, para escapar de su responsabilidad, hará todo lo que esté en su poder para promover la confusión y el olvido en la víctima”. Muchos sobrevivientes dudan, tienen disonancia cognitiva y en ocasiones amnesias temporales pero también sufren pensamientos obsesivos que reproducen las memorias traumáticas: “las personas traumatizadas alternan entre el congelamiento de sus emociones y el revivir constante del abuso”.

Etapa uno

En esta etapa se trata de conseguir una ‘hoja de ruta’ del proceso de curación. Se establecen objetivos de tratamiento y  enfoques útiles para alcanzar esos objetivos. El establecimiento de la seguridad y la estabilidad emocional del paciente es la prioridad, se le enseña a aprovechar y desarrollar las propias fuerzas internas que creyó perdidas durante la relación con el/la psicópata o narcisista. Aprenderá a regular las propias emociones y a controlar los síntomas que causan su sufrimiento. Lo más importante para poder pasar a la etapa dos es establecer un genuino auto-cuidado. Por supuesto, no todo es siempre tan perfectamente ordenado y secuencial. Por ejemplo, durante la primera etapa puede ser necesario analizar el contenido de los recuerdos perturbadores que están impactando en la vida del sobreviviente. Esto puede ser imperioso para ayudar a manejar los pensamientos recurrentes, o para entender por qué este paciente sigue maltratándose con conductas adictivas o enganchándose a personas que reviven su trauma (por ejemplo, el psicópata convenció a la víctima que era inútil e indigna/o de amor y que está condenada/o  a una vida de abuso y dolor).

Dependiendo de la gravedad de los síntomas, la primera etapa del tratamiento también puede incluir abordar los problemas con alcohol o drogas, la depresión, los comportamientos alimentarios, la salud física, los ataques de pánico, y /o de disociación. El terapeuta puede indicar la interconsulta con un médico que le indique medicamentos para reducir la ansiedad y /o la depresión, por ejemplo, inhibidores de la recaptación serotoninérgica (ISRS), o referirlo a un especialista en terapia de comportamiento dialéctica (DBT), un tratamiento para las personas que tienen serios problemas para tolerar emociones muy dañinas.

Etapa dos

Después de establecer una base sólida de entendimiento y de seguridad entre terapeuta y paciente comenzarán los trabajos de la segunda fase. Esta etapa de recuperación y tratamiento implica remover los recuerdos más pesados  y pasar por  un duelo. Recién en esta etapa es cuando la doctora Herman recomienda unirse a algún grupo de sobrevivientes, siempre sin dejar de lado la terapia individual, por el riesgo que conlleva escuchar otras historias de abuso si no se está preparado.

El trabajo principal de la segunda fase consiste en la revisión de los recuerdos para disminuir su intensidad emocional y tratar de asignarles un significado para la construcción de una vida y una identidad saludables. En esta etapa es inevitable atravesar el dolor de las experiencias abusivas y hacer el duelo por lo que se perdió o por lo que nunca será (es en este momento en el que se hace evidente que los psicópatas y narcisistas no cambiarán y que nunca nos devolverán amor o respeto por lo que es conveniente mantener un contacto cero).

Uno de los enfoques de investigación que está siendo utilizado con éxito para el procesamiento de los recuerdos traumáticos de esta etapa es la terapia EMDR sobre la que ya hemos hablado en este blog. Este método puede transformar rápidamente los recuerdos traumáticos en no traumáticos  sin tener que profundizar en ellos exhaustivamente cuando se teme una descompensación del paciente.  Luego de este tratamiento y, sin los síntomas más crudos del estrés postraumáticos, el paciente podrá ir trabajando e integrando los recuerdos más traumáticos a su memoria en forma desapegada.

Etapa tres

La tercera etapa de recuperación se centra en volver a conectar con la gente, en desarrollar actividades significativas y en ganar valor personal. Herman da estrategias para volver a confiar en los demás, ejercicios para recuperar la autoestima y alienta a sus pacientes para que recuerden quiénes eran, que querían y que anhelaban antes de que sufrieran el abuso, haya durado éste un mes o diez años. Ella considera que estas relaciones abusivas quiebran la narración vital y la memoria de las víctimas que se encuentran con un agujero al que tienen que darle explicación y crear una trama de significación que se extienda hacia un futuro luminoso y esperanzador.

No es un libro de fácil lectura. Las situaciones traumáticas narradas por mujeres violadas o golpeadas por sus parejas, hijos de narcisistas, niños abusados, veteranos de guerra y demás son estremecedoras pero podemos asegurarte que si lo toleras, es el mejor libro para superar los síntomas del estrés postraumático, entender  el abuso, hacer el duelo  y finalmente recuperarse en forma definitiva. Afortunadamente está disponible en español y en versión papel o electrónica.

Contacto cero, contacto mínimo y síndrome de Estocolmo doméstico

El abuso narcisista o psicopático comienza con una etapa de bombardeo amoroso y de idealización de la persona elegida como suministro. Una vez que esta persona se enamora, o en el caso de un amigo, le brinda la incondicionalidad al psicópata, comienza un abuso lento y encubierto. En este proceso abusivo el sociópata utiliza recursos como: lavado de cerebro, invalidación de los dichos o logros del otro, gaslighting, amenazas veladas, triangulación con otras personas, aislación de la víctima de su entorno sano y una dinámica de alternancia entre maltrato (sutil o más obvio) y algo de la ilusión de la etapa de la luna de miel. La persona entra en un espiral de confusión, dolor, disociación y pérdida de valor como así también, si no se reacciona a tiempo al abuso, se puede dar lo que se llama una vinculación por trauma un fenómeno tan similar al Síndrome de Estocolmo que se lo denomina Síndrome de Estocolmo doméstico (busca la entrada del 2014 en este blog). Tal es así que podríamos tomar algunos de los consejos que se dan a aquellos que viven en zonas de conflicto para evitar la vinculación por trauma si terminan secuestrados. Cuando un activista que lucha contra una dictadura genocida cae preso ilegalmente sabe que: 1) aunque le saquen todo recuerdo de su familia o amigos debe mantener diálogos mentales con ellos para no sentir la aislación, 2) cuando los secuestradores alternen entre “secuestrador bueno” y “secuestrador malo” (en el caso de un narcisista o un psicópata ambos conviven en él/ella solo que aparecen alternadamente durante en la etapa de idealización y en la de devaluación) no debe bajo ningún concepto abrirse con el “amable”, llegando incluso a negarse a tener contacto visual con él; y 3) cuando les traten de lavar el cerebro con cosas como que sus compañeros lo traicionaron, no deben creerles sabiendo que es otra táctica para quebrarlos. De esta manera logran sostenerse enteros hasta que logren escapar o sean rescatados. Esto último es estadístico: los que se mantienen enteros y fieles a si mismos tienen más posibilidades de salir con vida del cautiverio.

Lamentablemente, desconocíamos que estas personas existían entre nosotros, considerábamos que este tipo de personaje manipulador y despiadado podía encontrarse en las altas esferas de la política o del delito pero no en la oficina, el club o en tu vecindario. Mucho menos estábamos al tanto de técnicas para no ser quebrados psicológicamente o emocionalmente. ¿Entonces como nos libramos definitivamente del abuso? ¿Cómo rompemos la vinculación por trauma? ¿Cómo aplacamos la disonancia cognitiva?
Primero que nada, aprendiendo sobre el tema. Si fuimos descartados brutalmente, si los abandonamos para mantener nuestra salud física y mental o si todavía estamos con esa persona debemos leer, buscar asesoramiento profesional y reunirnos con otros sobrevivientes para poder armar una estructura de defensa y recibir la validación de lo que nos sucedió. Aun luego de la ruptura, el psicópata tratará de negar todo el abuso que padecimos con la mentira y la calumnia. La validación de otros sobrevivientes y de los especialistas nos ayudará a sobrellevar los primeros momentos de la desvinculación con el sociópata.
Segundo, necesitamos no tener contacto alguno con nuestra ex pareja, amigo o colega. En las primeras etapas de la recuperación nuestros pensamientos todavía están dominados por la narrativa psicopática y los recuerdos de la etapa “alegre” en que nos imitaban en espejo se confunden con las desvalorizaciones y manipulaciones del final. Si permitimos que nos sigan confundiendo con argumentos falaces y tocando nuestros puntos débiles para que reaccionemos corremos riesgos de volver a ser captados por ellos. En paralelo, habrán comenzado a inventar mentiras sobre nosotros y, salvo que sean injurias que puedan poner en peligro tu trabajo o la tenencia de tus hijos, es mejor no contestar. Si algunas personas en común te traen rumores, evalúa si no es conveniente pedirle a esa persona que se abstenga de comentar cualquier cosa que involucra al maltratador/a. Además, es un hecho de manual que se exhibirán con una nueva persona a la que le demostrarán su “amor” desmedidamente para que nos castiguemos con pensamientos del tipo “tal vez él/ella tenía razón, yo era muy sensible y demandante, el problema era yo”. Esto que sigue debería ser un mantra: el problema no somos nosotros, el problema son ellos; no es una de nuestras ocurrencias, es un hecho científico. De más está decir, entonces, que el contacto cero incluye no solo el contacto físico sino también las redes sociales, el teléfono y las personas intermediarias. En algunos casos este contacto cero debe judicializarse a través de órdenes de restricción cuando hay riesgo de violencia física o acoso de cualquier tipo.
Sabemos que el “contacto cero” que acabamos de describir no siempre es factible. Muchos tenemos hijos en común con el/la narcisista; o son nuestros colegas y no podemos o queremos dejar nuestro puesto de trabajo por el momento; o son nuestra madre o padre y no concebimos la idea de irnos para siempre (aunque en algunos casos muy graves hay que hacerlo sin mirar atrás por más que sean nuestros progenitores). En muchos casos como estos no queda otra opción que un contacto mínimo. El contacto mínimo consiste en ver al abusador o abusadora lo justo y necesario, de ser posible con otras personas de nuestra confianza alrededor. Si son nuestros niños los que tienen que ver al sociópata, un especialista en familia deberá evaluar si las visitas deben ser supervisadas o no. Si el abuso se da en el ámbito laboral todo contacto o conversación debe ser con testigos o por escrito y si se llega a una demanda, es necesario dejar la mayor parte del contacto cara a cara en manos de abogados o representantes legales. Al contacto mínimo se le agregan algunas de las estrategias que ya hemos descrito en otro post de este blog conocidas como “método de piedra gris”. Ya que los narcisistas y psicópatas se aburren mortalmente de su vacío emocional suelen crear drama y conflicto para tener algún tipo de sensación. Con ese fin, triangulan a las personas, mienten, y tocan nuestros puntos débiles que tan bien estudiaron en el comienzo de la relación cuando “querían saber todo de nosotros porque nos encontraban fascinantes”. Obviamente están buscando que lloremos, reprochemos, nos angustiemos. Pues bien, si te muestras tan reactivo como un fósil del pleistoceno se aburrirán y buscarán acción dramática en otro lado. Muchos sobrevivientes nos dicen, con total acierto, que hay algunos psicópatas que se ponen muy violentos cuando sus suministros no reaccionan porque sienten que se les presta atención, la peor herida imaginable para un narcisista. Aun así te recomendamos no reaccionar, ya que si le acusas de mal comportamiento no le importará y terminarás revelando cosas que le pueden servir para lastimarte, por ejemplo si le dices “ya no te necesito, tengo otro empleo” ten por seguro que tratará de difamarte con tus nuevos compañeros. Con respecto a la violencia, si ésta escala, no tendrás otro camino que pedir una orden de restricción y llegar al contacto cero forzado.
Con el contacto cero o el contacto mínimo ya tienes medio camino de recuperación hecho. El resto de la ruta tendrá momentos de mejorías y de retrocesos, momentos en que creerás que has olvidado o perdonado y otros en los que la rabia será tu compañera. Tendrás personas que te comprenderán, otras que no tanto y algunas que serán seducidas por el narcisista para criticarte. Tendrás que compensar todo ese estrés con actividades placenteras y significativas. Será necesario también que busques ayuda en los momentos agobiantes o de dudas: psicólogos, médicos, abogados, clérigos, amigos, etc. Pero recuerda que todo esto último no tendrá éxito si ves a quien te dañó con cierta asiduidad. Sabemos que no quieres volver a estar preso/a de un captor mental y que quieres ser el/la feliz propietario/a de tu vida: mantiene el contacto cero o el contacto mínimo.

Niños y adolescentes psicópatas: consejos para padres y educadores.

Los rasgos psicopáticos no aparecen de un día para el otro en un individuo. Según investigaciones publicadas en “American Journal of Psychiatry” ya se pueden detectar características, bien con resonancias magnéticas o con pruebas de reacción al miedo, a los tres años de edad. Una de las expertas investigando el tema es Nathalie Fontaine de la Universidad de Indiana que trabaja con niños de entre 7 y 12 años de edad que no presentan sensibilidad ni remordimientos. Enfatiza la necesidad de que padres, docentes y psicólogos presten atención a las señales de alarma y que no lo confundan con otros desórdenes para poder hacer una intervención temprana y así lograr que no desarrollen el desorden. Fontaine, apoyada en los avances sobre neuroplastía, cree que la neurogenesis es posible y que ayudaría a torcer la tendencia biológica.

¿Cómo reconocer, entonces, las tendencias psicopáticas o narcisistas en niños cuando ya es bastante complicado hacerlo en adultos? Primero que nada queremos dejar en claro que los niños con estas tendencias no suelen nacer de padres psicópatas. El doctor Marietán hace hincapié en que los cónyuges de psicópatas o narcisistas deberían tranquilizarse ya que sus hijos no suelen heredar los síntomas. Por el contrario, si los niños pasan mucho tiempo con el padre o madre abusivo/a pueden imitar sus conductas como modo de supervivencia por lo que habría que estar atentos e intervenir a tiempo con un buen terapeuta. El caso opuesto también es cierto: muchos niños psicópatas nacen en familias que no presentan casos de individuos con desórdenes de personalidad en varias generaciones. Esto desorienta enormemente a los padres, educadores y psicopedagogos que tratan al niño a diario. No entienden el porqué de la mala conducta o la insensibilidad a las emociones de los demás niños.  Observan las mismas señales de alarma de los psicópatas adultos: la culpa la tienen los demás, mienten todo el tiempo con cara de póker, muestran un desbordado impulso sexual desde temprana edad, se divierten matando o maltratando animales y si se los sorprende en algo malo juegan a la víctima o tuercen los hechos.

A menudo el colegio culpa a los padres por “no ponerle límites”. Esto en general, no es así ya que los padres de estos niños son conscientes de que los castigos no funcionan, el niño es un temerario al que no le importan las consecuencias. Los padres les piden a los médicos o psicólogos que lleguen a un diagnóstico pero lamentablemente terminan considerando cualquier otro trastorno menos éste porque muy pocos profesionales conocen del tema. En una cosa están todos los adultos de acuerdo: el niño no se interesa por los demás, su mala conducta se basa en el placer que le provoca molestar a sus compañeros, familiares y docentes (no son travesuras de quien quiere llamar la atención o bromas de quien se siente inseguro) y se sienten por encima de cualquier norma o ley.

Los docentes deben de tener especial cuidado con estos niños o adolescentes. En primer lugar porque suelen culpar a otros niños de sus malas acciones y muchos terminan responsabilizando a las verdaderas víctimas por los actos del  psicópata.  Los púberes y adolescentes sociópatas son muy encantadores con quienes quieren serlo. Convencen con facilidad a los profesores de que él/ella no fueron los que cometieron la fechoría. En segundo lugar, si eres de esos maestros que tratan de ser ecuánimes y lo mantienes a raya es capaz de inventar cosas sobre ti para que pierdas el empleo.  Un joven de catorce años que ya había sido expulsado por mala conducta de dos colegios acusó a su maestra de malos tratos e insultos cuando comprobó que ya no podía seguir manoseando a sus compañeras a gusto. Esta docente había hablado con la directora del colegio porque las niñas se quejaban de que su compañero las toqueteaba y las tenía amenazadas.  El joven reclutó a otros dos compañeros de mala conducta. Aseguraron que la docente los maltrataba e insultaba. Luego de una investigación que se llevó a cabo mientras la profesora estaba con licencia psiquiátrica se concluyó que no había elementos que indicaran malos tratos por parte de la docente y que el joven, a pesar de su angelical rostro, se había propasado efectivamente con sus compañeras.

Si trabajas en un colegio y detectas algún caso sospechoso, habla con las autoridades y los psicopedagogos de la institución, pon distancia, no hables de más y no permitas que el/la estudiante hable a solas contigo. Si quiere tener una conversación contigo que lo haga en clase o en sala de profesores, frente a testigos. Hace unos años, en los Estados Unidos, una joven profesora de secundario fue acusada por un alumno de quince años de haber mantenido relaciones con él. La docente, casada, con un bebé, había intervenido en defensa de otro alumno víctima de este psicópata que solía hostigar a sus compañeros. Él joven le juró que lo iba a lamentar. A los pocos días la denunció como abusadora de menores. La mujer fue llevada a juicio. El joven declaró, sin que se le moviera un músculo de su rostro, que “habían tenido sexo infinidad de veces”. La defensa le preguntó si recordaba características físicas de la acusada. El muchacho describió el cuerpo promedio de una mujer de 26 años. El abogado le volvió a preguntar si estaba seguro de no recordar nada más. El joven aseguró que no. Fue entonces cuando el profesional le rogó a la acusada que se desabrochara la blusa. Para estupor de todos los presentes, la docente tenía una enorme y fea cicatriz producto de una operación cardíaca. No había forma de que el estudiante no la recordara. La mujer salió en libertad pero ya nada volvió a ser igual. Dejó la docencia y se mudó con su familia a otro estado.

Salvo en los casos en que el psicópata presente rasgos extremadamente violentos, generalmente los niños y jóvenes con estos desórdenes dejan de cometer actos agraviantes en forma abierta ya que se dan cuenta que de seguir así nadie les creerá y los evitaran. Ellos necesitan víctimas de quienes obtener beneficios. Descubren que manipulándolas y abusándolas emocionalmente logran más cosas que por medio de la violencia o el maltrato abierto. Es en ese momento que los padres y educadores se relajan pensando que el niño ha cambiado para bien. No es así, el cambio es para peor.

No sabemos si realmente se puede lograr detener en forma temprana el avance de la psicopatía pero sería francamente maravilloso intentarlo. Y aunque no funcionara al menos podremos ayudar a los padres a manejar la situación en vez de que sus hijos los manejen como marionetas, y proteger a los docentes para que no sean víctimas de las fabulaciones de estos psicópatas junior. Adrian Raine, director del Departamento de Criminología de la Universidad de Pensilvania asegura que se han visto progresos en niños muy pequeños con psicoterapia, la ingesta de suplementos de ácidos grasos omega 3 que juegan un rol importante en el desarrollo neuronal y con una disciplina que aliente los refuerzos positivos cuando hacen algo altruista ya que esto crearía vías neuronales que favorecen la sociabilidad. Desde acá deseamos fervientemente que este tema tenga la presencia académica y social que su gravedad merece, como así también que se encuentren tratamientos esperanzadores.

Sandra Brown sobre cómo detectarlos

Las personas peligrosas son una fuerza destructora y venenosa en la vida de una mujer, por lo que distinguirlos es fundamental. Uno de los mejores materiales informativos para reconocerlos está en el libro de Sandra Brown, How to Spot a Dangerous Man (“Cómo detectar a un Hombre Peligroso”) La autora habla de los hombres peligrosos, pero ya sabemos con creces que esto se aplica también a las mujeres peligrosas. A continuación, algunas citas útiles:
“Los hombres peligrosos existen en todas las formas y tamaños. Se escurren en nuestra vida pareciendo, al menos al principio, increíblemente normales. […] parecen gente tan suave y con tanta confianza en ellos mismos, tan aparentemente relajadas que uno simplemente está seguro de SABER que son gente saludable y buena”
“Pero demasiadas mujeres cuentan historias que comienzan con un “Yo no sabía que él fuera así. No reconocí las señales tempranas. Le creí… algo se nos debe estar escapando de la vista si millones de mujeres siguen terminando con hombres que podríamos calificar de peligrosos.”
“Tiene que haber alguna falla en el sistema personal de detección femenino. Sólo parece funcionar cuando observamos a las demás mujeres. Preguntamos en forma crédula: “¿Acaso ella no sabe que él le pega a las mujeres?… ¿qué tiene problemas con el alcohol?… ¿Qué tiene antecedentes?” […] Pero cuando nos toca a nosotras, nuestras antenas sufren un cortocircuito”
“Los hombres peligrosos siempre han vivido entre nosotros, y siempre lo harán. Empleo el término peligroso para describir a cualquier hombre que causa daño a la salud emocional, física, financiera, sexual o espiritual de su pareja.”
“… hombres que en nuestras vidas han o podrían haber causado un trauma emocional difícil de sanar en menos de meses o años.”
“Hemos crecido aprendiendo estrategias de defensa física, pero aparentemente ninguna en lo que se refiere a los ataques emocionales.”
Sandra Brown cita varios tipos o combinaciones de tipos, entre los cuales hallamos el siguiente:
“El depredador emocional: Este hombre patológico posee un sexto sentido acerca de las mujeres y sabe como actuar ante las heridas de una mujer. Si bien sus motivos pueden ser tomar a una mujer como presa por sus vulnerabilidades económicas o sexuales […], se lo denomina depredador “emocional” porque casa a sus víctimas tomando como blanco su vulnerabilidad emocional. Él puede sentir que una mujer fue recientemente abandonada, que se siente sola, o está necesitada emocional o sexualmente. Es un camaleón y puede convertirse en lo que sea que una mujer necesite que él sea. Conoce muy bien el lenguaje corporal y visual de las mujeres, así como el de los mensajes sutiles detrás de sus palabras. Puede darse cuenta de indicios acerca de la vida de una mujer y convertirse en lo que ella necesita en ese momento. “
“La mayoría de las mujeres no aprenden lo que es la patología. No saben cuáles son las señales y los síntomas de los hombres patológicos. […] no saben cuáles son las consecuencias de salir con un hombre así de enfermo. Presumen que un individuo con una patología clínica exhibiría algunas señales “obvias” de enfermedad mental o peligrosidad que todos podrían detectar. Sin embargo no siempre la patología es tan obvia, ni siquiera para un terapeuta.”
“Muchas mujeres que SÍ aprenden sobre esta patología parecen creer que ellas y sus parejas son la excepción a la regla… Eligen NO aceptar años de investigación psicológica. Se niegan a ver que su hombre tiene un trastorno muy adentrado en su personalidad y el cual no tiene cura. Dado que el hombre patológico nunca cambiará”
“Todos tenemos un sistema de estandartes rojos y alertas rojas que pueden actuar como un monitor interno personalizado…Este sistema de alerta roja es una mezcla de intuición, un sistema de respuestas sensoriales y un murmuro de advertencia espiritual.”
“Toda mujer se ha dado cuenta de cómo recibe por lo general sus banderas rojas y advertencias. Algunas mujeres experimentan verdaderas sensaciones físicas, otras notan síntomas mentales o emocionales, y otras lo sienten a nivel espiritual. Algunas mujeres reciben una combinación de estas. Cómo sienta estas advertencias no es tan importante como lo que haga con lo que siente…El peligro produce un cambio en sensaciones corporales a las cuales necesitamos prestar atención. Estas incluyen miedo y sudor, un nudo en el estómago, latidos fuertes en el corazón, la piel de gallina, o una sensación de malestar general que puede ser difícil de nombrar. Pero a veces nosotros los adultos ignoramos estas sensaciones [o las interpretamos como “amor” o “excitación” a causa de un condicionamiento inadaptado”
“¿Cómo está usted desde que conoció a esta persona? ¿Está equilibrada y con los pies en la tierra, o anda revoloteando sin rumbo emocionalmente? ¿Está ansiosa… preocupada… melancólica… confundida… siente un malestar general sin saber por qué?¿Tiene dificultad para dormir, comer concentrarse? ¿Sigue con sus actividades regulares o ha abandonado cosas por esa persona?”
“La vida sexual de un psicópata o un narcisista maligno es impersonal, trivial y pobremente integrada. Los psicópatas tienen varios grados de inclinaciones hacia prácticas sexuales inmaduras o pervertidas. El psicópata requiere de impulsos de una intensidad caprichosa para manifestar comportamientos inaceptables en el campo sexual. La repugnancia u otra fuerza inhibidora que prevendría a cualquier otra persona de tener tales impulsos es un factor que no se presenta en la las decisiones del psicópata.”

De “Como reconocer a un hombre peligroso” por Sandra Brown.
En varias entradas de este blog hemos descripto al detalle muchas conductas que los delatan, esas que no logramos ver con nuestros paradigmas mentales de personas con conciencia pero que nuestro cuerpo percibimos desde el primer momento. En la entrada “20 señales” o “Cómo evitar toparte con otro…” podrás complementar lo que Sandra Brown propone. No coincidimos con ella , sin embargo, cuando propone que muchas mujeres están porque les “gusta” la intensidad de la relación y que no quisieron detectar las señales a tiempo. Sandra Brown tiende a pasar por alto temas como el Síndrome de Estocolmo, la disonancia cognitiva, el gaslighting, la devaluación y la erosión identitaria. Si tomas simplemente el libro como un manual de detección temprana te servirá. La descripción que hace de la intuición como pilar fundamental de la prevención es excelente y es un tema (la intuición/gut feeling) que trataremos en breve. Si buscas formas de sanar emocionalmente luego del abuso, este libro podría resultar insuficiente.

http://www.amazon.com/How-Spot-Dangerous-Before-Involved/dp/0897934474/ref=sr_1_cc_1?s=aps&ie=UTF8&qid=1433852492&sr=1-1-catcorr&keywords=how+to+spot+a+dangerous+man

Monos voladores, narcisistas, facilitadores y psicópatas: un cuentito de terror.

Durante tu infancia es probable que hayas sido testigo  de comportamientos de grupo perversos. La escuela era el lugar propicio para ello. Dos o tres niños maltratadores, tenían en jaque al resto del curso. Un pequeño grupo prepotente sometía a una gran mayoría al silencio. Si elegían a alguien como víctima de sus burlas o agresiones, muy pocos intervenían para que dejaran de hostigar a su compañero ya que tenían temor a ser las nuevas víctimas. Algunos consolaban al abusado en secreto; otros evadían a la víctima y el resto directamente reía cuando los “bulles” así lo indicaban. Ocasionalmente aparecía algún compañero que los enfrentaba, generalmente un niño o niña con sana autoestima y una familia presente que también se involucraba cuando se daban cuenta de que había casos de abuso importantes. Luego creciste y confiaste en que este tipo de funcionamiento grupal enfermo que favorecía a los maltratadores estaba superado. “Después de todo somos todos adultos” pensaste. Y así lo hiciste hasta que tuviste tu encuentro con el narcisista o psicópata.

Cuando la relación con el abusador terminó, creíste que no podía hacerte más daño que el que ya habías recibido durante meses o años de abuso encubierto. Error. Mientras estabas en tu casa encerrada/o  tratando de encontrarle una lógica a lo que habías vivido, o pasabas horas con tu mejor amiga/o desahogándote, tu ex pareja ya había comenzado una campaña de rumores que en el mejor de los casos consistía en hacerte pasar por celoso/a y loco/a ante sus nuevas parejas  o que en el peor escenario involucraba una serie de mentiras destinadas a destruir tu imagen y tu persona ante tus colegas, familiares y oficiales de justicia con el fin de que perdieras tu trabajo y tus hijos.

Para lograr tu aniquilación simbólica (ver entrada “asesinato de la personalidad”) los sociópatas necesitan convencer a sus allegados de todo lo que dice y, a la manera de un virus que infecta a las células y las obliga a replicar su información genética viral, los hace rumorear lo que él/ella  quiere que digan sobre ti. Estas personas actúan como facilitadores de la conducta perversa del abusador y se los conoce con el nombre de “enablers” dentro de la academia y con el nombre más popular de “flying monkeys” entre los angloparlantes. El término mono volador proviene de la historia “El Mago de Oz”. En ella, la bruja mala utiliza un ejército de monos voladores para ser asistida cuando quiere impedir que Dorothy y sus amigos le arrebaten la escoba que tiene poderes mágicos. Con el tiempo la expresión monos voladores comenzó a utilizarse para nombrar a aquellas personas utilizadas por el narcisista o psicópata para infligir dolor adicional a sus victimas a través de campañas de calumnias, mentiras y rumores con la finalidad de desprestigiarla y anularla totalmente.

Los monos voladores pueden ser gente de su entorno que fue manipulada y cree en la mentira del abusador o gente que activamente los favorece y ayuda por intereses personales (laborales, herencias familiares, etc.)  En todos los casos se convierten en co-abusadores ya que aun aquellos que fueron engañados por el psicópata son responsables de sus decisiones. Cualquier persona bien intencionada tendría que escuchar los dos lados de una historia antes de tomar partido y no es lo habitual en los facilitadores. En su favor podríamos decir que es probable que el psicópata les haya advertido que no se acercaran a ti porque “no estabas del todo bien de la cabeza”. Tanto los facilitadores crédulos como los cínicos no parecen darse cuenta de que el psicópata o narcisista no dudará en usarlos como chivos expiatorios cuando las circunstancias cambien.

¿Qué es lo que hacen los monos voladores?

  • Actúan como fuentes de información para el sociópata. Esto es especialmente notorio en las familias y en el trabajo. Por ejemplo, si tienes un hermano narcisista y tu madre lo sigue viendo como una pobre víctima de las mujeres y de la sociedad, ella tratará de averiguar temas sensibles sobre ti para luego pasarle la información a él. O si en la oficina alguna de tus colegas mujeres, miembro del club de fans de tu jefe psicópata, trata de convertirse en tu mejor amiga, deberías ser cauto/a con los datos que le vas a brindar.
  • Transfieren culpa. Esto también es muy común en la familia o grupos de amigos. Si tu madre es la sociópata que quiere sabotearte todos tus sueños y tenerte de enfermera o mucama de por vida mientras ella se divierte con sus nuevas parejas puede suceder que cuando tú te alejes de ella y decidas mantener contacto cero repentinamente un tío abuelo tuyo te llame para hacerte sentir culpable por tu “negligencia y falta de cariño”. Desde ya la mayor parte de tu familia estará convencida que eres la/el villana/o de la película.
  • Esparcen rumores. Si las que tu ex llamaba amigas/os hacen comentarios de lo mal que lo trataste cuando rompieron (cuando en realidad fue tu pareja la que llegó a decirte que no valías nada); si sus estados de Facebook son alusiones a una supuesta persona celosa y loca (¡Bingo! Están hablando de ti), si en la oficina todos se callan repentinamente cuando llegas a donde están reunidos, no lo dudes, el narcisista ya reclutó a varios como ejército alado.
  • Te culpan de lo que ellos hicieron. El abusador necesita neutralizarte antes de que intentes exponerlo. Normalmente la suerte les sonríe ya que para cuando tú caes en la cuenta de lo que ha estado haciendo, tus amigos ya te estarán reprochando haberle sido infiel (cuando fue tu ex quien te engañó) y en el trabajo quienes hasta ayer te respetaban te acusarán por la pérdida de esa cuenta que en realidad tu colega psicópata tenía a cargo. Ellos cuentan con la desorientación inicial de la víctima. Lo saben y lo explotan.

¿Qué se debe hacer con los facilitadores?

  • Si son personas de tu familia o amigos no muy íntimos que tú sabes que no tienen malas intenciones, trata de explicarles brevemente tu situación y/o evitarlos por un tiempo. Podría suceder que se den cuenta de que estaban juzgándote mal. Si ese momento no llega y además te lastiman con sus comentarios, considera alejarte de ellos en forma permanente.
  • Si son sus nuevas conquistas, déjalas que hablen. El tiempo les hará ver que estaban equivocadas. En uno de los foros que hemos leído, una mujer relató que se sentía desesperada ya que la nueva novia de su ex psicópata la acosaba con comentarios denigrantes en la web. Decidió cerrar su cuenta, pero antes de hacerlo, tomó fotos de varios estados que la mona voladora subía (más que nada por si necesitaba hacerle una denuncia por cyber acoso) Diez meses más tarde, cuando supo que a la “señorita sabor del mes” le había sucedido lo mismo, le envió las fotos de sus estados por correo privado para que recordara el daño que le había causado. Puedes pensar que estuvo mal lo que hizo, o por el contrario, que estuvo bien. No es el punto. Lo que importa es entender que con estos vampiros emocionales las relaciones siempre terminan así y lo mejor que puedes hacer es no prestarles atención a quienes los apañan. “Ladran, Sancho. señal que cabalgamos”.
  • Cuando es un familiar cercano el que no puede ver el abuso de otro miembro hacía su persona y hacía ti, tienes que tener mucho tacto aun cuando te esté lastimando al tomar por ciertos los dichos del maltratador. Por ejemplo, si tu hijo piensa que su padre lo quiere aunque lo vea poco, no es conveniente insistir en abrirle los ojos a la fuerza, en hacerle ver el daño que les hace al no pasarte alimentos y gastar todo su dinero en mujeres y diversión. Sin embargo, tampoco deberías cubrirlo ya que te convertirías en otra facilitadora. Tienes que aprender a caminar sobre la cuerda floja, a evaluar que tanta información has de compartir con tu hijo. Busca ayuda profesional para que te guie. Asimismo, si tu hermano mayor no puede ver que tu hermana menor lo parasita, que manipula a toda la familia para sacarles dinero que gasta en juerga y drogas (la mayoría de quienes tienen desordenes de personalidad B suelen ser adictos a todo tipo de sustancias pero logran convencer a su entorno de que es solo algo ocasional) y, para colmo de males, te acusan de ser desafectada con ella, deberás explicarles una o dos veces (no más) tu opinión, aclarándoles que los amas pero que no puedes consentir esa dinámica familiar enferma. Trata de mantener un contacto mínimo hasta que realmente observes que se han dado cuenta de la situación.
  • Si son colegas que pueden poner en riesgo tu trabajo o cualquier familiar del psicópata que pretenda ayudarlo en obtener la tenencia de tus hijos, te recomendamos que actúes y no esperes a que las cosas se solucionen solas porque en estos casos tienen a agravarse con el paso del tiempo. Medita con calma y prudencia los pasos a seguir, contrata un abogado de familia o laboral dependiendo del caso y si no cuentas con el dinero acude a los centros de ayuda en casos de violencia doméstica o acoso laboral.

Por último, te diremos que es solo una etapa (compleja y dolorosa), que en un tiempo los facilitadores se darán cuenta de que fueron usados y tendrán que hacer su propio proceso de sanación o, en el caso que sigan ciegos, tendrán que soportar luego las consecuencias de hacer alianzas con personas altamente destructivas. Tú, mientras tanto, te habrás liberado de toda su inmundicia y estarás disfrutando una nueva vida en plenitud.

flying mokeys